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¿Todo lo que dice un Papa es infalible?

Inma Álvarez - publicado el 05/12/13

Lo que debe saber un católico cuando lee una noticia del Papa en un medio de comunicación

En esta era de la comunicación global, la Iglesia, tranquila maestra en comunicación durante dos milenios, advierte que el mundo le ha tomado la delantera: nunca como ahora el Papa se había convertido en objeto de observación. Su pasado, sus costumbres, los zapatos que usa, las personas a las que saluda, lo que dice y deja de decir, lo que come, lo que usa, su estado de salud, su agonía final y su sepultura… todo está expuesto a la opinión pública y escrutado por ésta como nunca antes había sucedido.

Este fenómeno causa a menudo conmoción en un pueblo cristiano que en apenas dos generaciones ha visto engrandecerse y al mismo tiempo “desacralizarse” una figura de la que antes sólo se conocían los pronunciamientos y discursos: del Papa ahora se sabe prácticamente todo, y por los medios de comunicación convencionales, es decir, tamizado por ojos de personas que pueden o no compartir la fe cristiana, pero que ciertamente filtrarán la información según criterios profesionales, no religiosos.

Si además, los últimos papas, conscientes de la importancia de las comunicaciones, se lanzan a la aldea global sin intermediarios, como lo hace el Papa Francisco al dejarse entrevistar por varios medios de comunicación, y el periodista interpreta y elabora en base a su propio criterio el material obtenido, la desorientación puede ser aún mayor. Es lo que sucedió con el caso de la entrevista concedida a Eugenio Scalfari y el diario italiano de izquierdas La Repubblica. Ante esta situación, por otro lado, inevitable si la Iglesia quiere estar en los medios de comunicación, los cristianos deben formarse aún mejor su criterio para discernir sobre la información que reciben, incluso sobre el Papa. No hay que olvidar que existe una obligación moral, y más en el caso de los cristianos, de informarse bien en la medida de lo posible, antes de formarse una opinión.

Sobre esta cuestión hemos entrevistado en Aleteia al padre Ramiro Pellitero, conocido profesor de Teología de la Universidad de Navarra, experto en eclesiología y teología pastoral y miembro de la Catholic Theological Society of America.

– La entrevista realizada por el periodista italiano Scalfari al Papa, publicada en el diario La Repubblica, ha sido objeto de polémica (pues algunas de las citas utilizadas por el periodista no se correspondían con expresiones textuales del Papa). Este caso muestra la delicada posición de un pontífice, cuyas palabras son seguidas por millones de personas. ¿Todo lo que dice un papa es infalible?

Es sabido que la entrevista a la que Vd. se refiere fue retirada de la web del Vaticano, al comprobarse que no recogía propiamente palabras del Papa, e incluso añadía algunas cuestiones de las que no había hablado. Como Vd. bien señala, hoy tenemos este nuevo fenómeno de la comunicación global e inmediata de las palabras de un Papa.

Respecto a su pregunta, debo decirle que, por supuesto, no todo lo que dice un Papa es infalible. Primero, infalible en absoluto solamente es Dios. La Iglesia participa de la infalibilidad divina en algunas condiciones, que son, según la Tradición de la Iglesia misma: las declaraciones de un Concilio ecuménico presidido por el Papa; la definición “ex cathedra” de un Papa, cuando proclama un nuevo dogma; las enseñanzas de los obispos en comunión con el Papa; lo que pertenece a la fe del pueblo de Dios (lo que se llama el “sentido de la fe” o el “sentido de los fieles”) en comunión con sus Pastores.

– Hemos pasado de una tradición milenaria de comunicación eclesial pausada y medida a una sobreexposición mediática de los Papas, que les hace cada vez más cercanos y, aunque sea redundante decirlo, más "humanos", menos "sacralizados" que en épocas pasadas. Sin embargo, esto no quiere decir que el Papa sea menos infalible en sus pronunciamientos. ¿Cómo hay que entender esta nueva situación?

En la respuesta anterior he evocado las condiciones en las que el Papa es infalible. Fuera de esas condiciones el Papa sigue siendo siempre el Obispo de Roma, sucesor de San Pedro, y todas sus enseñanzas deben ser escuchadas por los católicos con sumo respeto y consideración.

Las afirmaciones papales contenidas en documentos como encíclicas, exhortaciones, etc., tendrán más o menos valor doctrinal dependiendo de su relación con las verdades de la fe cristiana.

Un valor todavía más diferente tienen sus afirmaciones en libros o entrevistas, según su relación con doctrinas ya proclamadas por la Iglesia como tales. Pero en estos casos, como ya sucedió con Juan Pablo II y con Benedicto XVI, el Papa se somete a la crítica (sobre todo a una crítica sana y constructiva) de los expertos en las diversas materias, e incluso de cualquier persona razonable.

