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DOCUMENTO: Discurso del Papa a los obispos del CELAM

Aleteia Team - publicado el 29/07/13

Los dos principales desafíos de la Iglesia actualmente son dos: la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo actual.

1. Introducción

Agradezco al Señor esta oportunidad de poder hablar con ustedes, hermanos Obispos, responsables del CELAM en el cuatrienio 2011-2015. Hace 57 años que el CELAM sirve a las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, colaborando solidaria y subsidiariamente para promover, impulsar y dinamizar la colegialidad episcopal y la comunión entre las Iglesias de esta Región y sus Pastores.

Como ustedes, también yo soy testigo del fuerte impulso del Espíritu en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y El Caribe en Aparecida, en mayo de 2007, que sigue animando los trabajos del CELAM para la anhelada renovación de las iglesias particulares. Esta renovación, en buena parte de ellas, se encuentra ya en marcha. Quisiera centrar esta conversación en el patrimonio heredado de aquel encuentro fraterno y que todos hemos bautizado como Misión Continental.

2. Características peculiares de Aparecida

Existen cuatro características que son propias de la V Conferencia. Son como cuatro columnas del desarrollo de Aparecida y que le dan su originalidad.

1) Inicio sin documento

Medellín, Puebla y Santo Domingo comenzaron sus trabajos con un camino recorrido de preparación que culminó en una especie de Instrumentum laboris, con el cual se desarrolló la discusión, reflexión y aprobación del documento final. En cambio, Aparecida promovió la participación de las Iglesias particulares como camino de preparación que culminó en un documento de síntesis. Este documento, si bien fue referencia durante la Quinta Conferencia General, no se asumió como documento de partida. El trabajo inicial consistió en poner en común las preocupaciones de los Pastores ante el cambio de época y la necesidad de recuperar la vida discipular y misionera con la que Cristo fundó la Iglesia.

2) Ambiente de oración con el Pueblo de Dios

Es importante recordar el ambiente de oración generado por el diario compartir la Eucaristía y otros momentos litúrgicos, donde siempre fuimos acompañados por el Pueblo de Dios. Por otro lado, puesto que los trabajos tenían lugar en el subsuelo del Santuario, la “música funcional” que los acompañaba fueron los cánticos y oraciones de los fieles.

3) Documento que se prolonga en compromiso, con la Misión Continental

En este contexto de oración y vivencia de fe surgió el deseo de un nuevo Pentecostés para la Iglesia y el compromiso de la Misión Continental. Aparecida no termina con un Documento sino que se prolonga en la Misión Continental.
4) La presencia de Nuestra Señora, Madre de América
Es la primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano y El Caribe que se realiza en un Santuario mariano.

3. Dimensiones de la Misión Continental

La Misión Continental se proyecta en dos dimensiones: programática y paradigmática. La misión programática, como su nombre lo indica, consiste en la realización de actos de índole misionera. La misión paradigmática, en cambio, implica poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares. Evidentemente aquí se da, como consecuencia, toda una dinámica de reforma de las estructuras eclesiales. El “cambio de estructuras” (de caducas a nuevas) no es fruto de un estudio de organización de la planta funcional eclesiástica, de lo cual resultaría una reorganización estática, sino que es consecuencia de la dinámica de la misión. Lo que hace caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos, es precisamente la misionariedad. De aquí la importancia de la misión paradigmática.
La Misión Continental, sea programática, sea paradigmática, exige generar la conciencia de una Iglesia que se organiza para servir a todos los bautizados y hombres de buena voluntad. El discípulo de Cristo no es una persona aislada en una espiritualidad intimista, sino una persona en comunidad, para darse a los demás. Misión Continental, por tanto, implica pertenencia eclesial.


Un planteo como éste, que comienza por el discipulado misionero e implica comprender la identidad del cristiano como pertenencia eclesial, pide que nos explicitemos cuáles son los desafíos vigentes. Puede haber muchos, yo voy a marcar dos nomás. ¿Qué desafíos hay de la misionariedad discipular? Señalaré solamente dos: la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo actual.

Renovación interna de la Iglesia

Aparecida ha propuesto como necesaria la Conversión Pastoral. Esta conversión implica creer en la Buena Nueva, creer en Jesucristo portador del Reino de Dios, en su irrupción en el mundo, en su presencia victoriosa sobre el mal; creer en la asistencia y conducción del Espíritu Santo; creer en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y prolongadora del dinamismo de la Encarnación.

