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Los “lobby” impiden a los ciudadanos vivir en democracia

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Monseñor Mario Toso habla en España de doctrina social de la Iglesia

Se está celebrando en Madrid, el XXI Curso de Doctrina Social de la Iglesia organizado por la Fundación Pablo VI y en el que están participando diversas personalidades del mundo de la Iglesia.
 
Monseñor Mario Toso, secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz de la Santa Sede ofreció una ponencia inaugural en la que mostró cómo “la crisis actual de la democracia es debida a la pérdida de los parámetros antropológicos y éticos que forman las conciencias” y que uno de los grandes síntomas es “la crisis del Estado de Derecho”.
 
En su extensa intervención, monseñor Mario Toso puso el dedo en la llaga democrática de la representación política, culpando a los “lobby” de “elegir y pilotar a los candidatos y elegidos, impidiendo a los ciudadanos el elegirlos y controlarlos” y puso de manifiesto distintos problemas actuales de la democracia como la “gestión vertical y no democrática” de los partidos; la “degradación moral de las clases dirigentes” o la aparición de “personajes carentes de contenidos y de propuesta”, pero que son aupados al poder por “poderosas campañas mediáticas realizadas sin ahorrar medios”. Es “la reducción de la política a “espectáculo”, afirmó.
 
Esta crisis de representación y del principio de autoridad, explicó el secretario de Justicia y Paz propugna la “creación de movimientos” y prospectivas de democracias participativas con reivindicaciones individualistas y pretensiones de autorepresentación”.
 
Sin representantes elegidos libremente por los ciudadanos, sin autoridad, sin parámetros antropológicos y éticos que forman las conciencias y con políticos más interesados en el espectáculo que en el ejercicio del bien común se producen distintas incongruencias en el Estado de Derecho que ponen de manifiesto su crisis actual.
 
Crisis del Estado de Derecho
 
Esta crisis del Estado de Derecho tiene multitud de manifestaciones y monseñor Mario Toso quiso mostrar alguna de ellas, como por ejemplo el reconocer el derecho a la vida y a la vez “liberalizar en la práctica el aborto”, cuando no proponerlo como un derecho.
 
O por ejemplo, el consentir “la discriminación del que hace objeción de conciencia hacia el aborto, a la eutanasia y a la guerra”.
 
También existe contradicción en aprobar el derecho a la libertad religiosa y sin embargo observar como “crecen los prejuicios y la violencia hacia los cristianos y miembros de otras religiones en el área de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa)”. “La intolerancia en nombre de una misteriosa “tolerancia” debe ser llamada con su verdadero nombre y condenada públicamente”, explicó.
 
Las últimas legislaciones sobre el matrimonio del mismo sexo también son prueba de esta crisis del Estado de Derecho, según el secretario de Justicia y Paz, que aseguró que una “institución regida por la ley debe continuar señalando el vínculo estrechísimo entre estado conyugal y procreación, entre el amor fiel de un hombre y una mujer y el nacimiento de un niño”.
 
A la luz de estas incongruencias, monseñor Mario Toso declaró que “no pocas democracias se apoyan cada vez más en ordenamientos y praxis jurídicas que parecen contradictorias o, por lo menos, no coherentes” y explicó que el debilitamiento ético de las democracias también implica su  “declive civil y demográfico”.
 
La religión como posible solución
 
Ante esta crisis moral y ética, ante tantos ordenamientos jurídicos no coherentes y la proliferación de lobbies que reducen la política al espectáculo, el secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz defendió el valor de la religión como “función correctora” o de “recuperación de una razón práctica integral.
 
“El Estado laico de derecho, frente al primado de la persona y de la sociedad civil, no puede considerarse fuente de la verdad y de la moral en base a una doctrina propia o ideología”, explicó Mario Toso, añadiendo que el apartar la religión de la esfera pública lo único que produce es el debilitamiento de la democracia.
 

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