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Hace 500 años un extremeño descubrió… el Pacífico

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Celebraciones por la gesta de Vasco Núñez de Balboa

La vista de la enorme masa de agua estremeció al bizarro Vasco Núñez de Balbao (Jérez de los Caballeros, Extremadura-España, 1475) y mandó entonar un “Te Deum laudamos” desde la cresta de la montaña del istmo de Panamá. Junto con sus hombres, había descubierto lo que posteriormente se conocería como el océano Pacífico.
 
El próximo 25 de septiembre se conmemoran los 500 años de ese descubrimiento por un europeo. La Junta de Extremadura ha creado la Comisión del Quinto Centenario con diversos actos y distintos encuentros con representantes de las naciones de la Alianza del Pacífico (Perú, Chile, Colombia y México) para impulsar y profundizar en las relaciones culturales y comerciales.
 
Aquel aventurero, nacido en un pueblo extremeño, acudió muy pronto a la llamada de su fogoso corazón. A los 25 años, se embarcó rumbó a las Américas para vivir en primera persona los hitos de otras gestas auspiciados por la Corona española. Tras una  breve estancia sedentaria en tierras panameñas y acuciado por las deudas, se enroló con su perro Leoncico en una expedición. Fray Bartolomé de las Casas glosario su carácter “de buen entendimiento, mañoso y animoso, y de muy linda disposición y hermoso gesto y presencia”.
 
Su carisma, ambición, talante magnánimo y destreza con la espada (era conocido como “El esgrimidor”) le impelía a embarcarse en nuevos proyectos antes de arribar a su mayor conquista.
 
Santa María la Antigua y el Pacífico
 
En 1510, tras derrotar a diversos caciques locales fundó Santa María de la Antigua de Darién, en el actual Panamá, una de las primeras ciudades establecidas en tierras continentales, de la que ocupó la alcaldía. Pero pronto acabaría su inactividad al oír las maravillas indígenas sobre un “Lago de oro” ignoto hasta la fecha. Con cerca de 200 hombres se dirigió hacia el istmo de Panamá y derrotó al cacique Torecha ocupando el 23 de septiembre el valle de Cuarecuá.
 
Tras las montañas de su zona occidental, se encontraba lo que llevaba ansiando desde hace años, desde que ocupaban sus pensamientos juveniles las grandes hazañas de otros exploradores, el “Lago de oro”. Según las crónicas, Balboa subió en solitario la última cresta, se quitó el sombrero y cayo de rodillas al divisar el que nombraría como Mar del Sur y que, posteriormente, se llamaría océano Pacífico, la mayor densidad de agua jamás hallada que ocupa un tercio de la superficie terrestre.
 
Abrir Extremadura a Sudamérica y al mundo
 
La Junta de Extremadura aprovecha la efeméride de su paisano para intentar estrechar lazos culturales y comerciales con los países de la Alianza del Pacífico. Organizó recientemente un encuentro en Mérida con representantes de Chile, México, Perú, Colombia y Panamá, que se encuadra con los actos establecidos por la Comisión del Quinto Centenario (http://vcentenariopacifico2013.gobex.es).  
 
En su web, el presidente de la Junta, José Antonio Monago, destaca el carácter extremeño “porque nuestro ADN es el de grandes conquistadores”, como Vasco Núñez de Balboa, “que dejó su hacienda, dejó una cómoda vida, para convertirse en unos de los descubridores españoles más importante en América del Sur. Su ADN es también el de los miles de extremeños que marcharon” a otros lugares, “el de nuestros emprendedores y empresarios, agricultores y estudiantes”.
 
Extremadura quiere abrirse camino en Sudamérica para sus pymes y estrechar relaciones, para lo cual ha proyectado actividades en las áreas económicas, comerciales, turísticas, culturales, educativas y académicas, que recoge su web.
 
En la reunión de Mérida, el consejero de Economía, Antonio Fernández, proyectó “un proceso de integración abierto: abierto a la inclusión de más países, a la ampliación de lazos comerciales, de vínculos económicos y de cooperación con otros países y con otras áreas”.
 
Es posible que este empuje institucional hubiera sido refrendado por Vasco Núñez de Balboa, pero lo que no nos cabe duda es que las epopeyas, como la que asumió éste, sólo están a la altura de seres humanos atrevidos, dispuestos a empujar y cooperar con otros en la construcción del bien común.
 
 
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