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"Tal vez la mejor manera de contar el Nuevo Testamento..."

PASSIONSSPIEL,OBERAMMERGAU

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Oberammergauer Passion Play, 1871

Enrique Chuvieco - publicado el 03/09/13

Denis Rafter destaca la fuerza del teatro en Semana Santa y la hondura existencial de Shakespeare

Desde que a los siete años subiera a un escenario en su Irlanda natal, Rafter no se ha separado prácticamente de las tablas y de las actuaciones delante de la cámaras.

Se ha emocionado escenificando la Pasión de Jesucristo en Semana Santa por las calles de Ciudad Rodrigo (España) y tiene idéntico pálpito, y miedo –“siempre tres minutos” antes de empezar una actuación-, delante del público.

Agradece a Dios que le haya “dado el don de hacer sentir al público: hacerle reír, llorar y pensar” y encumbra al genial autor de Romeo y Julieta, porque “nos hace pensar en nosotros mismos: lo que somos, lo que podemos ser, cómo podemos equivocarnos y cómo ser mejores personas”.

Cree que muchos afamados directores han representado en España a Shakespeare “para brillar ellos”, destruyendo “las cualidades de las obras” del genio inglés.

Por tu dilatada trayectoria como actor y director teatral, nos llama la atención tu participación en la Semana Santa de Ciudad Rodrigo, ¿que te llamó la atención en esta escenificación de la Pasión de Jesucristo?

La sinceridad de los actores, cómo se dedican gratuitamente al trabajo, la participación de muchos jóvenes; la luz de la Luna en el entorno de la catedral…

Me sentí humilde por volver a contar la historia del sufrimiento y sacrificio de Jesucristo, hacer vivir de nuevo estos acontecimientos más de 2.000 años después. Así es la fuerza  y poder del teatro: me emociona formar parte del equipo.

En cuanto al lugar, yo había hecho en la zona teatro de todo tipo como actor y director. Mi vinculación con su Semana Santa, fue a raíz de conocer hace años la energía y capacidad de trabajo del rector del Seminario, Juan Carlos Sánchez; contactar con Pablo Moreno, que interpretaba a Jesucristo, y al resto de actores. Creo que, como muchos encuentros en nuestras vidas, fue predestinado.

¿Consideras que este tipo de representaciones pueden favorecer el acercamiento de las personas al conocimiento y práctica de las enseñanzas de Jesús?

El teatro siempre ha estado vinculado con la Iglesia y nuestros ritos cristianos contienen muchos elementos dramáticos. El arte escénico, en su sentido más puro, es espiritual y nos hace reflexionar sobre el Bien y el Mal.


GODSPELL

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En cualquier obra de Shakespeare, se encuentra esta lucha interior del hombre.

La Pasión como se celebra en muchos lugares capta la fusión perfecta entre el teatro y la Iglesia, máxime cuando participan casi todos los jóvenes de la ciudad. Como Poncio Pilato, he contemplado a la muchedumbre acusar a Jesús desde el balcón alto de la catedral…

En España hay mucha tradición de celebraciones de la Semana Santa y no hay pueblo que no saque a su Cristo o Virgen en esas fechas. Por otro lado, la práctica religiosa es reducida, ¿a qué crees que obedece esta especie de esquizofrenia?

Lo desconozco, pero creo que el teatro es tal vez la mejor manera de contar la historia del Nuevo Testamento, de aquellos acontecimientos que cambiaron hace 2.000 años la historia del mundo, que implica a todos, creyentes y no creyentes.

¿Por qué? Porque nos hace sentir los sentimientos de aquel entonces.Pocas veces un sermón puede conseguir esto. Hoy en día pocos son dinámicos y creíbles; me aburren más que conmueven. ¡Qué pena! Lo que antes fue una gran fuerza para explicar el Evangelio –el poder de la palabra- hoy casi no existe.

Aunque no siempre esté de acuerdo con las predicaciones de san Vicente Ferrer, hubiera sido fascinante escucharle. Por eso, no entiendo por qué la Iglesia no hace más caso a las cualidades del teatro para comunicar sentimientos y emociones.

Ben Stansall via AFP

Aunque llevas más de 20 años en España, ¿te chocan estos contrastes entre la religiosidad popular de «temporada» y la interiorización del mensaje evangélico?

Es justo de eso de lo que estoy hablando: la emoción interior del pueblo por el mensaje de Jesús, inspirado por un acto teatral, demuestra que la gente busca algo y aquel Algo sale en la Pasión de Semana Santa.

En cualquier pueblo o ciudad de España, cuando sale la Virgen o Jesús crucificado hace sentir y emocionar a la gente. Son sólo estatuas pero tocan el alma de cada persona y el mensaje del Evangelio llega a cada uno de una manera muy directa.


ANTONIO BANDERAS

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¿Cómo se vive la religiosidad popular en Irlanda y en qué elementos difiere de la española?

Irlanda es un país cristiano desde el año 432 y siempre ha sido muy católico, pero en los últimos años la Iglesia ha perdido mucha credibilidad por el comportamiento de algunos.




