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Conferencia de la ONU: los cristianos ayunan por la víctimas del cambio climático

© nikkytok / Shutterstock
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Gesto de solidaridad especialmente hacia las víctimas del tifón Haiyan

Un ayuno para expresar solidaridad con las víctimas de los cambios climáticos y, en especial, a las del tifón Hayian en Filipinas, cuyos efectos son más que evidentes: es la iniciativa vivida hoy viernes por los cristianos reunidos en la Conferencia de la ONU sobre los cambios climáticos que durará hasta el 22 de noviembre.

Como comunica la agencia Fides, la iniciativa ha sido lanzada por la delegación de la “Federación Luterana Mundial” presente en la Asamblea, que se visto especialmente afectada por el tifón Hayian en las Filipinas. Al ayuno se han unido los cristianos miembros del consejo Mundial de las Iglesias, aunque muchos delegados no son cristianos, y han unido a este gesto de solidaridad hacia las poblaciones pobres y vulnerables, afectadas por eventos metereológicos extremos.

Todos, han lanzado un llamamiento para que la comunidad internacional no se quede indiferentes y encuentre soluciones inmediatas para contrarrestar de un modo significativo los cambios climáticos producidos por las emisiones de CO2. En la conferencia están presentes delegados de más de 190 países que se interrogan sobre las soluciones respecto al desafío de los cambios climáticos globales.

El representante filipino, Yeb Sano, ha abierto la sesión del 11 de noviembre con un llamamiento apasionado “para que el negocio no afecte a la vida de la población inocente” prometiendo ayunar “hasta que la Conferencia no alcance un resultado significativo”. Las delegaciones de las Iglesias cristianas han puesto ejemplos distintos de los efectos devastadores de los cambios climáticos: la sequía en Angola y Namibia, las inundaciones en India, los huracanes de Estados Unidos y en el Sudeste asiático.

El Consejo Mundial de las Iglesias expresó su solidaridad con las víctimas del tifón, comprometiéndose en las ayudas y en la oración. En una nota del Consejo se lee: “Es urgente reconocer que los cataclismos tienen graves consecuencias sobre todo en las poblaciones más pobres. Pidamos a los gobiernos y a las agencias de ayuda en todo el mundo que no se olviden de los más pobres. Reconozcamos el constante aumento de intensidad de las tormentas. Recemos para que todos hagan su parte para invertir esta tendencia negativa”. 

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