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Somoza: «El Papa Francisco me ayudó a huir de la dictadura»

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Habla una de las personas ayudadas por Bergoglio a huir de la persecución durante los 70 en Argentina

Con ocasión de la salida y de la presentación del libro de Nello Scavo, “La lista di Bergoglio. I salvati da Francesco durante la dittatura. La storia mai raccontata” (La lista de Bergoglio. Los salvados por Francisco durante la dictadura), Aleteia ha contactado con una de las personas que fue ayudada por el futuro Papa a salvarse de la dictadura argentina entre los años '70 y '80, Alfredo Luis Somoza, periodista y director del Instituto de Cooperación Económica Internacional (ICEI).
 
– Director, usted es una de las decenas o quizás centenares de personas que fueron ayudadas por Bergoglio durante la dictadura en Argentina. ¿Cómo se encontraba en peligro? ¿Y cómo le ayudó el futuro Papa?
 
Yo estaba acabando el liceo durante el golpe de Estado del 76 y había tenido una cierta exposición como representante de instituto. La universidad de Buenos Aires me negó el ingreso y la inscripción a la universidad. Encontré acogida en la jesuita del Salvador, Bergoglio la había dado en gestión a laicos, hablamos de los años 77 y 78 y de una política de acogida a quien pensaba de forma distinta. De manera informal, habíamos mantenido la democraticidad en el Ateneo. Él nos daba consejos, a los estudiantes, haciéndonos comprender el designio criminal del régimen. Bergoglio ponía a salvo también a no argentinos. Por mi actividad de publicista tuve que sufrir un procedimiento judicial, me refugié en Brasil en ambientes cercanos a la Orden de los Jesuitas, gracias a la intercesión de Bergoglio.
 
– ¿Permaneció en contacto con Bergoglio en los años posteriores?
 
Llegué a Italia, fui reconocido como refugiado político, después conseguí la ciudadanía gracias al hecho de que mi abuela era italiana, ya no tuve más contacto con él, pero seguí la vida de Bergoglio como obispo y después como Presidente de la Conferencia episcopal.
 
– ¿Usted sabía que Bergoglio estaba ayudando a todas esas personas? ¿Lo sospechaba?
 
Sabíamos que algo había. En nuestro ambiente habíamos oído historias de eso. Sin embargo, nunca se dijeron públicamente y estoy convencido de que nadie sabía de los demás. Bergoglio y la Compañía se habían mantenido equidistantes respecto a la dictadura, y el propio Bergoglio mantenía buenas relaciones con Videla. Fue también gracias a mantener él este perfil bajo como pudo interceder a algunos de ellos por algún prisionero o alguien acusado injustamente.
 
– ¿Qué recuerda de aquel periodo, qué tipo de clima había en Argentina en esos años?
 
El clima era de terror, casi surrealista. Había dos realidades: una aparente que permitió la celebración de los mundiales de fútbol del 78, que aparentemente funcionaba correctamente, en el foro de las naciones. La otra era la verdadera, un país sin libertad de prensa, de pensamiento, de asociación sindical, de enseñanza y que al caer la noche veía actuar a los escuadrones de la muerte. Un país que vivía en esta burbuja de terror en la que no se sabía todo, pero se intuía el drama.
 
Todo esto duró hasta la derrota militar sufrida contra Inglaterra en 1982. Argentina – paradojas de la Guerra Fría – nunca fue castigada, no sufrió sanciones, porque tenía la protección de la Unión Soviética, que regularmente tumbaba los intentos de Carter de hacer aprobar a la ONU resoluciones en este sentido. Esto porque Argentina era el único país que siguió vendiendo armas a la URSS después de la invasión de Afganistán. Una paradoja en la paradoja, confirmada por el hecho de que el Partido Comunista argentino  (una pequeña formación política, ndr) fue la única asociación política que pudo continuar en alguna forma sus actividades sin la censura del régimen a causa de su vínculo con Moscú.
 
– A su juicio, la Iglesia ¿fue de verdad “silenciosa” con el régimen? ¿Podía hacer más?
 
La Iglesia estaba comprometida, quien se oponía directamente era asesinado o desaparecía sin dejar rastro. Había amplios sectores de la Iglesia, sobre todo a nivel de Conferencia Episcopal, muy cercanos a la dictadura, como monseñor Pio Laghi (que en aquellos años era nuncio apostólico en Argentina) que justificaban a los militares. Pero la “iglesia de base”, los párrocos y las órdenes religiosas, como los mismos jesuitas, en cambio, hicieron mucho.
 
 
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