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Papa Francisco: Dios, que es poderoso, no tiene miedo a la ternura

© Filippo MONTEFORTE / AFP
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Homilía hoy en la Domus Santa Marta

Cuando Jesús se acerca a nosotros, siempre abre las puertas y nos da esperanza. Lo dijo esta mañana el Papa Francisco, en la Misa en Casa Santa Marta. El Papa ha reafirmado que no debemos tener miedo del consuelo del Señor, sino que al contrario, debemos pedirlo y buscarlo. Un consuelo que nos hace sentir la ternura de Dios.
 
“Consolad, consolad a mi pueblo”. El Papa Francisco comenzó su homilía deteniéndose en un pasaje del Libro del Profeta Isaías, el Libro de la consolación de Israel. El Señor, observó, se acerca a su pueblo para consolarlo, “para darle paz”. Y este “trabajo de consolación” es tan fuerte que “rehace todas las cosas”. El Señor lleva a cabo una verdadera recreación:
 
“Recrea las cosas. Y la Iglesia no se cansa de decir de esta recreación es más maravillosa que la creación. El Señor recrea más maravillosamente. Y así visita a su pueblo: recreando, con esa potencia. Y el pueblo de Dios siempre tenía esta idea, este pensamiento, de que el Señor vendría a visitarlo. Recordemos las últimas palabras de José a sus hermanos: ‘Cuando el Señor os visite, llevaos con vosotros mis huesos’. El Señor visitará a su pueblo. Es la esperanza de Israel. Pero lo visitará con este consuelo”.
 
“Y el consuelo – prosiguió – es este volver a hacer todo no una vez, sino muchas veces, con el universo y también con nosotros”. Este “volver a hacer del Señor”, dijo el Papa, tiene dos dimensiones que es importante subrayar. “Cuando el Señor se acerca – afirmó – nos da esperanza; el Señor rehace con la esperanza; siempre abre una puerta. Siempre”. Cuando el Señor se nos acerca, volvió a afirmar. “no cierra las puertas, las abre”. El Señor “en su cercanía – añadió – nos da la esperanza, esta esperanza que es una verdadera fortaleza en la vida cristiana. Es una gracia, es un don”.
 
“Cuando un cristiano olvida la esperanza, o peor, pierde la esperanza, su vida no tiene sentido. Es como si su vida estuviese delante de un muro: nada. Pero el Señor nos consuela y nos hace de nuevo, con la esperanza, seguir adelante. Y también lo hace con una cercanía especial a cada uno, porque el Señor siempre consuela a su pueblo y nos consuela a cada uno de nosotros. Es bonito cómo el pasaje de hoy termina: ‘Como un pastor hace pacer a su rebaño, y con su brazo lo reúne, lleva a los corderillos en el pecho, y conduce dulcemente a las ovejas madres’. Esa imagen de llevar a los corderillos al pecho y de llevar dulcemente a las madres: esto es la ternura. El Señor nos consuela con ternura”.
 
Dios que es poderoso, prosiguió, "no tiene miedo de la ternura". "Él se hace ternura, se hace niño, se hace pequeño”. En el Evangelio, observó, Jesús mismo lo dice: “La voluntad del Padre es que ninguno de estos pequeños se pierda”. A los ojos del Señor, añadió, “cada uno de nosotros es muy, muy importante. Y Él se da con ternura”. Y así nos hace “ir adelante, dándonos esperanza”. Este, dijo también, “fue la principal tarea de Jesús” en los “40 días entre la Resurrección y la Ascensión: consolar a los discípulos; acercarse y consolarlos”.
 
“Acercarse y dar esperanza, acercarse con ternura. Pero pensemos en la ternura que tuvo con los apóstoles, con la Magdalena, con los de Emaús. Se acercaba con ternura: ‘Dame de comer’. Con Tomás: 'Pon tu dedo aquí'. Siempre es así el Señor. Así es el consuelo del Señor. Que el Señor nos de a todos nosotros la gracia de no tener miedo del consuelo del Señor, de ser abiertos: pedirlo, buscarlo, porque es un consuelo que nos dará esperanza y nos hará sentir la ternura de Dios Padre”.
 
Artículo publicado en la edición italiana de Radio Vaticano
 
 
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