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La trata de personas: una esclavitud moderna

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Entrevista a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias y de las Ciencias Sociales

El Papa Francisco pidió, mediante un recado manuscrito a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias y de las Ciencias Sociales (PAS y PASS), que se hablara en esa instancia sobre “trata de personas y esclavitud moderna”.  El Pontífice le decía en el recado a su compatriota Sánchez Sorondo que el comercio de órganos podría ir unido, también, a la trata de personas.
 
La respuesta del canciller, monseñor Sánchez Sorondo, no se hizo esperar.  Este 2 y 3 de noviembre, en El Vaticano, se habrá de llevar a cabo un seminario al más alto nivel científico bajo el nombre de “La trata de personas: la esclavitud moderna.  Las personas indigentes y el mensaje de Jesucristo”.
 
Con la presencia de destacados especialistas en el campo médico, policiaco, de la defensoría de los derechos humanos y académico, el seminario, que se realiza en colaboración con la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMAC), busca que la comunidad internacional adopte los instrumentos legales adecuados para prevenir y controlar actividades criminales mediante la promoción de la cooperación en temas que tienen que ver con la trata de personas.
 
El problema ha tomado tintes dramáticos y representa un crimen de lesa humanidad ante el cual la Iglesia católica no puede quedar indiferente.  Nada más en lo que se refiere al tráfico sexual, cada año dos millones de personas son víctimas de las bandas internacionales que se dedican a cometer este ilícito.
 
Y de esa dos millones de personas, un millón 200 mil son niños.  Uno por ciento de los dos millones se “usan” para extraerles órganos.  Es decir, cerca de 20 mil seres humanos al año –12 mil niños—son destazados para quitarles riñones, hígado, córneas y hasta el corazón, y darlos a quienes puedan pagar sin investigar de dónde procede el órgano que necesitan para vivir.
 
Por este motivo, Aleteia ha entrevistado a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la PAS y de la PASS.

– ¿Cuál es la intención del Santo Padre al haberle pedido un seminario como éste?
 
Yo creo que él tiene este instinto del Espíritu a favor de los más necesitados y este un tema de una tragedia enorme para toda la humanidad.  Imagínese que la criminalidad es, aparentemente, la que ya más dinero gana en el mundo…  El Papa está muy preocupado por esto, y no de ahora, sino desde que era arzobispo de Buenos Aires pues lo vivió de cerca.  Desde luego, se trata también de una preocupación pastoral.
 
– ¿Es la intención del seminario y del Papa la de influir en las políticas públicas de los diversos países que, digamos, se hacen de la vista gorda ante la trata de personas?
 
Se busca tomar conciencia de la gravedad del problema, del doble juego que hacen los gobiernos quienes, por una parte dicen defender la dignidad humana y, por la otra, muchas veces, están comprometidos en el tráfico de personas con instituciones importantes como la policía, los militares, los médicos…  Se trata de tomar conciencia del tema, de tomar una actitud con respecto a la trata de personas y de sacar una agenda de acciones y propuestas concretas.
 
– ¿Por qué la asociación, en este caso, con la FIAMAC?
 
Los médicos son una ayuda providencial porque, naturalmente, ellos tienen como primer propósito el no dañar a la gente.  Tienen, además, una base científica importante y, por ejemplo, manejan hospitales donde muchas veces se puede hacer desaparecer a los niños…  Tienen una responsabilidad particular y una experiencia muy grande que nos puede ayudar mucho.
 
– Hay una propuesta muy interesante, la del doctor español José Antonio Lorente, para crear una especie de banco de ADN, ¿no es así?
 
Es una propuesta muy concreta, en base a la ciencia.  Lo primero que hacen los traficantes de seres humanos es “quemarle” a sus víctimas las impresiones digitales, con lo que a las personas no es nada fácil identificarlas después.  En países como Estados Unidos cuando uno entra le hacen la fotografía y le toman las impresiones digitales.  Bueno, eso, a los que son objeto de tráfico no le sirve, porque se las queman.  Entonces, el profesor Lorente ha propuesto una cosa que no se puede cambiar: el ADN, la identificación celular de cada persona.  Se trata de cotejar tanto los datos genéticos de los niños desaparecidos con los de los familiares que los reclaman.  Algunos nos han dicho que debemos agregarla al Protocolo de Palermo.  Es una propuesta que discutiremos en el seminario.  La ventaja es que ya lo han hecho algunos países, incluso un país latinoamericano como Guatemala.
 
– ¿Cómo se puede también generar una política de protección a las migraciones no forzadas?
 
Bueno, ése es un tema indirecto a la trata de personas.  Ahí hay un límite muy difícil de establecer entre lo que son las migraciones forzadas y las no forzadas.  Lo que es claro, y es lo que están proponiendo los organizadores de este seminario, es el no obligar a la gente a regresar a su país, en ninguno de los casos.  Hay acuerdos que, con toda elegancia, como los ingleses, lo que hacen es volver a la persona a su país y es lo que nosotros deberíamos evitar, porque entonces caerá en las mismas redes.

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