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Más integración, menos fronteras y muchas mentiras

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Mientras los políticos se llenan la boca de palabras bonitas, cientos de personas siguen dejándose la vida en las costas europeas o en los caminos de África

La tragedia que supusieron los dos naufragios de Lampedusa, en los que murieron un total de 393 personas el pasado mes de octubre, prometía marcar un antes y un después en la política migratoria de la Unión Europea (UE). Tanto cadáver disparó un despliegue periodístico y de políticos que nos hacía pensar que habíamos tocado fondo y  que a nuestros dirigentes se les habían revuelto las entrañas y, por fin, iban a sacar su lado humano y crear normas justas que no condenen a la muerte todos los años a cientos de personas que huyen de la pobreza, la guerra o la persecución en sus países de origen.
 
Teníamos la esperanza de que el Consejo europeo del 24 y 25 de octubre sirviera para reflexionar sobre la política migratoria de la Unión Europea y que los países del sur de Europa, los que viven más de cerca el drama de la migración, tomasen las riendas de este cambio de sentido.
 
De hecho, el día anterior a ese Consejo europeo, el Presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, intervino en el Primer Foro Económico del Mediterráneo, celebrado en Barcelona, donde pronunció un discurso a favor de “más integración y menos fronteras”. También hizo un llamamiento a los líderes políticos, empresariales y económicos del Mediterráneo para defender estos valores.
 
Rajoy presentó sus propuestas para que el mar que une a los diez países que estaban presentes en Barcelona no se convierta en una fosa común de emigrantes que tratan de alcanzar las costas europeas. Estas palabras cobraban especial fuerza al ser pronunciadas pocos días después del naufragio de Lampedusa, al que el jefe del Ejecutivo se refirió como “un drama de incalculables proporciones” en donde el número de muertos resulta “insoportable”.
 
El Presidente insistió en la necesaria cooperación de los “los estados miembros de la UE, de instituciones y de agencias” para paliar el drama de la emigración como “obligación de supervivencia” y no como una “opción”. Aprovechó Rajoy la oportunidad que le daba el foro de Barcelona para informar de que pretendía pedir al Consejo Europeo “apoyo financiero y de medios” a los países limítrofes de la Unión Europea” y “apoyo y cooperación con los estados de origen y tránsito de la emigración” hacia Europa. Porque, según él, la clave para paliar el drama de la migración consiste “en entender que la mejora de la situación de las personas en los países de origen, el desarrollo de sus condiciones de vida” son decisivos para evitar la emigración de esos lugares.
 
A estas alturas no puede sorprendernos la hipocresía que encierran las declaraciones del Presidente de un gobierno que ha renegado de la ayuda a la cooperación. Me pierdo con las cifras, pero creo que desde 2011, la financiación española para el desarrollo ha bajado más de un 70%, lo que ha obligado a  muchas de las ONG a cerrar muchos de sus proyectos humanitarios.
 
Según la Coordinadora española de ONG de desarrollo, los Presupuestos Generales del Estado (PGE), presentados por el Gobierno para 2014 rematan una cooperación ya prácticamente desmantelada. Reducen la Ayuda Oficial al Desarrollo prácticamente a los fondos obligatorios a la UE y a organismos internacionales.
 
Lo más curioso de todo este asunto es que estos PGE consagran la tendencia de quitar el protagonismo de la cooperación al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, que es el que por ley debería liderara este tipo de actuaciones, para dárselo a los de Economía y Hacienda que gestionan el 50% del presupuesto ya que son ellos los que se encargan de pagar las cuotas obligatorias con las que España tiene que contribuir a la Unión Europea y demás organismos internacionales.
 
Los fondos destinados a las ONG también siguen su línea de caída y en 2014 sufrirán un descenso del 50% de lo ya recortado años anteriores, con lo que la cantidad que se destinará a proyectos humanitarios sobre el terreno será mínima, una vez más.
 
En respuesta a esta política del Gobierno español, que bien contradicen las palabras de su Presidente, las ONG le piden que se destinen 400 millones del Ministerio de Defensa para frenar el desmantelamiento de la política pública de cooperación.
 
Por ahora queda claro que la parte de más integración del discurso de Rajoy tiene mucho de pose. ¿Qué sucede con la segunda afirmación: menos fronteras? Pues más de lo mismo, pura retórica.
 
Basta con ver la última iniciativa de nuestro gobierno para reducir fronteras: poner cuchillas en la valla de Melilla para evitar que los migrantes la salten. Estas cuchillas causan graves heridas, hecho que ha sido condenado por grupos de Derechos Humanos como inhumano.
 
Es así que mientras los políticos se llenan la boca de palabras bonitas, cientos de personas siguen dejándose la vida en las costas europeas o en los caminos de África, como las últimas que se han sido encontradas en el desierto de Níger, muertas de sed. Como están muy lejos y sus cadáveres no se amontonan en nuestras costas nos duelen menos que los de Lampedusa. Pero son un ejemplo más de los miles que se quedan por el camino gracias a los corazones de piedra que nos gobiernan.
 
Por Chema Caballero, artículo publicado originalmente en Mundo Negro

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