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La intervención que el Papa Francisco sí pide en Siria

© MANDEL NGAN / AFP
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Dos millones de refugiados, más de la mitad niños, se encuentran en situación desesperada

Cuando el Papa Francisco habla de la intervención en Siria, lo hace en dos sentidos: está claro que desde el primer momento, la acción papal y vaticana se ha dirigido a prevenir la intervención militar que, según los  testimonios de los cristianos del país, sólo agravaría la situación y podría extender el conflicto a los países cercanos.
 
Pero el Papa no dice que no hay que intervenir en Siria: no pasa una sola ocasión pública en la que el Papa no pida a las grandes potencias que trabajen por promover el diálogo y la reconciliación, y que hagan lo posible para paliar la situación del pueblo sirio.
 
“Comprometámonos todos en alentar los esfuerzos para una solución diplomática y política de los focos de guerra que aún preocupan. Mi pensamiento se dirige de manera especial a la querida población siria, cuya tragedia humana puede ser resuelta sólo con el diálogo y la negociación, en el respeto de la justicia y de la dignidad de cada persona, especialmente de los más débiles e indefensos”, decía el Papa ayer, al término de la audiencia general.
 
En estos momentos, mientras los medios de comunicación de todo el mundo se concentran en la posible decisión de Obama, la Santa Sede insiste sin que casi nadie parezca escuchar, en que hay que actuar lo antes posible para prevenir una catástrofe humanitaria: más de dos millones de personas (hasta 4, según algunas fuentes), casi la mitad niños, malviven en condiciones cada vez peores en campos de refugiados en las fronteras con el Líbano, Iraq, Turquía y Jordania.
 
La ONG española Acción contra el Hambre, que opera en la zona, advierte que más de un millón de sirios se han refugiado en el Líbano, en condiciones cada vez peores. Cristina Portales, técnico de Promoción de Higiene de esta ONG  en el Líbano, advierte que la situación en los campos es de auténtico hacinamiento: “La situación es muy difícil, apenas logran conseguir ayuda para construir una pequeña tienda de tela”.
 
Desde el primer momento, la Santa Sede está presente en la zona a través de Caritas Internationalis. El presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, el cardenal Robert Sarah, visitó en febrero el país.
 
En una reciente entrevista realizada por L’Osservatore Romano (8 de septiembre), el cardenal Sarah mostraba una gran tristeza por el progresivo empeoramiento de la situación: “ya son más de 2 millones los refugiados que se agolpan en los países limítrofes. Piense que cuando visité esos lugares eran cerca de 230.000”.
 
“Se trata de una cifra alarmante. Un aumento del 97% respecto a hace un año. Quiere decir que más del 30% de la población siria -si a los refugiados se suman los desplazados internos- está obligada a dejar sus casas, obligada a vivir en condiciones de extrema pobreza y dificultad. Y pensando en posibles intervenciones armadas, se puede prever una escalada que tendría consecuencias terribles”, afirma el cardenal Sarah.
 
Para monseñor Antonio Maria Vegliò, presidente del Consejo Pontificio para los Migrantes e Itinerantes (L’Osservatore Romano, 7 de septiembre de 2013), la situación es tan grave que “existe el riesgo de que una generación entera de niños  se convierta en una generación perdida”. No sólo hablamos de los refugiados en otros países: en la propia Siria, “un tercio de la población, siete millones de personas, necesitan asistencia humanitaria. Más de 110.000 ciudadanos han muerto”.
 
Especialmente duro era monseñor Javier Montemayor, nuncio en Senegal, en unas declaraciones recogidas por Fides: es ahora “el tiempo de movilizarnos y mostrar en nuestra vida cotidiana signos eficaces de solidaridad con el pueblo sirio que sufre profundamente. La inacción personal significaría una traición a los hermanos y hermanas que están en necesidad en Siria, y lo más importante, daría lugar a un grave pecado de omisión digno de la ira de Dios”.
 
La acción que pide la Santa Sede
 
El pasado 4 de septiembre, el secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti, reunía a todos los embajadores de los países que tienen lazos diplomáticos con la Santa Sede, para explicarles la posición de la Santa Sede: lo primero, es necesario trabajar para que cese la violencia de inmediato, desde el diálogo y la reconciliación. Lo segundo, es necesario garantizar el respeto al derecho humanitario.
 
Respecto al primer objetivo, la Santa Sede pide una acción en base a tres principios: trabajar para que se reanude el dialogo entre las partes y por la reconciliación del pueblo sirio; preservar la unidad del país, evitando la constitución de zonas distintas según los diversos componentes de la sociedad; y en tercer lugar, garantizar, junto a la unidad del país, también su integridad territorial.
 
“Será importante pedir a todos los grupos – en particular a los que se dirigen a quienes detentan puestos de responsabilidad en el país– que ofrezcan garantías y que en la Siria de mañana haya sitio para todos, también y particularmente para las minorías, incluidos los cristianos”, afirmaba monseñor Mamberti.
 

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