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Los Derechos Humanos y las reducciones jesuíticas

© Juan
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Exposición en el Castillo de Javier recuerda la gran gesta americana de la Compañía de Jesús

Ni el reconocimiento universal de los Derechos Humanos nace con la Declaración de la ONU de 1948, ni la Economía Social la inventaron el corrector del liberalismo económico, Yohn Maynard Keynes, o el inventor de la Banca Ética, Muhammad Yunus, o el propulsor de la economía del bienestar, Amartya Sen. Lo inventaron los jesuitas con sus reducciones en hispanoamérica, hace cinco siglos.
 
El Castillo y santuario de Javier en Navarra acoge estos meses una exposición sobre las Reducciones de los Jesuitas en Paraguay. Según sus organizadores, esta exposición muestra a los jesuitas en el campo de misión en los siglos XVII-XVIII en Paraguay, su trabajo social en el medio en que vivían aquellos indios guaraníes, el cultivo del arte, su música, etc.; y su innovación tanto política como económica, al constituir ejemplares comunidades política y económicamente autogestionarias, participativas con un singular sistema de producción y distribución equitativa de la riqueza.
 
A su llegada, en 1632, los jesuitas fundaron sus misiones en el actual estado brasileño de Paraná, para después, siguiendo hacía el sur los ríos Paraná y Uruguay hasta el actual estado argentino de Misiones y el departamento de Itapúa en Paraguay, así como el estado de Rio Grande do Sul en Brasil. Allí construyeron 30 reducciones: 15 en Argentina, 8 en Paraguay y 7 en Brasil.
 
La mayoría de los libros de historia destacan las reducciones como lugares de protección contra la encomienda y, junto a ello, como lugares de protección de los indios guaraníes contra cualquier forma de esclavitud. Y todo ello con un eficiente sistema productivo, y con una estricta disciplina posibilitada por un complejo esquema de alianzas entre jesuitas y caciques. Pero esta explicación, más relacionada con los colonos que con los indios, no es suficiente.
 
Lo cierto es que, con miles de dificultades, tanto provenientes de los colonos como de los mismos indios que, a diferencia de otras tribus contemporáneas, eran bastante incivilizados, los jesuitas consiguieron instaurar un sistema económico mixto, privado y comunal, tanto en la propiedad como en el trabajo, tanto en la agricultura como en la ganadería. Como escribió el historiador francés Clovis Lugon, “ninguna región de América conoció en la época una prosperidad tan general ni un desarrollo económico tan sano y equilibrado”.
 
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