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La caminata con la Virgen confirma cuán viva y juvenil es nuestra Iglesia

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Miles peregrinaron con Nuestra Señora de la Consolación en Táchira (Venezuela)

“Es una fiesta. Una celebración. Mucha alegría junta”. Así describen los muchachos despiertos la peregrinación con Nuestra Señora de la Consolación de Táriba, Patrona del Táchira.
 
Para Amado, Ricardo, Enrique y Carlos fue la primera vez de esta experiencia. Los misioneros se encontraron en la ruta, cuyo recorrido iniciaron a las 6 de la mañana.
 
Varias horas les llevó recorrer los 8 kilómetros, pues a lo largo del camino hay innumerables paradas para dedicarlos a la meditación y a una festiva oración mariana.
 
“Me sentí invitado por la Virgen. A fin de cuentas ella es nuestra madre; pero soy sincero, es la primera vez que acudo”, confesó Ricardo, quien llevaba un morral de la JMJ a sus espaldas.
 
La lluvia y el frío no amilanaron sus ganas, como no detuvieron a los miles de fieles que devotamente recorrieron los caminos para llegar a Táriba.
 
Allí, en la Perla del Torbes -primogénita del Táchira- halla refugio la venerada imagen cuatricentenaria de la Patrona que atrae a cientos de miles de devotos cada año.
 
“Ella es muy especial”, nos dicen a lo largo del camino que cuenta este año con puntos de hidratación y frutas. Contestan ¡con una alegría que contagia!
 
Hay niños y también abuelos, pero sobre todo muchachos ataviados de todos los colores. Algunos hacen el recorrido descalzos, otros de rodilla, los demás van caminando…
 
Nos hablan con una sonrisa de oreja a oreja que hace parecer que es muy cómodo el largo trayecto. Y a todos les caracteriza el ánimo por seguir los cantos y las oraciones.
 
Pero definitivamente el factor común en esta hermosa celebración mariana es la alegría. Una alegría que nos enamora de la Madre de Dios.
 
La alegría de la gratitud. Porque ¡Cuántos acuden con cariño para darle gracias a la Reina y Señora! Embarazadas y personas que lucen vistosas franelas, con un lema que a cualquiera desarma:
 
“El alma no tiene discapacidad”, sostienen. Y es que en compañía de la Madre de Dios no hay espacio para la tristeza, el pesimismo o la lástima. Aún bajo cielo gris y lluvia, los rostros son alegres en compañía de Ella.
 
Pese al cansancio o las dificultades, lo más bonito de esta peregrinación mariana es que todo el mundo sonríe. Son más de 50 mil almas alegres que hallan refugio y consuelo.
 
Este 15 de agosto, al igual que hace 413 años, aumentaron las aguas. En aquel entonces permitió la gracia de Nuestra Señora que los agustinos llegaran a destino pese a un crecido río Torbes.
 
Esta vez fue la lluvia, que hacía pausa intermitente con un sol radiante e intenso a lo largo del recorrido. Y una vez más, la mejor noticia es: ¡Vamos con la Virgen!

Tener el gustazo de vivir esta experiencia extraordinaria a la que corona una Misa campal impecablemente organizada, es algo que motiva y entusiasma.
 
¡Quienes peregrinan una vez, peregrinan para siempre!, nos advierten con una sonrisa… Y lo confirma el número de miles que aumenta exponencialmente cada año.
 
Ello nos recuerda que la Iglesia es joven, dinámica y viva. Que nuestra santa Iglesia Católica, después de dos milenios, sigue vibrante porque la guía el soplo del Espíritu Santo.
 
Jóvenes por cantidades industriales llenaron las calles del Táchira para rendir honor a la Virgen en su fiesta. Como cantidades industriales son los sueños y anhelos de una patria que busca refugio en los brazos sagrados de su Madre divina.
 
 

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