Aleteia

Tragedia en Santiago: Tren a la Vida Eterna

Comparte

Sobre la labor callada del arzobispo de Santiago y los sacerdotes ante la tragedia

Confieso que aún estoy emocionado. Todos hemos hecho nuestro el dolor de tantos hermanos que han sufrido con el terrible accidente ferroviario. Hemos rezado por los fallecidos y nos hemos hecho cercanos a los heridos y a sus familias en la oración y en el llanto, desbordado o contenido.
 
Pero no quisiera dejar de decir algo que clama por salir de mi garganta conmovida. Y es, sencillamente, que estoy orgulloso de mi obispo y de los sacerdotes de mi diócesis, porque desde el primer momento todos los que pudieron, estuvieron acompañando humana y espiritualmente a las víctimas de este drama tan cercano. Supieron llevar a Cristo a quien pedía un apoyo desde la fe; ofrecieron ayuda a quien buscaba a un familiar o demandaban información de lo que estaba aconteciendo en las UCIs; arroparon a quien se sentía desvalido, triste o deprimido.
 
Tal vez esta realidad no salga reflejada en los medios de comunicación. Pero ha sido tan real como el esfuerzo realizado por los psicólogos. Mons. Barrio dijo ayer en su homilía de la Misa del Apóstol que Santiago había peregrinado con las víctimas hasta el Pórtico de la Gloria. Y yo me atrevo a decir que mi obispo y nuestros sacerdotes llevaron esperanza a los pasajeros de un tren que iba a la vida eterna.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.