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Conmoción ante la repentina muerte de Irene Vázquez

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Mujer del exministro Michavila, falleció tras dar a luz a su quinto hijo

El fallecimiento de Irene Vázquez ha conmocionado a toda la comunidad educativa de la Universidad Francisco Vitoria, de la que era profesora, y ha propiciado multitud de mensajes de cariño de amigos y conocidos. La revista Semana, en la que colaboraba, explica que “Irene Vázquez era vida en estado puro, siempre con nuevos proyectos en mente e ilusiones que contagiaba a su alrededor”.
 
Irene Vázquez estaba casada con el  exministro de Justicia José María Michavila, con quien tenía cinco hijos y del que solía hablar con pasión. Hace pocas semanas dio a luz y, a los pocos días, sufrió un derrame cerebral que la llevó a la Unidad de Cuidados Intensivos. Ahí ha permanecido varias semanas para tratar de recuperarse. El viernes falleció a primera hora de la tarde en Madrid.
 
En su último artículo publicado en LaSemana.es, casualidades del destino, hablaba de la muerte y del miedo que provocaba a Walt Disney. "Y pide a los suyos que nunca digan morir: We will never say die -gemía el coro entre un telón con la bandera desteñida-. Y decían decían decían el morir que no dirían. Y desperté sacudida por un Adán reincidente. Como todos. Que aprendemos fantásticamente a no decir morir y a bocaos la manzana otra vez".
 
Alvaro Abellán, profesor y compañero de la Universidad, en su blog “dialogicalcreativity”, explica que “Salvador (su director de tesis) y José (su marido), querían que tuviera listo el borrador de su investigación el 22 de noviembre de 2013, coincidiendo con el 50 aniversario de C.S. Lewis. Ese día los médicos certificaron la muerte de Irene. El borrador de la tesis ha quedado inconcluso; sin embargo, su exploración personal ha llegado a la cumbre. Supo vivir y contagiar lo que intuyó antes de escribirlo”.
 
El poeta Enrique García-Maiquez también le muestra su cariño: “La primera reacción es de rabia, pero la rabia no va con ella. Lo suyo era y ha de seguir siendo la dulzura, la alegría, la luz y la inteligencia. Su paso, aunque leve, ha sido profundo, y sus cinco hijos son un tesoro de vida que deja. Su belleza -consolémonos como los clásicos- no la ha rozado el tiempo. Y su carrera universitaria e intelectual, sin que nos percatásemos, ya había llegado a su plenitud: su sonrisa, su interés, su generosidad, también su fe, son una muestra de que hizo la lectura más completa y mejor que hacerse pueda de Lewis”.
 
Guadalupe de la Vallina, en Adicciones compara su luz con la de las luciérnagas: ”Hay personas que, al morir, me recuerdan a las luciérnagas. Durante su vida comparten los días con quienes tengan cerca aunque la gloria no parece estar entre sus prioridades. Pero cuando todo se apaga y quienes las conocimos nos quedamos mudos y apartamos la mirada por no tener qué responder a la nada, ellas brillan, contra toda lógica. Se ilumina una vida llena de grandeza que ellas estaban demasiado ocupadas en vivir como para publicitarla. Se ilumina una vida que nos permite mirar a la muerte”.
 
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