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A vueltas con la autoridad mundial

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¿Qué instancia internacional está legitimada hoy para «poner paz» en el conflicto sirio?

El Papa Francisco albergaba el pasado sábado la esperanza de que incluso aquellos que están llamados a gobernar las naciones se convenciesen de que la guerra nunca es camino para la paz; y de que en cambio, sólo a través del perdón, del diálogo, y de la reconciliación se puede conseguir la paz: en la amada nación siria, en Oriente Medio, y en todo el mundo.
 
Una de las constantes de la historia son los periódicos intentos de asegurar el orden y la paz continental o mundial a través de la imposición de ese pseudo-orden y de esa pseudo-paz, conseguidos a través de las armas, y mantenidos a través del férreo poder de la imposición y el temor. La unidad de y entre los pueblos y la paz de y entre los pueblos sólo es posible desde la razón, la justicia, la igualdad, la libertad, la participación, y la fraternidad.
 
En la Cumbre del G-20 el presidente Obama demostró en una frase que es igualito que sus antecesores, al decir que “todo el mundo espera que Estados Unidos solucione el problema de Siria”. Pues no, Señor Obama, no todo el mundo quiere que cada vez que haya un conflicto nacional o internacional venga Usted a poner orden con el lenguaje de los misiles y sus “daños colaterales” que se llevan miles de vidas inocentes. Nadie le ha dado el titulo de “Cherif” del mundo, y menos con “licencia para matar”.
 
La única autoridad mundial que un presidente de Estados Unidos puede ganarse es la autoridad moral de la solidaridad. Ya que es la nación más rica del mundo, y que más presume de democracia y de proteger las libertades individuales, que sea la primera en el ranking de la generosidad.
 
Mientras el Señor Obama cacarea su preocupación por las víctimas de armas químicas en Siria, los hospitales en ese país no tienen el instrumental médico necesario para atenderlas debidamente. Pero ni al Señor Obama ni a ninguno de sus secretarios se le ocurre que su cacareado liderazgo mundial podría empezar por facilitar ese instrumental médico, que seguro que costará por lo menos una millonésima parte de lo que cuesta atacar a la nación siria con sus bombas, supuestamente, para salvarla de si misma. Somos menos ricos, Señor Obama, pero no menos listos que usted. Son su prepotencia manifiesta y sus intereses ocultos, y no las víctimas de las armas químicas, los que justifican su mortíferos planes de intervención militar.
 
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