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Lo que el Papa Francisco no dijo y lo que sí dijo - y algunos olvidan

Miguel A Espino Perigault - publicado el 05/08/13

Propugna en la Iglesia una nueva mirada a la mujer y a problemas como el de la situación de los divorciados

Lo que cambia y lo que no… Y, sobre todo, lo que podría cambiar, según dijo a los periodistas el Papa Francisco cuando regresaba, con ellos, en avión, de la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Río de Janeiro, Brasil.. . Si hubiera hablado antes de Río, se habría desviado  algo la atención que debía enfocarse, toda, sobre “o cidade maravillosa”. Lo dijo el mismo Papa. Sobre todo porque sabía lo que le iban a preguntarle. Y se lo preguntaron. ¿Por qué no habló, en Río, del aborto y del matrimonio gay? La respuesta fue clara y contundente: “La Iglesia ya se ha expresado sobre estos argumentos; la Iglesia ya tiene una postura clara. Y durante el viaje a Brasil era necesario hablar positivamente”. Y la postura es: No al matrimonio homosexual  y no al aborto. El otro “no”, contundente, fue por las pretendidas ordenaciones sacerdotales  de mujeres. La Iglesia no tendrá sacerdotisa, punto.  

Sin embargo, sobre la mujer  expresó el Papa  las más bellas  palabras dichas en su breve tiempo como Sumo Pontífice. Más que comparar a la mujer con la Iglesia, comparó a ésta con la mujer, y resaltó el papel protagónico de la mujer en la Iglesia, que es, dijo, “femenina, porque es  esposa y madre”. En la Iglesia, el papel de la mujer es el icono de la Virgen María, quien,  además, es “más importante que los Apóstoles”. Añadió que “No se puede entender una Iglesia sin  mujeres activas en ella”. Mas la exaltación de la mujer no se limita a su papel en la Iglesia, sino, además, como fuente de vida y amor en la sociedad, para la humanidad y el  mundo. Utilizó el Papa “un ejemplo que nada tiene que ver con la Iglesia”. Se refirió al papel que jugaron las mujeres paraguayas en la reconstrucción de su país después de la desastrosa  “Guerra de la Triple Alianza” (1864-1870) que el Paraguay perdió frente a la coalición militar formada por Brasil, Uruguay y Argentina. Después de la guerra, que diezmó a la población del Paraguay, dejándola con una población que  promediaba ocho mujeres por cada hombre, “las mujeres paraguayas – destacó  el Papa – tomaron la decisión de tener hijos, salvar a la patria, la cultura, la fe” El Papa resaltó que “la mujer paraguaya es una mujer gloriosa”, y añadió que “en la Iglesia se debe pensar en la mujer desde esta perspectiva”. Añadió que debe hacerse una teología de la mujer.

Sin duda alguna, esta glorificación de la mujer, mencionada por el Papa, corresponde a la verdad de su naturaleza como mujer, como criatura de Dios. Esta mujer, hechura de Dios, es la negación de la otra mujer, la falsa mujer, la anti-mujer, la que se ve a sí misma y es vista  desde la perspectiva de la ideología de género, del extraviado feminismo de género, que siente la libertad sexual y la promiscuidad como derechos humanos; rechaza la maternidad como una desgracia y valora la esterilización y el asesinato de sus propios hijos por la madre, mediante el aborto, como la glorificación de su autodominio corporal.

A pesar de la claridad con la que habló el Papa sobre el llamado matrimonio homosexual, al que se opone la Iglesia, surgió el tema del “lobby” gay. Y estuvo muy bien el haberse tratado el asunto, ya que permitió al Papa denunciarlo claramente como un aspecto fundamental del mal y la maldad relacionados  con las corrientes políticas que impulsan, con deshonestas campañas, las Naciones Unidas, manipuladas por el presiente norteamericano, Barack Obama, al servicio del “lobby gay”, utilizando a la población homosexual, en todo el mundo, como caballitos de batalla.

Es el lobby, cuya existencia denuncia el Papa, el origen y la causa del mal que amenaza a la sociedad democrática liberal,  al desfigurarla con acciones políticas que la destruyen en nombre de un supuesto Nuevo Orden Mundial, de un  igualitarismo antinatural y anticientífico, y una libertad personal  absoluta que anula toda solidaridad humana verdadera. Todo un potaje de antropología pervertida. Un lobby que es acción anticristiana y, sobre todo, anticatólica, porque es la Iglesia la principal fuerza defensora de la verdadera igualdad, la verdadera libertad  y la verdadera fraternidad, que Cristo introdujo en la historia y que el “lobby gay” no entiende. No son los homosexuales el problema del mundo, sino el lobby, el actuar como grupo. Los hay “de negocios, político o masónicos”, que son las tres modalidades que caracterizan a los lobbies y, las cuales, en mi opinión distinguen al “lobby gay”, conocido, también, como “homosexualismo político”.

Para este lobby no hay otro tema más importante que los exigidos “derechos homosexuales”, con privilegios discriminatorios y de intolerancia para terceros. Tampoco parece haber mejor tema informativo y de opinión para los llamados “grandes medios” de comunicación (mainstream media). El homosexualismo político reúne todas las notas de morbosidad, insolencia y desvergüenza que venden periódicos y publicidad irresponsables. Pero, obsesionados por esos aspectos del tema, perdieron – quizá por no entenderlo- probablemente el más revolucionario de los enfoques que anunció el Papa: el de los posibles estudios relacionados con el matrimonio.

Al referirse al punto relacionado con su indisolubilidad y las parejas divorciadas, el Papa hizo anuncios  que podrían resultar en  enfoques bajo  perspectivas teológicas novedosas. Son cientos de miles de parejas que podrían encontrar un  nuevo lazo de  la misericordia en perspectiva oriental, según la iglesia ortodoxa, cuya espiritualidad elogia el Pontífice. Señaló que en occidente se ha perdido un poco el sentido de la adoración a Dios, que se mantiene en la liturgia ortodoxa. Advirtió que nos hace falta, en Occidente,  el aire fresco y la luz de oriente, los cuales se perciben en escritores como Fedor Dostoyevsky, un autor ruso que el papa ha menciona algunas veces, como de sus favoritos. Al leerlo – dice – se percibe el alma rusa y oriental, que nos traen la luz y el aire fresco de oriente.

Un pensamiento, éste,  que es  signo de los tiempos, dado que es en Rusia, precisamente, en donde se alienta y de donde emana, hacia un Occidente oscurecido por el la Cultura de la Muerte, la luz y el aire fresco  de la Cultura de la Vida y la defensa de la familia, como política de estado de la Federación Rusa.

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