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Riccardi: Los que critican al Papa son el hermano mayor del Evangelio

Esteban Pittaro - publicado el 13/11/13

Fundador de la Comunidad San Egidio: “La primavera que el Concilio había anunciado está soplando”

Para Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio, la elección de Francisco llegó en un momento muy particular para Europa. A analizar el clima previo y posterior a la elección del primer Papa del nuevo continente en el viejo continente dedicó Riccardi su conferencia en la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), centro en el que en 2006 había sido reconocido como Doctor Honoris Causa, reconocimiento que recibió de manos de su ex canciller Jorge Bergoglio. 

“La crisis económica ha introducido cambios profundos en los países europeos, determinando un preocupante fortalecimiento de los populismos muy antieuropeos que parecen estar del lado de la gente ante políticas rigurosas. Además, el tejido de las sociedades se ha debilitado en los últimos años. (…) Se han disuelto muchos lazos sociales. El gran problema antropológico del hombre en la globalización es el individualismo”, juzgó Riccardi al iniciar su Conferencia a la que asistieron algunos obispos argentinos, el Nuncio de Su Santidad en la Argentina, el rabino Abraham Skorka (coautor con Francisco del libro Sobre el Cielo y la Tierra), y dos prelados de iglesias orientales, entre otros.

En ese escenario cultural, indicó, se insertaba también una crisis de la Iglesia, “que a los ojos de la opinión pública se veía declinante”. “La Iglesia en sus estructuras parecía opaca”, manifestó, y explicó que mientras algunos le cuestionaban su gobierno, otros “reformas no hechas” como Hans Küng, y otros, incluso, su relación con los medios. Al respecto, señaló: “El Papa Benedicto y Francisco tienen el mismo vocero. Sin embargo, la Iglesia Católica parecía declinante y antipática a una buena parte de la opinión pública. No quiero decir que la Iglesia deba buscar la simpatía a toda costa, pero hay una reacción positiva con la gente que se debe instaurar, sino, no pasa su mensaje”.

Pero para Riccardi había problemas más profundos: “El hombre y la mujer en el mundo globalizado han cambiado profundamente. ¿La Iglesia, se dio cuenta? (…) En este marco, las conferencias episcopales europeas se mostraban demasiado autorreferenciales, capaces de producir documentos, pronunciamientos, pero más bien circunscriptos al mundo de la Iglesia. El catolicismo aceptaba ser minoritario (…) como si el pueblo estuviera destinado a quedar lejano o ajeno”.

“La crisis es más profunda, no sólo por el avance de la secularización, la crisis es más profunda por la realidad de la globalización. Es una crisis de paso hacia un mundo distinto. Y la Iglesia Católica es lazo, es comunidad, pueblo, familia, prójimo, esta es su esencia. ¿Cómo se coloca todo esto en el horizonte del hombre global tan individualista? ¿Cómo se habla a este hombre desorientado…?”, son los desafíos que le preocupan al profesor Riccardi.

La primavera

Citando a un poeta italiano, Riccardi aseguró que la enfermedad del catolicismo europeo es “volverse gris”: “No sólo por el color del cabello de muchos fieles, sino por una caída de capacidad atractiva, por una caída de simpatía”. “¿Cómo es posible que una Iglesia juzgada en decadencia (hasta hace unos meses) pueda ser hoy juzgada positivamente?”, se preguntó el profesor Riccardi.

La respuesta es una primavera. “En pocos meses se ha tenido la sensación de la primavera de la Iglesia. Los problemas de gobierno no han sido resueltos, a tal punto que el Papa creó una comisión de ocho cardenales, y comisiones para las cuestiones administrativas económicas… Los problemas permanecen. Pero la atención de todos, también de los tradicionalmente desatentos a la iglesia, ha sido atraída por una comunicación renovada del Evangelio”, concluyó.

