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¿Sería la intervención de Estados Unidos en Siria una guerra justa?

© AFP PHOTO / ABU AMAR AL-TAFTANAZ
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Los elementos que intervienen en las decisiones están rodeados de gran confusión

La decisión de entrar en guerra nunca es fácil, hay que valorar elementos morales, legales y prácticos. A veces no se dispone de la información o necesaria para tomar la decisión o, lo que es peor, se asume como erróneamente como correcto lo que no lo es.
 
Son tres los elementos que se valoran en el asunto de si se debería intervenir militarmente en Siria, y todos están rodeados de confusión. Hay, además, dos tentaciones que oscurecen si cabe esta toma de decisión.
 
La primera es la de creer que el reciente uso del gobierno sirio de armas químicas no debe quedar impune, y la segunda es considerar la situación como una oportunidad de conseguir objetivos relacionados con la misma (como la degradante capacidad del gobierno de continuar la guerra civil la protección de la reputación de América).
 
Una función práctica de los principios de guerra justa es conseguir que los que tienen que tomar la decisión no se vean distraídos por tentaciones y se concentren en el verdadero objetivo de la misma que es restaurar una paz justa. El uso injusto de la fuerza nunca da buen resultado (en algunos casos el uso justificado también acaba mal). En la situación siria, tal y como está ahora, el uso por parte de Estados Unidos de la fuerza armadas viola los principios esenciales de la teoría de la guerra justa y no es ética.
 
En primera instancia, el uso de la fuerza armada por parte de una nación debería limitarse. No se puede atacar a otra nación porque no te gusta qué empleo hace de su fuerza. Podría haberse hecho uso si vidas inocentes se hubieran visto inmediatamente amenazadas, pero el presidente y sus asesores militares han admitido que no existe una amenaza inmediata. El uso de la fuerza podría ser punitiva, pero Estados Unidos no tiene autoridad para imponer un castigo.
 
En segundo lugar, mientras que un ataque deliberado sobre una población civil es un hecho reprobable, no es cierto que el uso de armas químicas contra civiles sea moralmente diferente al ataque mediante balas, bombas o artillería. Así que, el uso de armas químicas, de por sí, no es una causa que justifique el empleo de la fuerza.
 
En tercer lugar, todo uso de las fuerzas armadas, especialmente al comienzo de las hostilidades, debería tenerla intención de restaurar una paz justa.
 
El debate público en torno a la propuesta americana de atacar siria padece una falta de rectitud de intención, o una intención clara en cualquier caso. No tenemos muy claro que se pretende obtener, y parece que se le está dando poca atención a las involuntarias, pero muy peligrosas, consecuencias de un ataque.

Ciertamente el gobierno no defiende la idea de que un ataque, incluso uno muy limitado, sea un paso constructivo hacia el restablecimiento de la paz en Siria.
 
En resumen, el gobierno y el Congreso de los Estados Unidos harían bien en atender a los principios de la guerra justa al considerar una acción contra Siria y no dejarse engañar por las distracciones y las tentaciones prácticas.
 
 

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