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Relaxing cup y nuestro capital más preciado

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Una de las mayores inversiones de las familias es educar a los hijos: la emigración muestra un fracaso social

Imaginemos que un buen día, un gestor nos convence de la bondad de unos activos de ahorro cuya rentabilidad dentro de 21 años va a ser esencial para nuestro futuro. Accedemos a cumplir religiosamente con los desembolsos anuales que exige la planificación financiera. Por cada participación adquirida desembolsamos unos 1.600 euros iniciales. Cada año el desembolso se incrementará un promedio de un 11,8% anual, así la última aportación será alrededor de unos 17.000 euros.

El gestor nos indica que debido a la naturaleza del capital, la depreciación anual es de sólo el 0,87%. Así que, simulando la serie por acumulación de capital, al cabo de los 21 años, el capital acumulado asciende a la nada despreciable cifra de unos 150.000 euros por participación. Es una gran inversión.

Año Aportaciones Capital
0 1.622 1.622
1 1.815 3.423
2 2.030 5.423
3 2.724 8.100
4 2.978 11.008
5 3.172 14.084
6 3.411 17.372
7 3.616 20.837
8 3.755 24.411
9 5.535 29.733
10 6.007 35.482
11 6.508 41.681
12 7.045 48.363
13 7.588 55.530
14 8.172 63.220
15 10.020 72.690
16 10.951 83.008
17 11.969 94.255
18 13.081 106.517
19 14.297 119.887
20 15.626 134.470
21 17.078 150.378

Imaginemos que tras 21 años de esfuerzo financiero, el gestor nos comunica que la participación no va a rendir lo anunciado. Que aún peor, de momento no es posible disponer de la inversión, pero que no debemos preocuparnos porque existe una magnífica posibilidad. Nos anima a que cedamos el activo a unos ahorradores extranjeros que en el mejor de los casos lo pondrán en valor e incrementarán su cotización. Al cabo de unos años, cuando ya haya estado rindiendo (o no) podremos recuperar el principal. Y todos contentos.

La cara de cualquier ahorrador ante tal anuncio sería un poema. La indignación y la rabia harían que más de uno saltara al cuello del gestor con ánimo poco amistoso. Si bien el timo de las preferentes ha levantado y sigue levantando ampollas en los pobres ahorradores de este país, tal como describí en el artículo de hace unos meses, la situación ahora descrita es rizar el rizo y uno esperaría algún tipo de hecatombe social si algo así ocurriera de forma generalizada.

¿Si ocurriera? Pues lamentablemente hoy está ocurriendo en España y de forma muy generalizada. Demasiado generalizada, pero en contra de lo que parece racional y razonable, la extrema paciencia o el adormecimiento social operan de anestésico para contemporizar sin exigir explicaciones.

El problema en esta ocasión radica en que el activo de ahorro objeto de fraude no es una participación únicamente de dinero privado, lo que haría encender nuestro carácter fenicio, sino que es participación con dinero público. La tabla expuesta son las aportaciones de dinero público a este tipo de participación que se detraen mediante impuestos que pagamos todos. ¡Ah! Que es dinero público, que es de todos pues aquí no pasa nada. Es nuestra terrible realidad, el desprecio de lo público por parte de los dirigentes que se une a la incapacidad de apreciarlo por parte de los contribuyentes.

Pero lo peor no se queda aquí. Si bien el engaño sobre las participaciones preferentes ha conllevado, como no podía ser de otra manera, una serie de manifestaciones y denuncias ante la judicatura, no entiendo que siendo la participación aquí expuesta la educación de un hijo, no se haya puesto en pie toda la sociedad. Sí señores. La tabla corresponde sólo al cómputo del dinero público invertido en la educación de estudiante desde que entra en segundo ciclo de Infantil hasta que alcanza un Postgrado o Máster. No es una inversión cualquiera, es su hijo en el que además de capital público hay mucho capital privado en términos económicos, muchos desvelos, cariño, trabajo diario, entrega que podríamos denominar capital emocional y vital (esta manía que tenemos los economistas de cuantificarlo todo). Sí señores, simplemente, después de tanto trabajo, de tanto estudio, de tanto dinero invertido nos dicen que para que exista alguna oportunidad de que nuestro hijo se gane la vida debe ir a “formarse” al extranjero, que aprenda bien uno o dos o tres idiomas más, y nos quedamos tan anchos y casi que le damos la razón al gestor en lugar de tomarlo por las solapas. ¿Es que hemos llegado al punto que preocupa más una participación preferente que un hijo?

Pero es que en términos puramente económicos, considerando sólo el dinero público invertido en educar a un estudiante, unos 150.000 euros, y teniendo en cuenta que 390.206 jóvenes formados emigraron en busca de una oportunidad desde el 2008 al 2012, la fuga de capital humano público asciende a la nada despreciable cifra de casi 60.000 millones de euros lo que supera un 33% a la estimación de la cantidad estafada con las preferentes. Esto sin contar el capital privado, ni el capital emocional y vital.

Los políticos de este país lo mal disimulan bajo la excusa de oportunidad para seguir formándose y ocasión de movilidad exterior de la mano de obra cualificada. El mes pasado Benjamín Serra, premio extraordinario de Fin de Carrera, escribía una carta desde Londres que ha removido las redes sociales y que encabezaba así: «‘Me llamo Benjamín Serra, tengo dos carreras y un máster y limpio WCs” Su realidad no difiere mucho de quien está en Alemania con un minijob o del investigador que persigue algún tipo de beca para continuar con su sueño.

Mientras nuestros hijos, con un cada vez más perfecto inglés o alemán, persiguen una oportunidad  con una mochila de capital humano público que tanto nos ha costado y que se nos priva, aquí simplemente seguiremos tomando un “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor” disculpando a una clase política mezquina que les exige niveles de formación de los que no son acreedores y que pugnan por disimular hasta que se ponen en evidencia en los medios internacionales. Menos mal que el español es un pueblo que por no llorar se ríe de todo aún a costa de su futuro, ¿será porque la risa es una de las mejores anestesias ante tanta iniquidad?

PS: La serie de la tabla está construida a partir de los datos del Sistema estatal de indicadores de la educación del Instituto Nacional de Evaluación Educativa del Ministerio de Educación y del Instituto Nacional de Estadística. Los dos primero datos se han proyectado según la tasa de crecimiento promedio. La tasa de depreciación proviene de las estimaciones del artículo RAYMOND, J. L., y ROIG, J. L. (2004): “Human capital depreciation: a sectoral approach”, Documento de Trabajo, Universidad Autónoma de Barcelona.

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