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Hoy 6 de agosto, día grande en los Andes venezolanos

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Inauguran segunda fase de Santuario dedicado al Santo Cristo de La Grita

Hoy 6 de agosto, día central del Santo Cristo, se estrena la segunda fase del imponente templo dedicado al Santo Cristo de La Grita -Patrono y Protector del Táchira.
 
La superficie contempla 3,5 hectáreas que incluyen la zona techada en donde pueden ubicarse 1000 personas sentadas, y se cuenta además con un área de servicios.
 
Se tiene contemplado la ejecución de caminerías, una batería de baños; un sector para sacerdotes y religiosos, así como un lugar reservado para posaderos.
 
La obra, que se erige en el corazón de La Grita, cumple con el respeto a la ecología “en consonancia con los pedidos de Benedicto XVI”, según diría Mons. Mario Moronta.
 
Para aprovechar la particular belleza de las montañas gritenses, parte de las estancias es protegida con espacios abiertos, paredes vidrio y hermosos ventanales.
 
El Santuario tendrá una capacidad máxima para recibir en simultáneo a 25 mil personas: 12 mil en espacio techado y 13 mil en exteriores, sin incluir zonas verdes.
 
El proyecto original ha sido modificado varias veces. En el lugar donde ahora se levanta la imponente estructura “pensaban hacer simplemente una capilla”, reveló el obispo Mario Moronta.
 
Además, el presbiterio fue consultado para hacer los cambios necesarios. “Nos reunimos con sacerdotes para que dieran su punto de vista, antes de iniciar la obra”, explicó el prelado.
 
Luego de estas consultas se tomó en cuenta la necesidad de reservar un espacio para los posaderos; así que se dispondrá, igualmente, con un área para carpas.
 
Con respecto a la decoración de interiores cuenta con trabajos en mármol, de excepcional belleza; y 14 vitrales elaborados por artistas locales decoran esbeltas paredes.
 
Bellos mosaicos coronan los acabados del Santuario que acogerá a los miles de devotos que acuden a la Atenas del Táchira para rendir culto al Cristo de rostro sereno.
 
Caminata al Santo Cristo
 
Son muchos los que se trazan la meta de visitar cada año al Santo Cristo, aunque ello represente tener que acudir a su casa caminando largos e interminables kilómetros.
 
Unos caminan poco, otros mucho, pero todos tienen en común la misma meta: visitar la cuatricentenaria imagen del Rostro sereno para dar gracias a Dios.
 
Una peregrinación que inicia en la tierra pero que tiene por destino y meta final el abrazo con Dios en su paraíso en el Cielo.
 
“Hermosa experiencia de fe, amor, esfuerzo, paciencia, apoyo y hermandad”. Así la define Jeison Molina, quien tras caminar desde la Universidad del Táchira dice: “Gracias, Santo Cristo, por esta experiencia imborrable en nuestros corazones”.
 
No es el único que lo afirma… Su compañero de camino, Julio Silva, agrega que se trata de “una experiencia imposible de borrar y contener. Por esa gran fe tan fuerte que tiene nuestra familia tachirense y que queda demostrada en actividades como éstas”.
 
Son muchos los que “dejan su trabajo, compromisos, estudios, para caminar desde sus hogares hasta los pies del Santo Cristo de La Grita”.
 
Lo hacen, explica, “por una promesa o alguna petición, pero principalmente por la fe que llevamos como Iglesia Católica. Es la que nos da las fuerzas para realizar esta peregrinación y de esta manera también evangelizar y dar a conocer al Santo Cristo del Rostro Sereno que tanto nos ayuda y que años tras año llena de muchas bendiciones el corazón de cada tachirense y también de quienes acuden o se unen en oración con nosotros desde otras partes del país y del mundo”.
 
Venezuela, de fiesta
 
Miles de devotos y peregrinos llenan las calles que conducen a La Grita, la hermosa población del Táchira que se convierte hoy 6 de agosto en la capital espiritual de Venezuela.

 
Cada año acuden los fieles en gratitud a Dios por los favores concedidos gracias a la intercesión del Santo Cristo, patrono y protector de los andes venezolanos.
 
En el valle descansa, en la Basílica del Espíritu Santo, la sacra imagen que atrae la mirada de quienes con fervor consiguen en él consuelo y ayuda.
 
Cuenta la leyenda que en 1610, un terremoto destruyó aquella tierra virgen en que hacía vida un grupo de frailes franciscanos, quienes buscaron refugio en una cumbre llamada Tadea.
 
Entre ellos, había un escultor de nombre Francisco Orellana, quien, no obstante, destacaba más por su piedad religiosa que por sus poco refinados dotes de artista.
 
