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Para el autor católico sin el auxilio de la Gracia no es posible la palabra

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Un diccionario muestra el fundamento cultural católico de las naciones hispanoparlantes

Sebastián Sánchez es argentino, ha trabajado en el ministerio de Cultura de su provincia, Neuquén, y por más de siete años en la confección de una de las herramientas más útiles para conocer algún espacio de la realidad: un diccionario. 

Pero este diccionario –que presentamos en exclusiva a los lectores de Aleteia— es todavía más útil, pues excava por siglo y medio en la producción literaria, poética, ensayística de autores católicos hispanoamericanos.

Pocas empresas como ésta tan ambiciosas, y pocas veces se encuentra en una de ellas la conjunción del profundo investigador y el hombre de fe.  El Diccionario de Autores Católicos comienza con el mexicano Salvador Abascal Infante y concluye –en su primera edición—con el uruguayo Juan Zorrilla de San Martín.

¿Cómo se originó el Diccionario de Autores Católicos?

Voy a comentarle brevemente la ‘historia’ de este Diccionario. Hacia mediados de 2006 tomé contacto con el periódico El Observador de México. Tenía yo especial interés en colaborar con ese prestigioso semanario católico. La respuesta que recibí fue por demás positiva. Me sugirieron escribir notas semanales sobre autores católicos de habla hispana. Así, en El Observador se publicaron las primeras cuarenta entradas del que más tarde sería el Diccionario de Autores Católicos.

El caso es que, por diversas circunstancias vitales, suspendí la redacción hasta hace dos años, cuando retomé el proyecto, hasta llegar a los 268 autores que contiene hoy el libro.

¿A quién va dirigido este diccionario?

Si bien está destinado a todos los lectores que afronten su lectura con buena voluntad, su objeto central es llegar a los jóvenes de habla hispana para que conozcan, aunque sea someramente, ese gran fontanar que es la cultura católica. Suscitar el entusiasmo por la Verdad en los jóvenes, para que miren su fe y sus patrias con “ojos mejores”, como quería Lugones, tal el anhelo esencial de este Diccionario.

Por otro lado, pensándolo prácticamente, esta obra puede ser objeto de consulta, ya no de especialistas claro está, pero sí de personas preocupadas por conocer la cultura católica que está en el fundamento de nuestras patrias.          

¿Qué períodos, qué nacionalidades abarca?

El Diccionario de Autores Católicos incluye a los autores nacidos desde 1850 hasta inicios de los años setenta del siglo XX –mi generación- aunque éstos últimos son los menos. 

He procurado incluir todas las nacionalidades hispanoparlantes, incluso aquellas en las que el español se encuentra lamentablemente en retirada, como es el caso de Filipinas.  Sin embargo, hay cuatro naciones que tienen en el Diccionario primacía numérica: España, México, Perú y mi patria, Argentina.

En todas ellas se manifiestan los grandes manantiales de la cultura católica de Hispanoamérica, “el continente de la esperanza” que augurara el beato Juan Pablo II.

¿Cuál fue su criterio de selección?

En la introducción explico el criterio que me guió para seleccionar a los autores. Allí, parafraseando a Gilbert  K. Chesterton, señalo que si un autor es católico se le nota. Ese fue el primer parámetro, el primer criterio de selección, por así decirlo. Cuando un autor escribe “en católico” se le nota, aunque el tema sobre el que escribe no verse estrictamente relacionado con cuestiones eclesiales o de fe.

Y, esencialmente, ¿qué es lo que se le nota?

El ánimo por desvelar la riqueza del Ser a través de sus trascendentales: la Verdad, la Belleza, el Bien. El autor católico sabe, y se le nota, que sin el auxilio de la Gracia no es posible la palabra auténtica. En ese sentido, todo el que escribe en católico es un autor inspirado. Como ha dicho el Aquinate: “la Verdad, dígala quien la diga, proviene del Espíritu Santo”.

Las 268 entradas, ¿corresponden a autores, digámoslo así, de “vidas ejemplares”?

Mi intención con este Diccionario no fue hacer un florilegio hagiográfico ni una colección de vidas paradigmáticas, aunque en sus páginas no falten santos y arquetipos.

El autor católico no es un superhombre. Es un hombre, volcado a la Verdad sí, pero sólo un hombre. Él pone inteligencia y vida al servicio de la Verdad con dones y talentos pero también con limitaciones, defectos e incluso con pecados.

Un diccionario tiene un criterio de exclusión: ¿cuál fue el suyo?

Excluí, taxativamente, a aquellos autores filiados al modernismo (o sus vertientes, como la Teología de la Liberación) y a cierto ‘tradicionalismo’ de cuño sedevacantista. No hay catolicidad allí, entre otras muchas razones por la infidelidad al sucesor de Pedro.

¿Qué pertinencia tiene un Diccionario como éste en el mundo actual?

Al Mundo, con mayúscula, no le gustan los autores católicos. No le gusta que haya quienes desvelen al Ser. No le gusta la palabra auténtica, que lo es sólo si está filiada con la Palabra Fundante. El Mundo prefiere lo babélico, los verbos errabundos, las batallas semánticas. Le gusta la palabra ideológica, la que atenta contra lo real. 

Pero los autores católicos son necesarios al mundo, con minúscula, a este mundo que reclama certeza, autenticidad, realismo, en suma…Verdad. El autor católico, auténticamente católico, es un apóstol de la Palabra, un pregonero de lo real. En tal sentido, un diccionario como éste puede resultar extemporáneo para el Mundo mundano, pero muy importante para el mundo real en el que los hombres vivimos y padecemos. 

¿Piensa usted –a la luz de los aquí enlistados—que esto puede verse como un redescubrimiento de la cultura católica iberoamericana?

Efectivamente, este diccionario es una humilde contribución en ese sentido. Por un lado, descubrir las fuentes de la cultura fundante de nuestras patrias y, por el otro, reconocer que entre nosotros hay actualmente quienes han asumido la misión de ser pregoneros de la Verdad a través de la palabra escrita.

El desvelamiento de la cultura católica encuentra hoy importantes ejemplos personales e institucionales. Este diccionario, dicho esto sin asomo de petulancia, es un esfuerzo más en esa misión esencial en la que, insisto, los jóvenes son especiales protagonistas.       

¿Cómo se va a distribuir?

El Diccionario ha sido publicado por Vórtice, editorial católica argentina de reconocida trayectoria. Esta primera tirada es, por razones de índole presupuestaria, ciertamente pequeña. Por supuesto, es mi deseo que el libro se lea y sea útil de modo que espero atreverme a una reedición aumentada en breve.

 

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