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¿Quién habrá escuchado las llamadas del Papa?

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Reflexión sobre la tranquila respuesta del portavoz vaticano, padre Lombardi

La información es poder, pero es el poder de este mundo. La revista italiana Panorama desvela hoy viernes que, entre los objetivos de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU. (NSA), también se encontraba el Vaticano. La casi despreocupada respuesta del padre Federico Lombardi ante la pregunta ayer de los periodistas fue: “no tenemos información sobre este tema, y en cualquier caso, no tenemos preocupación alguna al respecto”. Curioso contraste con la airada respuesta de Angela Merkel al saber que sus conversaciones privadas habían sido espiadas.
 
¿El Vaticano no es consciente de la gravedad del escándalo? Seguramente sí, después del dolor que produjo la filtración conocida como “Vatileaks”, en la que documentos privados desaparecieron de los despachos papales. Aunque en este caso, se trataba más bien de la preocupante sensación de tener un espía dentro de casa, una persona aparentemente fiel que actuaba en la sombra por motivos inconfesables. La “limpieza” iniciada por Benedicto XVI y continuada por su sucesor en los organismos financieros de la Santa Sede llevan a pensar que, realmente, si hubiera habido alguna información secreta de tipo económico desvelada por las escuchas, el propio Francisco estaría encantado de saberla.
 
En otro orden de cosas, que el Vaticano no escapa a las escuchas de las agencias de inteligencia de las grandes potencias, era de esperar, dada la intensa actividad diplomática de la Santa Sede. Son muchos los jefes de Estado y muchas las cuestiones delicadas que pasan por las manos del Papa, tanto Francisco como sus predecesores. Pero también es cierto que la reserva vaticana tiene que ver con la prudencia y no con los intereses económicos o geoestratégicos. El Vaticano es un actor político de primer orden, pero como una instancia moral que templa las relaciones entre los países. No tiene, como vulgarmente se dice, “nada que ganar”. Si acaso la protección de las minorías cristianas y de los bienes de la Iglesia en países conflictivos, pero ese no sería un motivo inconfesable.
 
Parte de las escuchas realizadas, según revela Panorama, tuvieron lugar durante la celebración del Conclave del que salió elegido el Papa Francisco. Dadas las enormes medidas de seguridad que la Santa Sede despliega para mantener el secreto durante un Conclave, cabría esperar un ademán preocupado en las altas esferas vaticanas… pero no es así. El impenetrable secreto que rodea la elección de un Papa está ante todo pensado para evitar la entrada de la información, más que la salida: es decir, lo que se busca es conjurar las presiones externas sobre los cardenales electores, de manera que nadie desde fuera pueda condicionar un momento tan delicado. El problema más grave no son las escuchas, sino las interferencias.
 
Queda, en fin, la ironía de que se destape el tema de las escuchas precisamente con el Papa más “telefónico” que haya pisado la Logia vaticana. Sería muy divertido escuchar las grabaciones del Papa Francisco llamando a esa madre soltera, o a aquel dentista argentino: para un papa que ha decidido hacerse escuchar por la gente “de fuera”, saber ahora que los técnicos de las agencias de inteligencia también estaban “al aparato”, puede que le haya hecho pensar que la Providencia tiene caminos insospechados para llevar la Buena Noticia de la salvación a los hombres.
 
 

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