Impactado por el terremoto, Francisco ofreció a Dios hacer una imagen de Cristo para rendirle veneración y consagrarle la ciudad que se levantaría de entre los escombros.
 
Puso manos a la obra hasta lograr con esmero y cincel que el tronco de madera mostrara una figura humana, aunque no con los rasgos que esperaba.
 
El fray trabajó día y noche en el improvisado taller, pero notaba con angustia su incapacidad para descubrir en aquel cedro la tierna mirada del Cristo sereno.
 
Frustrado, suspendió el trabajo y se puso en intensa oración hasta que un éxtasis lo embargó. Cuando volvió en sí, a altas horas de la noche, escuchó golpes de herramientas.
 
Se acercó al lugar donde trabajaba la talla, y vio salir de ahí a un ser alado con forma humana, cuyo resplandor le dejó aturdido y encandilado.
 
Contó lo sucedido a sus hermanos, quienes apenas concluyeron la oración de la mañana acudieron al lugar donde estaba la imagen y la hallaron terminada.
 
Conmovido por los tiernos rasgos de aquel dulce rostro que un ángel acabara, Fray Francisco lloró mientras de rodillas agradecía al Cielo por el milagro ocurrido en Tadea.
 
Esa imagen es el Santo Cristo de La Grita que atrae a miles cada año, un día como hoy, cuando con motivo de la fiesta de la Transfiguración se rinde honor al Patrono del Táchira.
 
De todos los rincones del planeta acuden a diario para dar gracias al Cristo de los milagros, quien les obtiene de Dios toda clase de bendiciones.
 
Miles llenan las calles del también llamado valle del Espíritu Santo, con motivo de la festividad; algunos por devoción, muchos en busca de favores, otros por gratitud.
 
Tadea, donde nació el Cristo del rostro sereno
 
En el lugar donde estuvo aquella vez el taller de fray Francisco se erige una hermosa Iglesia dedicada a San Judas Tadeo, en la hermosa montaña de Tadea.
Hace unos años estuvo presa del abandono, pero actualmente luce una bella refacción que hace justicia al lugar donde nació la talla que hoy cumple 403 años.
 
Aún hoy acuden al lugar los fieles para elevar oraciones, cual incienso sagrado, y contagiarse de la alegría y calma que imprime el hermoso lugar con clima de páramo.
 
Mientras se inicia el ascenso hacia el sitio, es fácil quedar atrapado en medio de una explosión de colores y aromas exquisitos.
 
Labriegos montados a caballo, o a pie, son los privilegiados habitantes de las exuberantes tierras donde descubriría el tallista al Santo Cristo.
 
Las flores muestran su esplendor mientras las faldas de la montaña exhiben sus mejores galas. Los perfumes guían al caminante hacia el paraíso.
 
El camino es empinado, pero al esfuerzo lo recompensa el espectáculo que se abre paso en medio de una neblina que intempestivamente hace aparición.
 
Los árboles muestran sus brazos hacia el cielo, como dando gracias. Los hay de todos colores y matices. Así es Tadea, generosa como su gente.
 
Desde lo alto de la montaña se puede apreciar la noble fertilidad de La Grita, y disfrutar en silencio el valle que custodia celoso la fe de los tachirenses.

 
A mitad de camino, luego de muchos descansos, hermosos  parajes y aire fresco, está a la vera de una cumbre el templo. La tierra virgen donde el milagro sucedió permanece intacta.
 
Las aves y los esbeltos árboles que sacuden sus ramas al ritmo de un acogedor saludo del viento, acompañan a la hermosa Iglesia que saluda al cielo desde Tadea.
 
Ahí está, elevada sobre el mismo lugar donde iniciara la historia hace más de cuatro siglos. Desde ahí conversa Judas Tadeo con el Cristo bendito…
 
Allí se escucha el susurro de peticiones cada 15 días, cuando los vecinos hacen un alto en sus labores del campo para acudir a contar tristezas y alegrías.
 
Pero ya no hace falta “gritar”, como lo hicieran los indios en la antigüedad para mostrar su fuerza bravía y proteger con celo su tierra…
 
La oración es el nuevo grito de quienes acuden en busca de ayuda, pues los ángeles de Tadea ya no tallan en madera al Cristo, sino en el alma de quienes le veneran.
 
Las nubes siguen atrapadas en el mismo sitio, entretenidas en el mágico paraíso, confundidas con la paz del Cielo, conmovidas por la fe del devoto.
 
La fértil tierra es generosa… De su seno brota el alimento que mantiene alegre y sano al hombre cuya familia inicia sus labores al despuntar el alba.
 
Ella recuerda cada mañana la belleza del talle, y que por encima de todo es en el alma donde se refugia la mirada divina del Rostro Sereno.
 

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