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La solución a la crisis no es menos, sino más Europa

Inma Álvarez - publicado el 27/09/13

La confianza de los europeos parece haber disminuido en la Unión

La crisis económica está minando la confianza de los europeos en la Unión, o así se desprende de las encuentas de los últimos años. Algunas corrientes de opinión achacan al euro parte de culpa de la crisis, y proponen acabar con la unión monetaria. Sin embargo, esta crisis de confianza ¿es sólo por dinero? Sobre esto nos habla Susana Sanz, Profesora de Derecho Internacional, asesora de UE y Cátedra Jean Monnet.

– La crisis económica está debilitando la confianza de los ciudadanos europeos en Europa, según se desprende de los datos proporcionados por FUNCAS. ¿Qué diagnóstico haces tu de esta crisis de confianza?

La crisis de confianza de los ciudadanos europeos de la Unión Europea sin duda se ha visto acrecentada con la crisis económica actual pero lo cierto es que esa crisis de confianza comenzó antes, al menos en algunos otros países miembros. Es verdad que España había sido muy europeísta desde su entrada en la Unión y que la crisis económica tan profunda que atravesamos -y para la que no vemos que la Unión Europea tenga una varita mágica- es la que nos ha vuelto más escépticos.

Sin embargo, otros países europeos mostraron desde antes incluso de la crisis económica una actitud menos complaciente con la Unión que España. Basta mencionar la peculiar y tradicional idiosincrasia del Reino Unido dentro de la Unión (que además anuncia ahora la celebración de un referéndum nacional sobre la pertenencia a la Unión) para comprobar que no todos fueron siempre tan optimistas con ella, o el rechazo que los ciudadanos de algunos países como Irlanda, Holanda o Francia manifestaron en referéndum de a algunas de las reformas de la Unión, o la actitud combatiente hacia Bruselas que muestran en muchos temas países de reciente incorporación como Hungría o la República Checa.

El bajo índice de participación de los ciudadanos europeos en las elecciones al Parlamento Europeo es otra demostración de que, en términos globales, la crisis de confianza viene de antiguo puesto que las cifras de participación siempre han sido llamativamente bajas.

La expresión acuñada ya hace años del “déficit democrático de la Unión” no hace sino poner de relieve una de las causas de esta crisis de confianza. La Unión lleva tiempo aprobando medidas para intentar paliar esta acusación de crisis de legitimidad , sin embargo a esta crisis de legitimidad democrática se añade ahora la de crisis económica, lo cual complica las cosas enormemente.

En todo caso, yo no magnificaría esta situación de crisis de confianza. La historia de la Unión está llena de momentos de euro-optimismo y otros de euro-pesimismo, momentos en los que se daban pasos hacia delante y otros con pasos hacia atrás. Y al final Europa encuentra siempre la forma de resurgir y seguir avanzando.

– La base de la Unión Europea ha sido y es el Mercado Común, junto con la moneda única; pero este modelo ¿está siendo cuestionado por la crisis económica? ¿Podría plantearse una salida del euro de algunos países?

La respuesta a la crisis económica no debe ser “menos Europa” sino “más Europa”. El modelo europeo comenzó con el mercado común y siguió con la moneda única pero no se queda ahí, integra también lo social, lo medio-ambiental, poco a poco va integrando lo político y algún día integrará también la defensa. Hay grandes lagunas y fallos en el sistema, como lamentablemente la crisis nos está haciendo comprender. Idear una unión económica y monetaria sin hacer lo propio con una unión bancaria obviamente fue un error.

Pero el modelo es válido, es y ha sido exitoso pese a  que en estos momentos los árboles no nos dejen ver el bosque. Lo que se ha conseguido en Europa se mira con admiración en otras partes del mundo. Que países que durante siglos sólo guerrearon entre sí hayan conseguido tal grado de colaboración y cesión de competencias nacionales a una entidad común es un mérito que nadie le debe ningunear a la Unión. Nos hemos acostumbrado tanto a esta situación, la damos tan por hecho que hemos perdido la perspectiva de la magnitud de lo conseguido hasta ahora.

No creo que haya que cuestionar el modelo, hay que perseverar en él y utilizar el modelo, es decir, hacer más Europa, para salir de la crisis económica. Quizá lo que sí que nos falte en este momento son líderes visionarios como los que crearon la CECA en 1951, valientes y decididos, europeístas convencidos, que velen más por el bien común que por el bien particular de su propio Estado. Abundan los dirigentes cortoplacistas que sólo piensan en la próxima cita electoral nacional y en cómo llegar al gobierno más que políticos que piensen en el medio y largo plazo y en el desarrollo y bienestar del conjunto.

– Europa como proyecto político ¿podría también entrar en un proceso de revisión? ¿Afecta la crisis al modelo político de la Unión, por ejemplo, con la constatación de que existe una Europa de dos velocidades?

Hay un modelo europeo pero que siempre se está reinventando. La Unión no está hecha, se está haciendo, y nadie tiene una bola de cristal para saber qué forma adoptará en el futuro, o cuál será su resultado final. Según a quien consultes, te hablarán de un futuro federal, confederal, de una Europa de las regiones, de una Europa de varias velocidades o de geometría variable, de una Europa asimétrica, con cooperaciones reforzadas…

De la Europa de varias velocidades se viene hablando desde mucho antes de que la crisis económica estallara. De hecho, esa expresión surgió en la época en la economía europea era pujante. Con ella se constataba el hecho de que, a medida que la Unión Europea se fuera ampliando a más países –y esto era algo ineludible porque cada vez hay más países europeos que quieren ser miembros y hacen esfuerzos económicos y de democratización para entrar- quizá el grado de compromiso y de profundidad de las cesiones competenciales sería más difícil de alcanzar. Small is beautiful, dicen los anglosajones, y lo cierto es que cuanto más pequeño sea un grupo, más compacto resultará y más fácil será que sus miembros lleguen a acuerdos.

La Europa de varias velocidades ya existe. No todos los Estados miembros de la Unión participan de la unión monetaria, ni del espacio Schengen. Algunos como Polonia, Reino Unido o Chequia también rechazan la aplicación en su territorio de la Carta de Derechos Fundamentales. Y el establecimiento de las cooperaciones reforzadas en los Tratados es una constatación de que no todos los Estados europeos quieren ir igual de aprisa en esta unión.

– Cuando Adenauer, De Gasperi, Monnet o Schumann concibieron la creación de una unidad política y económica llamada Europa, ésta se basaba en la solidaridad entre los pueblos. ¿Crees que este ideal, como algunos afirman, ha sido "traicionado"?

No podemos dar una respuesta cortoplacista, simplemente con los datos del momento actual de crisis que vivimos. Hay que tener más visión. También los padres de la construcción europea vivieron en los cincuenta periodos duros y de fracaso, como cuando en 1952 se rechazó el proyecto de Comunidad Europea de Defensa.

La solidaridad ha existido en toda la historia de la Unión desde que las Comunidades Europeas admitieron en 1973 al primer Estado que, comparativamente hablando, tenía un PIB más bajo que los demás (Irlanda). Y esa solidaridad la hemos vivido, nos ha beneficiado y nos ha hecho crecer mucho a España. Creo sinceramente que ha habido mucha más solidaridad entre los países europeos que la que muchas veces se ha visto entre regiones de un mismo Estado.

El ideal no ha sido traicionado pero en una época en la que económicamente no le va bien a ningún Estado europeo es más difícil hacer esos ejercicios de solidaridad interestatal que antaño.

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