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Las doce estrellas

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Europa, que se negó a estampar la cruz en su bandera por ser un símbolo cristiano, acabó colocando en ella un símbolo mariano

La bandera de la Unión Europea (UE), establecida por el Tratado de Maastricht en la década de 1990, tiene doce estrellas doradas que forman un círculo sobre un fondo azul.

Esa bandera, que aparece en la cara de todos los billetes de euro, y las estrellas en todas las monedas, la creó el diseñador francés católico Arsène Heitz, que ganó el concurso para escoger el mejor símbolo de la Unión Europea. Heitz dijo que se había inspirado en la Medalla Milagrosa, que llevaba colgada al cuello.

El simbolismo de la bandera es una clara alusión a la devoción mariana, que atribuye a Nuestra Señora el pasaje del inicio del capítulo 12 del Apocalipsis: “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”.

El presidente del jurado era un juez belga que se había convertido al catolicismo y fue bastante sensible al número 12, que en la simbología bíblica representa la perfección: doce tribus de Israel, doce apóstoles, doce meses del año, etcétera.

¡Interesante e irónico! Europa, que cada vez más rechaza los valores cristianos, que se negó a estampar la cruz en su bandera por ser un símbolo cristiano, acabó colocando en ella un símbolo mariano, honrando así a la Madre de Jesús.

Ad Jesum per Mariam!” Se parece a la historia de aquel ateo que no conseguía rezar el Padrenuestro e intentó rezar el Ave María: claro que se convirtió; llegó, por María, a Jesús. ¡Camino seguro!

La Medalla Milagrosa que inspiró al diseñador francés, tiene su origen en la célebre aparición de la Virgen a Santa Catalina Labouré, siendo novicia de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en París el 27 de noviembre de 1830, hace precisamente 183 años.

La Virgen se le apareció sobre un gran globo, con los brazos extendidos y los dedos adornados con anillos que irradiaban luz, y rodeada por una frase que decía: “Oh, María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a vos”.

Y le dijo: “Haz acuñar una medalla en la que aparezca mi imagen como la ves ahora. Todos los que la usen recibirán grandes gracias”.

Y María le mostró cómo debía ser el reverso de la medalla: la letra M, monograma de María, con una cruz encima, los Corazones de Jesús y de su Madre, rodeado por una corona de doce estrellas.

La frase inscrita en la medalla sintetiza el mensaje que la Virgen reveló: su Inmaculada Concepción -que sería proclamada dogma de fe en 1854 por el papa Pío IX y ratificada en la aparición de Lourdes en 1858- y la mediación de la Madre de Dios junto a su Divino Hijo: María, Medianera inmaculada. Así tenemos a Nuestra Señora de las Gracias, de la Medalla Milagrosa.

Es interesante el hecho de que desde el principio el padre confesor de santa Catalina, Jean Marie Aladel, no acreditó lo que ella le contó, pero después de dos años de cuidadosa observación, se dirigió al arzobispo, que ordenó acuñar las medallas, que se extenderían por Europa y por todo el mundo, siendo vehículo de innumerables gracias de Dios.

El papa Pío XII llamó a santa Catalina Labouré la “santa del silencio”, pues guardó consigo hasta la muerte el secreto de esa aparición.

Artículo publicado originalmente en la web de la conferencia de obispos de Brasil.

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