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¿Por qué los católicos rezan el rosario?

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Durante siglos, la Iglesia ha vuelto al rosario en momentos de lucha. Santo Domingo lo consideraba “un arma espiritual»

1. La devoción al rosario se ha ido desarrollando lentamente a lo largo de unos 500 años.

El rosario es una oración constituida por el rezo de 150 o 200 Avemarías en grupos de diez, precedido cada uno por un Padrenuestro y concluido con un Gloria. Durante el rosario, se medita sobre los misterios de la vida de Cristo y de su Madre.

Aunque la tradición popular atribuye el origen del rosario a santo Domingo (1170-1221), las actuales investigaciones históricas muestran que la devoción al rosario se desarrolló lentamente en el tiempo.

El propio Juan Pablo II pareció afirmarlo en su carta Rosarium Virginis Mariae (2002), que comenzaba recordando que el rosario “fue gradualmente tomando forma en el segundo milenio bajo la guía del Espíritu de Dios».

Aunque no se sabe exactamente cuál es la historia de los inicios del rosario, el padre Etienne Richer explica en «Mariology» que a finales del siglo XI, es decir, casi un siglo antes de santo Domingo, “ya se conocía y practicaba una devoción mariana caracterizada por numerosos Avemarías con postraciones rítmicas en honor de la Virgen, primero en conmemoración de sus gozos, luego de sus sufrimientos”. El nombre de “rosario” comenzó asociado con esta práctica.

En esta misma época, hermanos y monjes cistercienses, que no conseguían memorizar los 150 salmos que su orden rezaba cada semana, habrían recitado 150 Padrenuestros.

Los laicos pronto copiarían esta forma de rezar, pero sustituyendo el Padrenuestro por el Avemaría. El nombre dado a esta devoción fue el Salterio de María.

Alrededor del año 1200, se dice que la Virgen María se apareció a santo Domingo y le dijo: “reza mi salterio y enséñalo a tu gente. Esta oración nunca fallará”.

Domingo difundió la devoción al salterio de María, y como afirma el padre Richter, esta devoción fue “incorporada de forma divina a la vocación personal de santo Domingo».

En las décadas posteriores, el rosario y el salterio de María convergieron, y la devoción tomó la forma específica que hoy conocemos – las 150 Avemarías se dividen en decenas, y el Padrenuestro se inserta entre ellas, así como se establecen los cuatro grupos de misterios – gozosos, dolorosos y gloriosos.

En 2002, Juan Pablo II añadió cinco misterios más al rosario, llamados los misterios Luminosos. Propuso estos misterios con el fin de “mostrar plenamente la profundidad cristológica del rosario” al incluir “los misterios del ministerio público de Cristo entre su Bautismo y su Pasión”.

2. El rosario es el arma espiritual de la Iglesia que pone “en fuga a los demonios”.

Desde el siglo XII, la Iglesia ha vuelto al rosario en momentos de dificultad y tribulaciones.

Jan KUCHARZYK/East News

En 1569, san Pío V consagró oficialmente el rosario, atribuyendo a su rezo la destrucción de la herejía y la conversión de muchos pueblos.

Pidió a los fieles que rezaran el rosario en aquellos tiempos “de tantas herejías, y  gravemente perturbados y afligidos por tantas guerras y por la depravación moral de los hombres».

El prolífico León XIII (1878-1903), conocido sobre todo por sus encíclicas sobre cuestiones sociales, sobre todo la Rerum Novarum (1891) sobre las condiciones del trabajo, escribió al menos 16 documentos sobre el rosario, incluyendo una docena de encíclicas.

Este “papa del rosario” escribió su primera encíclica sobre este en 1883, en el 25 aniversario de las apariciones de Lourdes.

En el texto él recuerda el papel de santo Domingo y cómo el rezo del rosario ayudó a derrotar a los herejes albigenses en el sur de Francia, en los siglos XII y XIII.

Santo Domingo, decía el Papa, “intrépidamente procedió a atacar a los enemigos de la Iglesia católica, no por la fuerza de las armas, sino confiando totalmente en la devoción que él fue el primero en instituir con el nombre del Santo Rosario”.

«Guiado por la inspiración y la gracia divinas”, prosiguió el Pontífice, “previó que esta devoción, como la más poderosa arma de guerra, sería el medio para poner al enemigo en fuga, y para confundir su audacia y loca impiedad”.

También habló sobre la “eficacia y poder” del rosario en la histórica batalla de Lepanto entre las fuerzas cristianas y musulmanas en 1521.

Las fuerzas islámicas habían avanzado hacia España, y cuando estaban a punto de superar a las cristianas, el papa Pío V hizo un llamamiento a los fieles a rezar el rosario.

