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Los mártires del siglo de las masacres

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Ante genocidios y muerte masa, los cristianos nunca dejaron de recordar que Jesús fue tratado como el peor siendo inocente

El sacrificio de los mártires del siglo XX “se enmarca en el siglo de las masacres, en el siglo de la muerte masa, de la industria de la muerte, en el siglo del terror”, afirmó el fundador de la Comunidad de San Egidio, Andrea Riccardi, en una conferencia en Tarragona en el marco de la beatificación de 522 mártires del siglo XX en España, en octubre de 2013.

“En ocasiones las novedades de la ciencia y de la técnica se pusieron al servicio de la muerte –dijo-. En determinados periodos desapareció todo amor y todo respeto”.

Martirios masivos del siglo XX

El historiador citó la masacre de los armenios y los sirios asesinados por ser cristianos a la que se refirió como el “primer holocausto del siglo, con más de un millón de muertos”, citó también a los muertos durante la dictadura comunista en la Unión Soviética y el terror estalinista, la matanza de 200.000 chinos por parte de japoneses, la shoah (con la muerte de 6 millones de judíos y con muchos otros muertos: polacos, gitanos, rusos,…), también el bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki; los casi 30 millones de muertos en las hambrunas chinas entre el 58 y el 62, la violencia en España, en México, las guerras en África, la matanza de una tercera parte de la población en Camboya, la limpieza étnica en Yugoslavia y las masacres en Ruanda.

Riccardi dijo que para millones de seres humanos fue “el siglo oscuro, el siglo del terror, si bien fue el siglo de la democracia”.

Pero, declaró, “ante una profunda adversidad, ante el terror, un pueblo de creyentes, a veces débil, resistió y nunca dejó de recordar la pasión del Señor y la resurrección. Nunca fue tan oscuro como para no encender el pequeño cirio de la Pascua. Los cristianos nunca dejaron de recordar que el Señor fue tratado como el peor de los hombres, aun siendo inocente”.

El historiador afirmó que la clave del martirio se encuentra en que los mártires “no renunciaron a la fe, no renunciaron al amor para salvar su vida”.

“El mártir no salva su vida a toda costa, no es un kamikaze -como sucede hoy en el mundo islámico-, no es un suicida”, dijo.

La importancia de recordar

El historiador lamentó lo tarde que se ha tomado conciencia del martirio del siglo XX, y como causas destacó la larga duración del comunismo, la falta de atención al sur del mundo, el temor de no tener la distancia suficiente respecto a lo sucedido en España y México y también “la calidad de nuestro cristianismo, replegado en angostas pautas”.

En la toma de conciencia de esa realidad (ya a finales de siglo), Riccardi destacó la importancia de la figura de Juan Pablo II, “un papa que levantaba los continentes porque entre otros motivos había descubierto la fuerza de los mártires”, explicó.

En este sentido, constató que “el martirio, para Juan Pablo II, no fue una historia arqueológica, sino más bien una realidad de la vida”.

“El propio Papa sufrió un violento atentado que pudo llevarlo a la muerte y que nunca se ha aclarado –afirmó Riccardi-: el atentado urdido en los turbios ambientes de Estambul entre nacionalismo e islam, el atentado probablemente utilizado por las estrategias del Este debía llevarse a cabo durante la visita del Papa al patriarca ortodoxo Demetrio pero fue aplazado. Ese fue el precio de la visita a Constantinopla: el sacrificio que confirió a aquella visita una dimensión mística”.

Adentrándose en el significado del martirio cristiano, el conferenciante destacó que “en el mártir se revela lo que, con palabras de Pablo, podríamos llamar una fuerza débil del cristianismo: la fuerza de un hombre, de un pueblo creyente que no renuncia a creer, que no renuncia a vivir de manera humana”.

¿Cómo combatir la violencia?

Lo complementó con la cita de un sacerdote italiano asesinado en Turquía: “La ferocidad no teme matar, la caridad no teme dar la vida”.

Y añadió que “para contener la ferocidad hace falta la inteligencia de la caridad y hay que poner en movimiento recursos profundos”.

Riccardi lamentó que millones de mártires hayan caído en el olvido, como pasó “con los cristianos armenios y sirios del imperio otomano, masacrados después de 1915”.

Y destacó que la del mártir es “una figura que tenemos que conocer mejor”, desvela un rostro desconocido de la Iglesia, y hay que ponerla “más en el centro de la vida de la Iglesia”.

También respecto al martirio del siglo XX, Riccardi destacó que se trata del “martirio de la caridad” y se refirió por ejemplo a las numerosas monjas que han muerto en África.

Durante su conferencia, el ex ministro italiano citó a varios mártires de todo el mundo y destacó que toda esa violencia contra los cristianos es “inútil porque no representan ninguna amenaza”, “pero tiene una raíz común: eliminar el cristianismo como reserva de humanidad, como reserva de fe, como espacio de libertad, como espacio de espíritu”.

El riesgo de politizar

Riccardi constató que “en el siglo de los derechos humanos se oculta el martirio y la persecución” y lamentó que a veces “sólo la polémica parece hacer vivir” esas historias personales.

Respecto al riesgo de instrumentalizar a los mártires, el historiador explicó que “cada historia de martirio está asociada a un trasfondo político, no se produce en el vacío; por eso se puede utilizar para reivindicar el enfrentamiento, se puede instrumentalizar”.

“Podemos dejar caer estas historias tras las rejas del olvido o bien podemos aplastarlas en su contexto político”, lamentó.

Y añadió que “es muy habitual en Europa, donde se está perdiendo el sentido de la historia mientras se pierde la esperanza de un futuro”.

Indicó que “de los contextos histórico-políticos, debemos hacer emerger la originalidad de los mártires, originalidad ante el odio, por su fe y humanidad”, y reconoció que “no ha sido fácil en España”.

En este país, afirmó, ha habido “vergüenza de los mártires e instrumentalización política”, pero añadió que “aun así se ha avanzado mucho” y destacó la necesidad de sustituir la vergüenza, los intereses o el miedo por la caridad.

Ver aquí la conferencia completa.

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