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Monseñor Romero: en la memoria y en el corazón del pueblo

Gilberto Hernández García - publicado el 16/08/13

El 15 de agosto celebraron la misa en la capilla de su martirio, en el 96 aniversario de su nacimiento

Este 15 de agosto se ha conmemorado el 96° aniversario del nacimiento de Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador entre 1977 y 1980, año en que fue asesinado por un francotirador, el 24 de marzo, mientras oficiaba la Eucaristía en la capilla del Hospital de La Divina Providencia en la capital de El Salvador. Como cada año, en este día, tal como sucede también en la conmemoración de su muerte, cientos de fieles se han congregado en la Cripta de la Catedral del Divino Salvador del Mundo para recordar a su pastor y mantener viva su memoria y su obra.

Para muchos la imagen de Romero es el símbolo religioso más grande del país; y desde su asesinato su legado ha traspasado fronteras y se ha convertido en un símbolo universal de la justicia y de la paz. “Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror”, se lee en la biografía oficial.

“Pedimos para Romero el honor de los altares”

En la misa de clausura del V Congreso Eucarístico Nacional, celebrado el pasado 11 de agosto, con motivo del I Centenario de la Provincia Eclesiástica de El Salvador, el Cardenal cubano, Jaime Ortega, al reflexionar sobre la última Cena de Jesús, se refirió al recordado obispo salvadoreño: “El ambiente de esta cena cargada de tensión nos hace pensar en la última eucaristía que monseñor Romero no pudo concluir; ahora, en esta celebración, lo sentimos a él cercano a nosotros y pedimos al Señor para él el honor de los altares”.

En abril de este año, Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo para la Familia y Postulador de la Causa de canonización del obispo mártir anunciaba: “ha quedado desbloqueada la causa de beatificación de monseñor Romero”, lo que ha venido a dar un nuevo impulso al proceso, pero también trajo diversas reacciones. Hasta el presidente Mauricio Funes viajó al Vaticano para entrevistarse con el Papa Francisco.

Por eso monseñor Jesús Delgado, promotor de la causa de beatificación de Romero, ha pedido que no se comenzara a politizar el caso: “Tanto así que hasta los que no lo quieren hoy dicen que sí… y si la noticia cae como un bólido en medio de la campaña electoral, que ya estamos, puede ser manipulada”, dijo Delgado en esa ocasión.

Recientemente el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Gerhard Ludwig Müller, dijo que monseñor Romero “fue un gran testimonio de la fe y de la petición de justicia social”; y aseguró que las verificaciones para el nihil obstat doctrinal en su proceso de beatificación tuvieron una aceleración “desde el mismo Benedicto XVI”, y recordó que cuando el Papa emérito viajó a Brasil, el año 2007, dijo que consideraba a Romero digno de ser beatificado.

Testigo de Jesucristo, pastor ejemplar

La Oficina de la Causa de Canonización de Monseñor Romero, de la Arquidiócesis de San Salvador, en conversación con El Observador-Aleteia.org, señaló que tras la conmemoración del X Aniversario de la muerte martirial de monseñor Oscar Arnulfo Romero, el Arzobispo que le sucedió, Arturo Rivera y Damas, anunció formalmente que a partir de esa fecha (24 de marzo de 1990), “dadas las valoraciones sobre las características de su vida y muerte, quedaba abierto el espacio pertinente y se procediera a introducir la Causa de Canonización de Monseñor Romero”.

Desde 1996 la causa para canonizar a Romero se encuentra en Roma, y en 2006 la Congregación de la Doctrina de la Fe acordó iniciar el proceso de beatificación. El expediente se encuentra en la actualidad en manos de la Congregación para la causa de los Santos.