Sin embargo, esta notable reacción “no es algo sólo mediático. Es suficiente ir a la Plaza San Pedro a un Ángelus dominical, y uno se queda asombrado de que con la presencia de cien mil personas se sienta una simpatía entre el Papa y el pueblo” explicó. Pero, advirtió Riccardi, “esta dimensión de la simpatía no puede ser interpretada sólo como un hecho del carácter del nuevo Papa sino que remonta a una clara dimensión de vivir la Iglesia expresada desde Francisco, pero arraigada sobre todo en el Vaticano II. Simpatía es Vaticano II”, y recordó el discurso de clausura del Concilio de Pablo VI y su mención a la preocupación de la Iglesia no por sí misma, sino por el hombre, “un sentimiento de simpatía sin límites”.

Las resistencias

El reconocido laico, de profesión profesor universitario, repasó algunas resistencias al Papa, posiciones minoritarias que Riccardi observa en Italia, España y EEUU, y que asocia en algunos casos al sentimiento del hermano mayor en la parábola del hijo pródigo. Además, repasó otra de las críticas que se la hacen a Francisco que señalan una “simplicidad de su doctrina”, ante lo que ejemplificó: “Me decía un Cardenal que el Papa habla como un simple párroco del campo. Yo sinceramente respondí que si todos los párrocos del campo hablaran así la historia de la Iglesia sería distinta”.

Primavera no implica solución de los problemas

En el gobierno, Francisco no demuestra un populismo apresurado, aclaró, y dijo que “no piensa hacer las reformas con prisa, sino que ha puesto en movimiento el proceso de reflexión con la comisión cardenalicia y con el sínodo de los Obispos”. Y ante su popularidad, consideró que “no se trata de improvisación ligada al carácter del nuevo Papa ni de habilidad comunicativa, sino de un testimonio que echa sus raíces en una vivencia personal pero también en la gran tradición que viene del Concilio”. “Esta propuesta pide que a diversos niveles que el pueblo se involucre”, aseveró.

Esta “nueva primavera de la Iglesia”, explicó Riccardi, no implica la solución de todos los problemas de la Iglesia, sino el “reconocimiento de que en la vida cristiana se encuentran los recursos espirituales y humanos para vivir una nueva temporada”. “Primavera quiere decir que la vida de la Iglesia puede volverse atractiva para muchos y no ser un nido de personas selectas o un nido protector de nuestra mediocridad. Un Cristianismo vivo que va más allá de los muros protectores hablando al corazón dialogando con las otras comunidades religiosas y suscitando la nostalgia de Dios”, concluyó. 

Una Europa que se abra al mundo

Al concluir su disertación, aplaudida como pocas en meses en los que atraídos por la Iglesia que dejó Francisco muchos arriban a Buenos Aires, Riccardi consideró que la elección de un Papa argentino ha sido recibida como una liberación en aquella “simbiosis entre la crisis de la Iglesia y el ocaso de Europa”. “Simbiosis que explica bien las dificultades de los últimos años. Es un paso decisivo para insertar en la Iglesia universal las vivencias, la santidad de las Iglesias no europeas. Un paso adelante hacia la construcción de aquella universalidad que no es un esquema sino una historia”, consideró.

Más, aún, consideró la elección de Francisco como “un mensaje a la misma Europa que en las estructuras de la unión corre el riesgo de la esclerosis institucional y de la perdida de la inspiración ideal. Una Europa que se abre al mundo”.

La primavera que vive la Iglesia es, según  Riccardi, también una aventura. Y ante este panorama, el fundador de la Comunidad de San Egidio dejó en Buenos Aires un mensaje lleno de esperanza: “Estoy convencido que después de tanta tribulación, aquella primavera que el Concilio había anunciado está soplando. Permanece la señal de esta gran atracción del pueblo ejercida por las palabras del Evangelio, comunicadas por un hombre que las vive, y que las transmite con simpatía. Simpatía es importante. Simpatía es amor.”

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