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El rock cristiano, más de 40 años en la brecha

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Hay más de 200 bandas en todo el mundo fieles a Cristo en el compás 4×4

“¿Por qué el diablo debe tener la mejor música?”, cantó mil veces en sus conciertos Larry Norman (1947- 2008). Había encontrado a Cristo que “alejaba y entendía” sus lamentos. Larry amaba una música que daba velocidad a sus pies: era la que marcaba el compás 4×4 del rock and roll.

En sus primeras composiciones de los 50 destacaba ya que lo que cantaba Elvis hundía sus raíces en la música negra del gospel y blues, con marcada personalidad religiosa en la primera y con una corriente de autores en la misma onda en la segunda. Pero todo fue sepultado por la industria que olisqueó un negocio redondo en el rock and roll que arrastraría a toda la juventud, porque abría la moral pacata de la época y la supeditaría al ejercicio de la libertad individual. La revolución sexual se iba instalando y pronto llegaría la apertura a otros modos de relacionarse con uno mismo y con el entorno con la eclosión de las drogas y con el intento del “power flower” por establecer una nueva organización social en comunas.

"A-wop-bop-a-loo-bop-a-wop-bam-boom" cristiano

Salvo en sus inicios marcadamente cristianos, U2 fue abriéndose a principios de los 70 a planteamientos más eclécticos. El rock cristiano no contaba para las multinacionales y tendría que llegar 1992 para que EMI incluyera en su catálogo el metalcore de Jeremy Camp y atisbara un mercado para consumidores creyentes. No podían hacer la vista gorda al aumentar las bandas espirituales que ya empezarían su ascensión hasta llegar a más de 200, repartidas por los cinco continentes haciendo heavy metal, rap, hip hop o punk.

Aquello se gestaría lentamente en los 70, de los cuales el más famoso fue el grupo PETRA, con canciones como Why should the Father bother? Pero no todo fue olvido por parte de los estudios. Muchos predicadores, escritores y medios de comunicación cristianos alertaban sobre la “depravación de aquellos ritmos procaces” y de consecuencias límites. Es verdad que la historia del rock está engarzada de muertes y de excesos de drogas, alcohol y “destrucción de habitaciones de hoteles”, como diría, tras su conversión, el cantante Alice Cooper, quien subrayaba que ser cristiano era “la rebelión de verdad”.

Esa revolución-conversión la experimentaron también muchos de los pioneros del rock and roll como Little Richard en su genial grito de guerra (ninguna lengua es comparable al inglés como idioma natural del rock) que abre este epígrafe. Tras adicciones múltiples, cortaría con ellas para ejercer de pastor en su iglesia. Otros muchos bluesman, como Son House, Skip James. Reverend Gary Davis y Blind Willie Johnson,  seguirían ese camino después de experimentar que la consecución de un éxtasis pasajero era el refrendo de una mala autopista para buscar la felicida.

Y llegó la eclosión

Tras el profeta Larry Norman, que arrebató al Diablo esa música maravillosa para dar Gloria a Dios, los noventa fue el momento de eclosión de grupos y cantantes. Creed (Credo, en español), liderada por Sott Stapp, se introdujo por méritos propios en el circuito comercial gracias a su rock alternativo. Asimismo, los californianos P.O.D. se alzaron con los laureles, mediante la combinación de sus contundentes letras y el rap metal. Otros se decantaron por el punk, a primera vista tan distante del hecho religioso, como los MXPX.

La mayoría de ellos eran y son protestantes, pero no podemos dejar de lado a los católicos Critical Mass o el poderoso vibrato de tenor de Rob Rock, que en 1992 grabó su primer trabajo y que reina entre los heavy metal en solitario o con su banda Impellitteri.

Grupos y festivales

Como consecuencia de la fuerza del rock de alabanza a Dios se grabaron temas por parte de varias productoras. A los Creed, que grabaron con EMI, el mismo sello que tenía a los iconoclastas Rolling Stones, se les unieron Day of Fire, dirigidos por Josh Brown, quien retomó su vivencia cristiana para superar su adicción a la heroína. Los Jars Clay (Vasijas de barro) tendrían un éxito merecido, así como The Fray, quienes se movían en el terreno del pop-rock. Los King’S X siempre negarían que fueran una banda cristiana pero sus discos se vendían en librerías cristianas. Los Stryper toman su nombre de la alusión a las llagas de Cristo en su Pasión. Muy unidos a ellos en la década de los 80, fueron Guardian, que influenciarían al movimiento posterior grunge. Autores de libros como Locos por Jesús, DC Talk marcaría una época con su pop-rock hasta el 2000.

De entre los grupos de habla hispana, sin que exista uno reseñable español, se encuentran los mexicanos Rojo y Strike 3, los argentinos Rescate, Kyosko y el solista Pablo Olivares. Zona 7, La Tribu de Benjamín Ribera, Edgar Lira, Pescao vivo y Vertical nacen en distintos países sudamericanos, subrayando la potencia que une el rock con los ritmos latinos.

En Europa, destacan los suecos Divinifire y Narnia y su power metal, y los italianos Melatrone.

Entre los encuentros musicales, el más famoso es Creation Festival (Festivales de Creación) que se realiza en Mount Union y que durante cuatro días reúne a más de sesenta bandas. Sus iniciadores fueron los reverendos Harry Thomas y JR Landis, quienes lanzarían en 1979 el Creation East en Lancaster (Pensilvania), que fue rodando en sus distintas ediciones por más de 30 ciudades de los Estados Unidos.

Conversos del rock

Entre los que han encontrado a Dios tras una vida de excesos, se encuentran Dan Spitz, de Anthrax; Tom Araya, que militaba en Slayer, Nicko McBrain, de los geniales Iron Maiden; Dee Snider, de Twisted Sister; C.C. Deville, de Poison; el aludido anteriormente Alice Cooper; o Dave Mustaine, de Megadeth.

Aunque algunos de ellos denosten sus anteriores vivencias y alerten de que cristalizan en círculos determinados, les sigue apasionando el rock y, como Norman, sigen batiéndose con el Diablo para que no se apropie pretenciosamente de la mejor música del mundo.  

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