“Para tener un mártir en sentido jurídico es necesario que se verifique, ante todo un acontecimiento histórico donde los autores son: un perseguidor que inflige, por odio a la fe y/u otra virtud cristiana, la muerte a un cristiano que la acepta voluntariamente y soporta pacientemente la misma muerte por amor a Cristo y por serle fiel y además; la obra de reconocimiento de la Iglesia que, acepta en el fuero externo el evento martirial como expresión de fortaleza heroica, fundada sobre la caridad y que proponga con solemne declaración la imitación y veneración de los fieles”, señala la Oficina de la Causa en su comunicación oficial.

Según el postulador de la Causa, «todos los elementos señalados se encuentran con especial claridad en el marco histórico de la vida y muerte de Monseñor Romero».  De ser declarado beato y posteriormente santo, el arzobispo mártir traería como “beneficio”, entre otros,  a la Iglesia la “renovación de la fe de muchos cristianos en el mundo,  enriqueciéndola con la más intensa espiritualidad del pobre de Nazaret, con su misma convicción, entrega y esperanza”.

Señalan además que: “Será de mucho bien para la Iglesia local y universal reconocer oficialmente y dar a conocer el testimonio del Siervo de Dios Monseñor Romero, como la eterna experiencia de un hombre Santo, que en la cotidianeidad de la vida de un país remoto de nuestra época ha sido radicalmente fiel a Dios en medio de una historia de dolor. Una vida que nos invita, a pesar de los obstáculos y tentaciones, a vivir en nuestros días el Evangelio tal como lo hicieron los primeros ejemplares cristianos”.

“Contribuirá a rescatarlo para la vida de la Iglesia e iluminar el ministerio pastoral y la opción preferencial por los pobres y los pecadores, ya que su recuerdo sigue siendo también interpelación, denuncia, desenmascaramiento y exigencia de conversión, y estaríamos reivindicando, en el justo sentido del término, la persona y vida de Monseñor Romero: muchos lo criticaron, lo desprestigiaron, lo condenaron y aplaudieron su muerte. Es innegable que es un mártir salvadoreño, un cristiano contemporáneo ‘a carta cabal’”.

En la memoria y el corazón del pueblo

El sacerdote jesuita Miguel Vázquez, de Chalatenango, dice que todos los salvadoreños tienen a monseñor Romero en el corazón, por ser un fiel servidor de la causa de Jesús y por su cercanía con el pueblo en una de las etapas más difíciles de la historia reciente de El Salvador:

“Para nosotros él está resucitado, en el corazón del pueblo, como lo anunció antes de su muerte; pero sobre todo, sabemos, tal como lo dijo nuestro Señor Jesucristo, que la voz de los profetas, de los hombres comprometidos con el pueblo nunca muere. En este sentido, lo más interesante es que él sigue presente en las nuevas generaciones que ni lo conocieron, pero que sienten y palpitan y descubren en la memoria del pueblo como una voz nueva, distinta, que acoge al pobre y que le acerca más a Dios, a la vida y a la justicia; y no sólo en El Salvador sino en que muchos más país”.

El actual obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez comentó que Romero es un santo que incomoda, porque “cuestiona nuestra forma de vida, porque nos invita a dejar las posiciones cómodas y a atrevernos a correr riesgos”. Y recordó que en el cuaderno de apuntes del arzobispo Romero se puede leer: “En él (en Cristo) está mi vida y mi muerte”.

Monseñor Rosa Chávez señaló también que el Santo Padre Francisco “tiene la convicción de que Óscar Arnulfo Romero y Galdámez es un santo. El Papa tiene una admiración especial por Monseñor Romero, una devoción a él y una convicción total de que es un santo y un mártir”.

Y recordó que Juan Pablo II lo puso en la lista de la innumerable multitud de los “nuevos mártires”, agregándolo personalmente en la oración de esa celebración en el Viacrucis del Jubileo, celebrado en el Coliseo de Roma: “Acuérdate, Padre de los pobres y de los marginados de aquellos que testimoniaron la verdad y la caridad del Evangelio hasta entregar su propia vida: pastores apasionados, como el inolvidable arzobispo Oscar Romero asesinado en el altar durante la celebración del sacrificio eucarístico…”.


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