Los cristianos ganaron, y en honor a esta victoria, el Papa declaró a María la Señora de la Victoria y declaró su fiesta el 7 de octubre, la fiesta del Santo Rosario.

Volviendo a la necesidad del rosario en sus tiempos, el Papa escribió:

“Pues es muy doloroso y lamentable ver a tantas almas rescatadas por Jesucristo, arrancadas a la salvación por el torbellino de un siglo extraviado y precipitadas en el abismo y en la muerte eterna. En nuestros tiempos tenemos tanta necesidad del auxilio divino como en la época en que el gran Domingo levantó el estandarte del Rosario de María, a fin de curar los males de su época».

Pío XI (1922-1939) dedicó su última encíclica sobre el rosario Ingravescentibus malis (29 de septiembre de 1937, el mismo año en que escribió la Mit brennender Sorge, en la que criticaba a los Nazis, y la Divini Redemptoris, en la que decía del comunismo ateo que “pretende derrumbar radicalmente el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana”.

Criticando el espíritu de la época “con su orgullo despreciativo”, el Papa dijo que el rosario es una oración que tiene “el perfume de la sencillez evangélica”, que requiere “humildad de espíritu”.

«Una innumerable muchedumbre de hombres santos de toda edad y de toda condición, lo han estimado siempre”, afirmó.

“Lo han rezado con gran devoción, y en todo momento lo han usado como arma poderosísima para ahuyentar a los demonios, para conservar íntegra la vida, para adquirir más fácilmente la virtud, en una palabra, para la consecución de la verdadera paz entre los hombres».

En 1951, Pío XII (1939-1958) escribió Ingruentium malorum (sobre el rezo del rosario):

«Solemnemente afirmamos cuán grande es la esperanza que Nos ponemos en el santo Rosario para curar los males que afligen a nuestro tiempo. No es con la fuerza, ni con las armas, ni con la potencia humana, sino con el auxilio divino obtenido por medio de la oración -cual David con su honda- como la Iglesia se presenta impávida ante el enemigo infernal”.

3. Para conocer a Cristo, hay que volver a María.

Padre Lawrence Lew / CC

En 1985, el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, admitió en el libro-entrevista Informe sobre la Fe con Vittorio Messori, que él pensaba que la declaración de que María es “la vencedora de todas las herejías” era algo “exagerada”.

Explicó:

“Cuando todavía era un joven teólogo, antes de las sesiones del Concilio (y también durante las mismas), como ha sucedido y sucede hoy a muchos, abrigaba algunas reservas sobre ciertas fórmulas antiguas, como por ejemplo aquella famosa ‘De Maria nunquam satis’ [de María nunca se dirá bastante].»

Es oportuno observar que Joseph Ratzinger creció en un ambiente muy mariano. Leemos en el libro Mi hermano el Papa, de su hermano George Ratzinger, que sus abuelos se casaron en el Santuario de Nuestra Señora de Absam, y que sus propios padres se conocieron a través de un anuncio que su padre puso (en dos ocasiones) en el periódico del santuario mariano de Altotting.

Los Ratzinger rezaban el rosario juntos muchas noches, y en mayo asistían a numerosas celebraciones de María y del rosario. Y sin embargo, a pesar de su familiaridad con María y la devoción mariana, no parecía convencido.

Como explica en Informe sobre la Fe, el cardenal, como prefecto de la congregación doctrinal vaticana, experimentó una pequeña conversión.

“Hoy – añadía – en este confuso periodo en el que todo tipo de desviación herética parece agolparse a las puertas de la fe católica, comprendo que no se trata de exageraciones de almas devotas, sino de una verdad hoy con más vigor que nunca».

«Es necesario volver a María si queremos volver a la verdad sobre Jesucristo, a la verdad sobre la Iglesia y a la verdad sobre el hombre».

«El rezo del Rosario nos permite poner nuestros ojos y nuestro corazón en Jesús, como su Madre, modelo insuperable de contemplación del Hijo”, dijo Benedicto XVI el 12 de mayo de 2010, en el santuario de Nuestra Señora de Fátima.

“Al meditar los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos, recitando las avemarías, contemplamos todo el misterio de Jesús, desde la Encarnación a la Cruz y la gloria de la Resurrección; contemplamos la íntima participación de María en este misterio y nuestra vida en Cristo hoy, que también está tejida de momentos de alegría y de dolor, de sombras y de luz, de contrariedades y de esperanzas”.

“La gracia inunda nuestro corazón suscitando el deseo de un cambio de vida radical y evangélico, en comunión de vida y de destino con Cristo, de manera que podamos decir con San Pablo: “Para mí la vida es Cristo” (Flp 1, 21).

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