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Una mirada al Genio Femenino

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Como ha dicho Francisco, la mujer es imprescindible para la Iglesia

Me llamaron poderosamente la atención las palabras que el papa Francisco dedicó a la mujer en la entrevista con el director de la revista jesuita La Civiltà Cattolica que hace unos días dio la vuelta al mundo.
 
No es que la ‘importancia’ de la mujer en la Iglesia se le haya ocurrido a él, pero su afirmación acerca de la necesidad de ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia, según sus propias palabras, actualiza un asunto que siempre me ha cuestionado.
 
En 1988, Juan Pablo II ya había reflexionado acerca de esta presencia femenina. Entonces publicó una hermosa y elocuente carta apostólica “Sobre la dignidad de la mujer”, donde precisamente quedó plasmada, por primera vez, la expresión del “genio femenino”. Con ella, el Papa quiso subrayar el aporte particular de la mujer, en aquello que la distingue del hombre, en el acontecer del mundo y de la Iglesia.

Antes, en 1965, al clausurar el Concilio Vaticano II, Paulo VI también había dicho algo muy potente: “Ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora”.
 
Pensándolo bien, la verdad es que todo comenzó al principio de esta historia, cuando el fundador de la Iglesia trajinó por nuestro mundo y, cómo no, se topó con varias de mis congéneres. La primera fue su madre, María, en la que todo está dicho respecto a la mujer, en quien ese genio femenino se da en plenitud y con tal sobreabundancia que a algunos les parece imposible.
 
Por eso, creo yo, los evangelistas (que seguramente no entendían qué estaba haciendo su maestro) también nos cuentan con lujo de detalles y no poca sorpresa los encuentros de Jesús con otras mujeres, la Magdalena, la samaritana, las hermanas de Lázaro, Martha y María; la adúltera a la que salvó la vida, entre muchas más, cada una con su historia de vida y su estilo particular.
 
Algunos bromean cuando explican que Jesús resucitado se dejó ver primero por mujeres para asegurarse de que el acontecimiento fuera contado por toda la ciudad. Como sea, lo cierto es que las primeras en ver su triunfo sobre la muerte fueron ellas, un grupo de mujeres.
 
Hoy no hay dudas acerca de la función social de la mujer, no solo en la Iglesia sino en todos los campos del quehacer humano. Pero como también ha dicho Francisco, se corre el riesgo de caer en un “machismo con faldas” que es lo que ideologías como la de género nos venden como reivindicación femenina cuando, en realidad, traicionan lo verdaderamente femenino, confunden función con dignidad y terminan ahogando ese genio propio y exclusivo de la mujer.
 
Coincidentemente, por decirlo de alguna manera, para estos días, la Sección Mujer del Pontificio Consejo para los Laicos ha organizado un seminario que profundizará con seriedad en la figura femenina. Entre sus objetivos está reflexionar sobre el papel de la mujer ante la grave confusión antropológica que interpela a todos en los tiempos actuales. Convocado desde antes de la elección de Francisco, las palabras del Papa en los últimos días confirman que la Iglesia está decidida a afrontar las cuestiones profundas que las mujeres están formulando.

Como ha dicho Francisco, la mujer es imprescindible para la Iglesia; hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer. En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino.
 
(*) Publicado en el diario El Comercio (Perú) el 1 de octubre de 2013

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