– Por ser lo más preciso posible en el caso que nos ocupa: las palabras del Papa en un medio de comunicación ¿son magisterio pontificio? 

Queda contestado con las respuestas anteriores. Lo que vengo diciendo no significa que lo que el Papa diga en ese medio no debe escucharse con especial respeto, particularmente por los católicos, y como referente moral reconocido cada vez más en cualquier parte.

Sobre todo, como ya he apuntado, habría que tener en cuenta lo que se denomina el “nexo de los misterios” y la “jerarquía de verdades”. Esto significa que todas las verdades de la fe o de la moral cristiana están relacionadas, pero no todas tienen el mismo peso, pues unas dependen de otras. Así que hay verdades más centrales (la existencia de Dios Uno y Trino, la divinidad de Cristo o el valor salvador de su pasión y muerte, etc.) y luego hay otras verdades que, sin dejar de serlo, son “segundas” respecto de las anteriores.

Además hay que distinguir entre lo sustancial e invariable de la fe, de la liturgia y de la vida cristianas, y las variadas expresiones que de ello pueden darse en diversas épocas y lugares.

– Quizás uno de los problemas sea la comprensión de lo que es la opinión pública dentro de la Iglesia, especialmente entre los propios cristianos. ¿Puede o debe existir una opinión pública? ¿Cuáles son los límites?

Especialmente desde la época del Concilio Vaticano II se viene hablando de la necesidad de una “opinión pública” dentro de la Iglesia. Si se entienden bien los términos de la cuestión, se trata de algo sano y conveniente, que tiene sus límites. Y los límites están en la revelación cristiana. Si algo pertenece claramente a la revelación y como tal ha sido declarado por la Iglesia, cabe seguir profundizando y desarrollando sus contenidos, pero solo en la misma línea.

– Si Juan Pablo II fue un papa televisivo, Benedicto XVI escribía libros y tuiteaba, el Papa Francisco podríamos decir que supera con creces las expectativas con su estilo libre y desenvuelto, además de su estilo pastoral tan comunicativo. Aunque no esté pronunciando una homilía o una catequesis, el Papa no deja de ser maestro en todos sus gestos y palabras. ¿Qué lugar tienen éstos en el magisterio papal?

En continuidad con lo que trato de explicar, a mi modo de ver, se trata (no podría ser otra cosa) de enseñanzas del Papa, encaminadas a transmitir la Palabra de Dios.

Como he dicho antes, habrá que discernir el género de cada intervención: es muy distinta una constitución de un Concilio que una encíclica, y a otro nivel se sitúan las homilías y las catequesis.

A más distancia aún están los libros, artículos o entrevistas realizados por el Papa como modos distintos, y ahora novedosos, de comunicar sus enseñanzas. Se trata de un nuevo género que tiene sus ventajas (llega a más personas y con más inmediatez) y algunos inconvenientes, como ya se va viendo. Al Papa en primer lugar, a quienes le ayudan en el gobierno pastoral de la Iglesia y a sus asesores en el ámbito de la comunicación corresponde ir valorando unos y otros, ventajas e inconvenientes, para elegir y actuar en cada caso del modo más adecuado.

– Acaba de publicarse el primer documento oficial del Papa Francisco. En él habla de "renovar las estructuras", de "conversión pastoral", incluso del propio papado, y de "no tener miedo de revisar las costumbres" que fueron útiles en otro tiempo pero que hoy pueden ya no ser las más adecuadas para la evangelización. ¿Debemos entender que esto incluye la comunicación?

Una exhortación apostólica como la “Evangelii gaudium”, especialmente si es después de un Sínodo universal, tiene un valor grande, igual o mayor que una encíclica, en el conjunto de las enseñanzas de un Papa; sin querer decir que tenga el mismo valor que los dogmas ya declarados por la Iglesia. Además esta exhortación tiene un sentido programático.

Las expresiones a las que Vd. se refiere son propuestas que el Papa presenta con toda su fuerza de pastor y maestro, aunque, insisto, tengan valores diferentes incluso dentro del mismo documento, según afecten a temas que pertenecen a los núcleos de la fe o de la vida cristiana.

Respecto al caso concreto de la comunicación, por lo que el Papa hace, primero, y luego por lo que dice, puede entenderse que también propone un cierto cambio de estilo.

En definitiva, se trata de un hablar combinado con el escuchar –el Papa escucha, y mucho–¬ para dar testimonio de la Tradición cristiana, y esta Tradición tiene muchos caminos. De esta manera, también se nos enseña el valor del testimonio, de vida y palabra, que hemos de dar todos los cristianos de nuestra fe, unida a la preocupación efectiva por los demás, sobre todo por los más pobres y necesitados.

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