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¿Cómo legislar sobre prostitución? El ejemplo francés

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29 août 13




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La Cámara baja aprueba una ley que penaliza a los clientes

Tras semanas de controversia, una mayoría de diputados (268 a favor y 138 en contra) de Francia aprobó este miércoles una ley contra el sistema de prostitución, una norma que penaliza a los clientes.
 
El texto se inspira en la ley de Suecia, donde el cliente de una prostituta se encuentra fuera de la ley desde 1999, lo cual habría reducido la prostitución en la calle a la mitad en diez años.
 
La ley francesa castigará la compra de servicios sexuales con una multa de 1.500 euros, acompañada o reemplazada por un “periodo de sensibilización con la lucha contra el mercado de actos sexuales”. Antes de entrar en vigor, el texto deberá ser examinado por el Senado, en los meses que quedan hasta final de junio.
 
Apoyado por la mayoría de socialistas, aunque sin llegar a la unanimidad entre ellos, la ley cuenta con la oposición de la mayoría de diputados de UMP, que critican la “posibilidad, para las extranjeras inmersas en un “proceso de salida”, de obtener un permiso de residencia de seis meses, eventualmente renovable, sin combatir en cambio las redes”, informa Le Parisien :  “Es un fantástico soplo de aire fresco para la inmigración clandestina”, declaró Jean Leonetti.
 
A la izquierda, continúa Le Parisien, los principales detractores se encuentran entre los ecologistas: “Esta ley confunde la cuestión de las redes y la cuestión de la venta del servicio sexual, pero no hay un verdadero debate”, señaló la copresidenta del grupo de los Verdes, Barbara Pompili.
 
Los ecologistas creen, igual que asociaciones como Médicos del Mundo, que la vigilancia de los clientes va a llevar a las prostitutas a la clandestinidad”.
 
Por su parte, la hermana Vivianne Wagner, comprometida desde hace once años con el Movimiento del Nido de ayuda a prostitutas, destacó a Radio Vaticano la importancia de las medidas de acompañamiento social para las mujeres que quieren salir de la prostitución.
 
La opinión de esta religiosa se añade a la de Pierre Hervé Grosjea, que considera “importante y justo” apoyar este texto. “Continuando interpelando las conciencias sobre leyes que no servirían al bien común (o apelando a los ciudadanos a oponerse), la Iglesia no puede más que alentar los proyectos que van en buena dirección, sea cual sea el Gobierno en el momento –declaró en Padreblog-. Lo que hay en juego es importante: servir al bien real de las personas, pero también apoyar iniciativas que protegen y reconocen la dignidad de toda persona humana”.
 
No resignarse al mal
 
Este proyecto de ley es alentador. Sostiene que la prostitución puede y debe ser abolida. Muchos responden que es imposible, que siempre ha habido prostitutas y siempre las habrá. ¿Entonces? Con este tipo de argumentos no se habrían emprendido muchas batallas que afectan al respeto del ser humano, como la abolición de la esclavitud o la lucha contra la droga.
 
La verdadera cuestión es saber si la prostitución es un bien o no. La respuesta está clara: no, ni para la persona prostituida ni para su cliente.
 
¿Hay que resignarse a que un hombre o una mujer sea reducido a vender su cuerpo a causa de dificultades personales, sociales o económicas, o porque esté bajo el control de mafias o de redes? ¿A someterse a esta humillación?
 
Sabemos que nadie puede vivir eso y salir indemne. La prostitución es una violencia contra las mujeres porque no respeta su dignidad. El mérito de esta ley es decirlo y grabarlo en mármol.
 
Del romanticismo a la realidad
 
Algunos dicen que esta ley sería “moralizante” y que privaría de su libertad a las prostitutas que consienten y actúan voluntariamente. Después de todo, ¿no es el oficio más antiguo del mundo? ¿Un oficio como cualquier otro? Algunos han llegado a reclamar patéticamente su “derecho a puta”. Estos argumentos son odiosos e insostenibles. ¿Un oficio como otro cualquiera? ¿Estos hombres se lo propondrían a su hija, a su madre o a su hermana? ¿Estarían satisfechos de saberlas prisioneras de un infierno así?
 
