¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete a nuestra newsletter

Recibe Aleteia gratis directamente por email
Aleteia

Chile: las obligaciones de Bachelet

Comparte

Hereda un país económicamente fuerte, pero con mucha diferencia entre ricos y pobres

El resultado de las elecciones chilenas casi garantizan que Bachelet será la futura presidenta. Aunque sus predicciones de ganar en la primera vuelta no se han cumplido y la candidata de centro derecha ha obtenido un resultado muy superior al que se le esperaba, visto el recuento final no es arriesgarse demasiado si formulo aquella predicción. Sin embargo, alcanzar el gobierno, y todavía más hoy en unos tiempos marcados por la inestabilidad, solo es una condición necesaria, pero ni mucho menos suficiente.
 
Bachelet ha de demostrar que puede hacer un gobierno tan bueno como mínimo como el de Piñera. Este presidente, más por razones de forma que de fondo, no saldrá con los méritos que se merece, porque hay que decir que su gestión en el terreno económico ha sido realmente muy buena. Se puede decir y con razón que no ha corregido lo que es la principal debilidad chilena: la desigualdad extrema que caracteriza todo su crecimiento económico, una deficiente redistribución de la renta.

Pero también hay que advertir que esta característica tampoco la han modificado los distintos gobiernos de la concertación, de la cual Bachelet forma parte y, no lo olvidemos, con un papel tan determinante como el de haber sido ya presidenta durante el correspondiente e improrrogable mandato de cuatro años. Por consiguiente, la desigualdad no es una característica que se pueda atribuir exclusivamente al centro derecha sino todavía en mayor medida en la gestión del centro izquierda, que es quien realmente ha gobernado desde el fin de Pinochet.
 
El modelo chileno tiene una virtud, su estabilidad y capacidad de crecimiento, y un inconveniente, el ya apuntado de la extrema desigualdad. La cuestión es cómo mejorar este segundo aspecto y mantener dentro de unos límites razonables la buena marcha de la economía. Y aquí empiezan los deberes de Bachelet, que en este caso son fáciles de cuantificar para establecer cuáles son sus obligaciones. En primer lugar, el crecimiento anual de su producto interior bruto no puede descender significativamente del 5%, porque esto sería alterar de una manera sustancial la trayectoria de los últimos años. Es evidente que conseguir este objetivo no depende solo de su gestión, sino del contexto económico internacional. Pero, escudarse solo en este último aspecto significa proclamar la impotencia, es decir la indiferencia de quien gobierne, porque en definitiva el logro económico estaría en manos absolutamente de lo que pase fuera. Como esta no es mi posición, creo que siempre hay márgenes atribuibles al gobierno de cada estado para empeorar o mejorar. La cuestión está planteada en los términos más arriba apuntados: la excelencia de la gestión de la candidata del centro izquierda dependerá en primer lugar de aquel logro.

Y, ligado a aquel, otro segundo decisivo, que es el de la inflación. Chile ha tenido en la apertura comercial uno de los pilares de su política económica desde mediados de los años setenta, durante la dictadura de Pinochet. Es un mercado absolutamente abierto al exterior y, en este sentido, la inflación constituye un factor determinante porque multiplica su efecto en la competitividad de sus exportaciones y en la estabilidad de los precios internos. Piñera abandonará la presidencia con un registro de inflación del 2,6%, que si lo relacionamos con el aumento del PIB veremos que es una cifra óptima, muy cercana al mágico y mítico 2% de inflación, que se considera la buena velocidad de crucero, ni demasiado poca ni mucha.
 
El tercer elemento es el paro. Chile presenta unas cifras que se sitúan un poco por encima del 7%, cercano por consiguiente al pleno empleo, y esto realmente es muy bueno porque la primera condición para que un país funcione bien es que todo el mundo en edad de trabajar realmente tenga la posibilidad de hacerlo. Después viene la segunda condición, claro está, la de disfrutar de un salario adecuado, pero sin la primera la segunda es imposible. Por eso Chile ahora puede dar un salto, a no ser que el motor económico se le gripe.

En este sentido, la reforma fiscal que ha anunciado Bachelet es muy importante, primero porque puede dar lugar a una reducción de la desigualdad, pero segundo porque si no está bien enfocada puede alterar el buen planteamiento económico. No conozco en detalle cuales son sus objetivos ni criterios, aunque sí sé que un pivote central es el aumento de impuestos a las empresas del 20 al 25%. Si de esta cuestión depende la futura mejora de la capacidad fiscal de Chile creo que puede haber un error. Precisamente, donde menos se debe actuar es sobre la actividad directamente productiva, las empresas, y ha de ser en los ingresos reales donde se produzca la profunda modificación que Chile sin duda necesita.
 
Bachelet, para cumplir sus compromisos con la gratuidad de la enseñanza, necesita mejorar sustancialmente los ingresos, y esto no parece cuadrar demasiado con las previsiones que existen. Pero, en todo caso, mucho mejor que lo que pueda conocer yo lo sabe su equipo y ella misma, y por lo tanto si ha asumido este compromiso es que sabe que lo puede cumplir. Corresponderá como es lógico a los chilenos el último juicio.

¿El riesgo de todo esto cuál es?: que sus grandes promesas, como las que en su momento hizo Obama, tengan grandes dificultades para implementarse, porque la política es una cuestión no solo de grandes ideas sino sobre todo después de gestión práctica. A partir de ahí, lo que podría producirse sería un corrimiento hacia el modelo Zapatero. Este presidente español fue un desastre de proporciones cósmicas: negó la evidencia de la crisis, después la gestionó mal y finalmente hundió al país. Pero, mientras tanto, basó su "genialidad" política en una agenda muy particular, la del matrimonio homosexual, el aborto y, como envolvente de todo esto, la ideología de género.

Bachelet puede estar tentada de acudir a esta vía si sus dificultades crecen, por eso es bueno recordar desde el principio que si resulta finalmente elegida no lo será en razón de este tipo de cuestiones, las del zapaterismo, sino por la esperanza que ha generado de construir un Chile que sigue avanzando por la senda del progreso económico pero con una superior justicia social.
 
Artículo originalmente publicado por Forum Libertas
 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.