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“Así están matando a los cristianos paquistaníes”

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Mons. Coutts: «Lo que ha pasado en Peshawar es algo sin precedentes, la peor tragedia de nuestra historia»

La mañana del 22 de septiembre en Peshawar, en el Norte de Pakistán, casi setecientos fieles asisten a la misa dominical en la iglesia de Todos los Santos. Poco después del final del oficio, dos kamikazes se hacen explotar matando a más de 100 personas e hiriendo a unas 150. Es el ataque anticristiano más dramático que haya tenido jamás lugar en Pakistán, y el primer ataque suicida a una iglesia. El acto terrorista ha sido reivindicado por el grupo Jundullah, una célula del Tehrik-e-Taliban Pakistan, el principal grupo terrorista del país.
 
“Lo que ha sudedido en Peshawar es algo realmente sin precedentes y la peor tragedia de nuestra historia”, comenta monseñor Joseph Coutts, arzobispo de Karachi y presidente de la Conferencia episcopal local y de Cáritas Pakistán. Invitado por la Fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, el prelado se encuentra estos días en Italia para explicar las dificultades de los cristianos paquistaníes en tres encuentros distintos: martes 8 en la Università Statale de Milán; jueves 10 en Roma en la Pontificia Università della Santa Croce; y viernes 11 en Florencia en la Basilica della Santa Croce.
 
Anterior obispo de Hyderabad y Faisalabad, monseñor Coutts ha ejercido el episcopado en tres de las cuatro provincias en las que se divide Pakistán: Punjab, Sindh y Beluchistán. Del 25 de enero de 2012 preside la archidiócesis de Karachi, la ciudad más grande y populosa del país. En 25 años de episcopado, ha sido encomiable su contribución al dialogo interreligioso, en una nación en la que más del 95%  de sus 180 millones de habitantes está constituido por musulmanes.
 
También encomiable es su compromiso contra la “ley sobre blasfemia” que castiga con cadena perpetua a quien profane el Corán, y condena a muerte al que insulta al profeta Mahoma. Desde la introducción de la ley, 1986, son más de 1.200 las personas condenadas oficialmente por blasfemia. Es suficiente una acusación, a menudo infundada, para ser inmediatamente encarcelado. Usada casi siempre de forma impropia, la “ley negra” es un arma dramáticamente eficaz para vengarse o herir a alguien. Especialmente si la persona en cuestión no es musulmana.
 
Además de condenar la ley, monseñor Coutts ha denunciado muchas veces las numerosas ejecuciones sumarias por obra de extremistas, que incluso han tenido lugar tras la absolución de los imputados. En muchos casos, además, la “caza al blasfemo” desencadena verdaderas masacres, como sucedió el pasado marzo en Lahore, donde una turba de treinta mil musulmanes furiosos quemó el asentamiento cristiano de Joseph Colony  porque uno de los habitantes había sido acusado de ofender a Mahoma. Como sucedió en Gojra en agosto de 2009, cuando lo que encendió la ira de la multitud fueron unas pocas hojas de periódico transformados en confeti por unos niños durante la celebración de una boda. En esas páginas habían sido transcritos versículos del Corán, y así centenares de personas, incitadas por el líder local islámico, quemaron más de 150 casas. Pocos días después, monseñor Coutts, entonces obispo de Faisalabad, presidió los funerales de las ocho víctimas, en presencia de una comunidad dolorida y aterrorizada.
 
– Excelencia, ¿por qué la tragedia de Peshawar es distinta de los demás ataques anticristianos?
 
El atentado ha sido perpetrado por un grupo extremista, cuyo objetivo principal es trasformar Pakistán en una teocracia islámica. Los fundamentalistas combaten contra el gobierno paquistaní, por esto ya habían cometido ataques contra el ejército, las fuerzas de policía y las instituciones. Atacando a una iglesia, esta vez han querido mandar un mensaje a Estados Unidos para que interrumpan inmediatamente las misiones de los drones (aviones sin piloto empleados principalmente en ámbito militar, ndr) en territorio paquistaní. De lo contrario, lo que ha sucedido en la iglesia de Todos los Santos se repetirá.
 
– ¿Por qué precisamente iglesias?
 
En el imaginario de estos grupos, la ecuación comunidad cristiana – Occidente está muy en uso. América y Europa son continentes cristianos: los extremistas están convencidos de poder influir sobre Washington amenazando o atacando a nuestra comunidad. Para comprender esta mentalidad, debemos remontarnos a la guerra en Afganistán, cuando muchos jóvenes paquistaníes fueron adiestrados gracias al apoyo económico de Arabia Saudita y Estados Unidos, para combatir a los soviéticos más allá de la Línea Durand. Una vez derrotada la URSS, estos combatientes comenzaron a atacar a la OTAN, compuesta por Estados cristianos y por tanto infieles, culpables de invadir dos naciones islámicas, como Afganistán e Iraq. Y desde entonces una nueva forma de islam, fruto del wahabismo de matriz saudí, ha empezado a difundirse animando a la yihad (la guerra santa). Así, los cristianos paquistaníes han sido señalados como infieles que comparten la misma fe que los invasores.
 
– Sin embargo, la comunidad cristiana no sufre sólo a causa del terrorismo. También la cotidianeidad está hecha de discriminaciones…
 
La peor discriminación es no ser considerados a nivel de igualdad que los demás ciudadanos. Contrariamente a lo que deseaba el padre de la patria, Muhammad Ali Jinnah, que había pensado una nación en la que cada uno “fuese libre de ir a la mezquita, o al templo, o a cualquier otro lugar de culto”, los no musulmanes siempre han sido marginados. Como sucede en muchas sociedades islámicas, aquí los cristianos son considerados “dhimmi”, una connotación que sanciona la disparidad política y social de los no musulmanes. Gozamos de muchas libertades, garantizadas por la Constitución, pero seguimos estando discriminados de muchas formas, por ejemplo en el mundo del trabajo o en el ámbito escolar. Muchos de los chicos cristianos que frecuentan las escuelas públicas son penalizados en los estudios, o sufren presiones para que se conviertan al islam.
 
– También la ley antiblasfemia es un poderoso instrumento de persecución cristiana…
 
Aun habiendo nacido para proteger el honor del profeta Mahoma y preservar el Corán de la desacralización, esta norma se presta fácilmente a interpretaciones erróneas. Técnicamente es aplicable incluso si una copia del Corán resbala de las manos y cae a tierra. Y además, es muy difícil para el imputado defenderse, porque la acusación de blasfemia provoca una reacción emotiva en la sociedad. En muchos casos, el presunto blasfemo es apaleado o asesinado antes de probar su inocencia, o incluso después de ser absuelto en los tribunales.
 
 Por Marta Petrosillo. Traducción del italiano por Aleteia
 
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