Esta ley tiene otro mérito: romper la imagen romántica de la prostitución. Las personas que luchan contra este flagelo saben que es una realidad vergonzosa, terrible y violenta. El 95% de las prostitutas son forzadas a venderse en las calles de Francia. Es una insoportable forma de esclavitud.
 
No hay nada de trivial en ir a ver a una prostituta. El cliente no puede eludir su responsabilidad e ignorar que se hace cómplice de la degradación humana.
 
En la inmensa mayoría de los casos, la persona prostituida nunca habría querido llegar hasta ahí. Realmente no consiente estas relaciones sexuales: se ve obligada a hacerlo por su miseria, su angustia o por redes que la atan. Tener relaciones con una mujer que se ve obligada a ello tiene un nombre: es una violación. Recurrir a una prostituta es sencillamente pagar el derecho a violar. Es usar el poder del dinero para poseer a una mujer. Es participar en una dramática inversión: hacer de alguien, algo. Para que los que han recurrido a estos comportamientos asuman su responsabilidad, esta ley envía un fuerte recordatorio.
 
La eficacia educativa de la ley
 
¿Será esta ley eficaz? Todavía lo ignoramos. Deberá acompañarse ciertamente de medios ambiciosos de lucha contra las redes mafiosas. Pero este proyecto de ley es muy necesario porque se convierte en símbolo: pone una referencia moral fuerte que todo el mundo puede entender. Es educativo al reafirmar que la prostitución es un mal y una violencia contra las mujeres.
 
Comparemos con la penalización del consumidor de cannabis (o de otras drogas): Esto no impide por desgracia completamente el tráfico; ni quiere decir que se meta en la cárcel a todo consumidor. Pero es educativo. Si mañana la droga fuera despenalizada, se enviaría una señal dramática a toda la sociedad: muchos la probarían, otros consumirían más. El uso sería normalizado, banalizado. La penalización no impide a las personas dependientes consumir pero preserva sin duda a algunos de llegar a serlo y a otros de probar. Lo mismo pasa con la prostitución. Saber que se corre ahora el riesgo de recibir una multa de 1.500 euros hará dudar, reflexionar o renunciar a algunos.
 
¿Por qué la Iglesia habla de ello?
 
Numerosas asociaciones –algunas de ellas cristianas- actúan con valentía para aportar apoyo humano y espiritual a las personas prostituidas. Están ahí para ayudar a las que quieren salir de la calle. Estas asociaciones hablan también  de lo insportable que sería tener una mirada resignada sobre la prostitución.
 
Lo que está en juego es la mercantilización de los cuerpos, contra la que la Iglesia siempre se ha pronunciado. El respeto a la persona humana pasa por ahí. Porque la mercantilización de los cuerpos, aun consentida, es una regresión cuyas primeras víctimas son los más pobres  y los más frágiles.
 
También de esto trata el útero de alquiler. Esperemos que el Gobierno tenga la misma valentía para oponerse definitivamente a esta otra deriva.
 
Curiosamente los argumentos son los mismos: algunos explicarán que estas mujeres lo consienten, que es un mal menor,… La realidad son las recientes “fábricas de bebés” desmanteladas en la India, son mujeres pobres explotadas nuevamente, es un cuerpo que se trata como un objeto para servir a otros. Y eso también es sencillamente inaceptable.

Actualmente, la prostitución es legal en Francia, pero una ley de 2003 vigente prohíbe la oferta de servicios, el proxenetismo y la venta de sexo por menores.

En el intento de combatir las redes de tráfico humano, la ley francesa aplicaría una multa de 1.500 euros (2.000 dólares) a quien solicitara los servicios de una prostituta. Al mismo tiempo, despenalizaría a las alrededor de 40.000 sexoservidoras que hay en el país y facilitaría a las extranjeras la permanencia en el país si entran en un programa para abandonar el oficio.

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