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Hay que distinguir entre los errores de la Iglesia y la fe en Cristo. Los irlandeses no han perdido la fe en Jesús pero sí en la Iglesia, que tardará mucho para recuperarla.

Con respecto a España, tal vez el católico irlandés es más humilde que el español.

Llevas varias décadas encima de los escenarios como actor y director, ¿de dónde te viene este amor por la interpretación?

La primera vez que salí a un escenario tenía 7 años, fue en mi pueblo, al norte de Dublín. Mi padre era el director del grupo y mi madre era muy buena comedianta. El teatro estaba en mi sangre.

Reconocí desde muy joven que hacer reír o llorar a la gente como actor era un don muy especial y no quería perder esta gran vocación.

¿Quiénes han sido tus maestros, tus referentes, en el arte dramático?

La vida misma ha sido mi maestra, mi musa. He aprendido todo observando a la gente: el ser humano es la creación más complicada y fascinante de este universo increíble.

Soy una esponja, absorbo todo lo que está a mí alrededor. Soy a veces inquieto y hablo con todo el mundo y otras veces soy contemplativo y silencioso.

En el escenario, ¿que son más importantes las palabras, el texto o los gestos y los silencios?

El actor no debe distinguir entre texto y movimiento; deben ser orgánicos y estar unidos. Los silencios son textos sin sonido o, mejor dicho, sin palabras. Un suspiro puede comunicar mucho texto.

Te he oído decir que sobreactuar es artificioso, ¿qué pautas debe reunir una buena actuación teatral o cinematográfica? O bien, ¿qué diferencias hay entre una y otra?

En el fondo hay mucho en común entre la interpretación en el teatro y en el cine, pero también hay técnicas diferentes.

En el cine todo es muy minimalista, la fuerza está muy concentrada; en el teatro está más abierta, tienes que hacer que las emociones vuelen más.

Eso sí, es más difícil interpretar en un escenario para un actor de cine por la necesidad de proyectar más la voz.

Has actuado en los principales escenarios, contando con el favor del público, ¿cómo consigues establecer ese magnetismo con los espectadores?

Tres minutos antes de salir al escenario tengo mucho miedo. Empiezo a preguntarme cómo puedo divertir a quinientos españoles durante hora y medio con textos en inglés o con mi acento cuando hablo en español.

Salgo al escenario, y veo al público y me identifico con él. Doy gracias a Dios que me ha dado el don de hacer sentir al público, hacerle reír, llorar y pensar.

Después me embarga un gran amor por ellos y mi vocación de actor. Ellos lo notan. Y ya está; estamos unidos en espíritu y pensamiento.

¿Crees que hay buenos actores y autores españoles? ¿Cómo valoras la enseñanza dramática en nuestro país?

Aquí hay buenos actores y autores. Cada país tiene los suyos, pues el arte es universal y sin nacionalidad. Pero hay épocas en las que florece más en un país que en otros por factores y coincidencias ajenas a su capacidad creativa.

Cuando una nación está bajo un sistema totalitario sufre la creatividad, ya que hay que tener libertad de expresión para crear.

En España, hay que mejorar la enseñanza dramática, pero sobre todo falta interés por parte de las entidades públicas e institucionales.

Shakespeare es uno de tus autores preferidos, ¿qué tiene el escritor inglés para que tengas ese dilatado «matrimonio» con él?

Hay tres cualidades increíbles en sus obras: la estructura dramática, que siempre nos cuenta con claridad, dinamismo y credibilidad; la poesía y musicalidad de su lenguaje y la inteligencia del texto, coherente con cada personaje; y su gran entendimiento del ser humano en toda su grandeza y debilidad.

Cuando hago Shakespeare intento andar por su mente y dejar a él andar por la mía.

¿Qué aporta Shakespeare al mundo de la escena para que sea un autor clásico y continuamente representado?

Nos hace pensar totalmente en nosotros mismos: lo que somos, lo que podemos ser, cómo podemos equivocarnos y cómo ser mejores personas.

Nos muestra el espejo de nuestra naturaleza y de esta manera descubrirnos la importancia de la vida y de la muerte.




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¿Crees que se representa bien al genio inglés o adolecen las reposiciones de falta de vigor y recortes dramáticos?

Hay de todo y muchas veces no se acierta. A mí me gusta ver una propuesta honesta y sabia, que no intenta ser más lista que el propio Shakespeare.

He visto producciones en España, guiadas por directores muy conocidos, que destruyen las cualidades de las obras de Shakespeare para que ellos puedan brillar, demostrando así su egoísmo. Hay que dirigirle con sencillez y humildad.

Por otro lado, la mayoría de las traducciones no ofrecen material suficiente para ayudar al actor.

Aparte de tus propuestas actuales, ¿a qué autores les quieres dedicar más tiempo?

Me gustaría continuar dirigiendo e investigando a Calderón, Lope, Buero Vallejo y su Historia de una escalera, y, por supuesto a Valle Inclán, quien fue muy influido por Shakespeare. Sus obras tratan de temas muy irlandeses. Pero el autor con quien me relaciona más es con otro irlandés, Samuel Beckett.

El problema hoy día es que los autores contemporáneos escriben diálogos y falta dramaturgia.

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