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La alteridad sexual, una verdad “políticamente incorrecta”

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Existen diferencias hormonales y cerebrales hombre-mujer, no son sólo cuestiones socioculturales

A María Calvo se le despertó una faceta profesional impensada en la confrontación, que no enfrentamiento, con sus compañeros de facultad de Derecho beligerantes de la ideología de género. Obtener razones científicas para argumentar que somos distintos, aunque con idénticos derechos y deberes, son caballo de batalla en su actividad docente en la universidad Carlos III de Madrid (España); en su faceta pública, en la que acusa a la ONU de ir contra la dignidad de la mujer del Tercer Mundo -bajo capa de perseguir un equilibrio poblacional- por sus políticas abusivas de control de la natalidad; y en sus conferencias, publicaciones y libros. El último, Alteridad sexual. La verdad intolerable, de la editorial Digital Reasons.

-¿Para quién es una verdad intolerable algo que parece provenir de la noche de los tiempos?

Vivimos en un momento histórico en el que todo el mundo considera, incluso los políticos, que no hay diferencias sexuales de ningún tipo, salvo las fisiológicas externas, ya que el resto son reminiscencias de la cultura patriarcal machista. Para conseguir esa identidad absoluta entre los sexos es necesario suprimir la masculinidad y feminidad y considerar que son construcciones sociales y, por lo tanto, deben ser evitadas a toda costa.

-¿Cómo y cuándo empezó este forma de negar las diferencias hombre-mujer?

Se inició hace varias décadas. Una de sus impulsoras fue Simone de Beauvoir. Ella decía: “Mujer, no naces, te haces”, lo que significa que tienes libertad para ser hoy masculino y mañana femenino. Existen también influencias marxistas, porque una de sus vertientes equipara la lucha de clases en clave de liberación femenina.  Mayo del 68 fue un punto álgido al afirmar que “mi cuerpo es mío y hago lo que quiero con él”, con el consiguiente impulso a los anticonceptivos y el aborto.

Esto acarrea una confusión en la mujer, pero también para el hombre, ya que llevan al desencanto y a la frustración negar las diferencias entre uno y otro sexo.

-Dada  su condición de jurista, ¿cómo se ha plasmado esta ideología en la legislación y quiénes son sus impulsores?

Lo más preocupante es que su principal promotor es el Organismo de las Naciones Unidas (ONU) en el ámbito internacional y, especialmente, en los países del Tercer Mundo, porque afecta esencialmente a la dignidad de la mujer en su maternidad, y por tanto, en su esencia más profunda. La ONU presenta el control de la natalidad como una política ecológica necesaria para la pervivencia del planeta. Bajo una capa de bondad se esconde una manipulación de la dignidad de la persona.

Este planteamiento de Naciones Unidas se ha plasmado en los sistemas jurídicos nacionales. En España, por ejemplo, con la Ley de Reproducción Asistida, en la medida en que dos hombres pueden ser padres con vientre de alquiler, y dos mujeres pueden conseguir un hijo sin que éste tenga un padre.

Por su parte, la Ley del Aborto “libera” a la mujer de esa esclavitud de la maternidad para identificarla con la autonomía del hombre en este ámbito. En el mal llamado Matrimonio Homosexual no existe un hombre y una mujer, biológicamente hablando, y, en conclusión, tampoco existiría un matrimonio heterosexual. Como todo puede ser matrimonio, nada se puede considerar genuinamente tal.

-Esto acarrea una serie de consecuencias sociales. A su juicio, ¿cuáles son las principales?

Negar la distinción entre sexos es suprimir los prismas diferentes con los que hombres y mujeres vemos la vida, nuestros intereses y perspectivas distintas. Esto genera mucha frustración y conflictos en la pareja. Ser comprensivo con el otro, con sus diferencias en todos los ámbitos, es la primera condición para vivir el amor con mayúscula.

Pero hay consecuencias más sutiles, como la gran presión a que están sometidos los varones en las escuelas mixtas al negar la alteridad entre ellos y las chicas. La grieta sexual que hay en las escuelas de fracaso escolar es salvaje y se refleja en las estadísticas. Por cada niña que repite lo hacen dos varones. A la universidad nos llegan un 40% de chicos frente a una 60% de chicas. En colegios públicos el 50% de chicos no llega a acabar la ESO. Ellos son más inquietos, más indisciplinados, necesitan comprensión y otra forma de educar diferente de las niñas. Enseguida lo tachan de malo. De hecho tres de cada cuatro expedientes disciplinares son de muchachos.

Por supuesto podemos llegar a los mismos objetivos y tenemos idénticos derechos y deberes. Hablar de diferencias nos remite primeramente a algo que salta a la vista: las de la biología. Basta ver las diferencias hormonales o cerebrales hombre-mujer en las tomografías y resonancias magnéticas para certificar que no son sólo cuestiones socioculturales las que nos distinguen.

Dicho esto, tampoco podemos caer en un determinismo biológico que niega el libre albedrío. Es falso que un hombre diga que no puede coser, cambiar pañales, criar a los hijos o abordar cualquier cuestión doméstica; es cuestión de ponerse y punto. Igual para la mujer: puede alcanzar las mismas metas que un varón en áreas técnicas o de ingeniería.

Es un equilibrio entre cultura y educación. No todo es cultura, como dicen los teóricos de la ideología de género, ni todo es naturaleza.

-Por lo que dices, ¿crees que es más adecuada la educación diferenciada que la coexistencia de ambos sexos en las aulas?

Dependerá de los tramos de edad. La diferencia hombre-mujer está más marcado en la infancia, ya que se ha demostrado que los ritmos de maduración cognitiva son diferentes. Es la fundamentación científica de lo que nos decían nuestras abuelas sobre que las niñas eran más espabiladas.

Diferentes estudios demuestran que a los seis meses hay más actividad eléctrica en el hemisferio izquierdo de las niñas que en el los varones. A los 20 meses, triplican en vocabulario a los chavales. En el último documento Pisa, los niños están 30 puntos por debajo de las niñas en comprensión lectora. Esto es una cuestión gravísima porque un niño que no comprende lo que lee no puede seguir avanzando.

En la adolescencia, la testosterona de los niños favorece la visión espacial, el razonamiento matemático y la percepción geométrica. Cientos de pruebas demuestran la “superioridad” masculina en estas materias, como refrenda también el informe Pisa. En España, no se comprende que las chicas precisen de un refuerzo en materias técnicas, cuestión que sí abordan en Alemania donde las separan sin ningún complejo de los chicos para apoyarlas especialmente.

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