En este sentido, es necesario que, como Pastores, nos planteemos interrogantes que hacen a la marcha de las Iglesias que presidimos. Estas preguntas sirven de guía. Están tomadas de un machete que le pedí a uno de ustedes, para poder aterrizar en lo que tengo que decir. Estas preguntas sirven de guía para examinar el estado de las diócesis en la asunción del espíritu de Aparecida y son preguntas que conviene nos hagamos frecuentemente como examen de conciencia. Y son preguntas que uno si se las hace una vez parece que está bien pero cuando se las hace otra vez a los quince días cuando hace otra reunión en su parroquia o en su diócesis, se da cuenta que todavía hay que hablar más.

Primera pregunta: ¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo? En cuántos obispos es claro. Una visita pastoral a una parroquia, el moderador de curia, pero vós cura, ¿cómo te movés? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?

Segunda: ¿Superamos la tentación de atender de manera reactiva los complejos problemas que surgen? ¿Creamos un hábito pro-activo? ¿Promovemos espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios? También clave, eh? Estoy convencido que este es el tiempo de la misericordia de Dios para su Iglesia. Marcaría como prioridad ese -… no sé, es reducirlo, sí, pero…- ese apostolado de la misericordia, la dimensión misericordiosa de la Santa Madre Iglesia, la maternidad de la Iglesia, que cura heridas. Este cambio de época, comentaba ayer con los obispos brasileños, está lleno de heridos, gente que dejó la  Iglesia a mitad. Y uno puede comentar vamos a hacer cursos, esto, aquello,… después de una batalla, lo primero que hay que hacer en un hospital de campaña es curar las heridas. Yo creo que hoy día la pastoral tiene que plantearse eso seriamente. La pastoral de la Madre Iglesia: curar tantas heridas de gente que se fue, que se quedó a mitad de camino, que se confundió, que se desilusionó: pastoral de la misericordia. No en vano Juan Pablo II tuvo  una visión, un olfato de que la cosa podía ir por aquí, es una intuición muy grande, Juan Pablo. Lo marco. ¿Promovemos espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios?
¿Somos conscientes de la responsabilidad de replantear las actitudes pastorales y el funcionamiento de las estructuras eclesiales, buscando el bien de los fieles y de la sociedad?

Tercera: En la práctica, ¿hacemos partícipes de la Misión a los fieles laicos? ¿Ofrecemos la Palabra de Dios y los Sacramentos con la clara conciencia y convicción de que el Espíritu se manifiesta en ellos?

Cuarta: ¿Es un criterio habitual el discernimiento pastoral, sirviéndonos –en el buen sentido de la palabra- de los Consejos Diocesanos? Consejos diocesanos, esta palabrita tiene que ser más usada. Estos Consejos y los Parroquiales de Pastoral y de Asuntos Económicos ¿son espacios reales para la participación laical en la consulta, organización y planificación pastoral? El buen funcionamiento de los Consejos es determinante.  Diocesanos, sectoriales, parroquiales. Y creo –no se ofendan, pero lo digo de corazón- que estamos muy atrasados en esto. En Buenos Aires, me acuerdo de las parroquias, menos de la mitad tenía consejo. Mover a los curas para que entrenen esta dinámica cuesta mucho.

Quinta: Los Pastores, Obispos y Presbíteros, ¿tenemos conciencia y convicción de la misión de los fieles y les damos la libertad para que vayan discerniendo, conforme a su proceso de discípulos, la misión que el Señor les confía? ¿Los apoyamos y acompañamos, superando cualquier tentación de manipulación o sometimiento indebido? ¿Estamos siempre abiertos para dejarnos interpelar en la búsqueda del bien de la Iglesia y su Misión en el mundo? Esto a la interpelación.

Sexta: Los agentes de pastoral y los fieles en general ¿se sienten parte de la Iglesia, se identifican con ella y la acercan a los bautizados distantes y alejados?
Como se puede apreciar, aquí están en juego actitudes, en estas preguntas. La Conversión Pastoral atañe principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinámico: “entra en proceso” y sólo se lo puede contener acompañándolo y discerniendo. Compañía y discernimiento. Es importante tener siempre presente que la brújula, para no perderse en este camino, es la de la identidad católica concebida como pertenencia eclesial. Está clara esta propuesta: los católicos como pertenencia eclesial.

Era la primera parte de renovación interna de la Iglesia, que frente al discipulado, la pertenencia eclesial, cuáles son los desafíos. Primer desafío: renovación interna de la Iglesia.

Segundo desafío (pero no lo pongo en orden, son dos desafíos): diálogo con el mundo actual. Hace bien recordar las palabras del Concilio Vaticano II: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo (cf. GS, 1). Aquí reside el fundamento del diálogo con el mundo actual.

La respuesta a las preguntas existenciales del hombre de hoy, especialmente de las nuevas generaciones, atendiendo a su lenguaje, entraña un cambio fecundo que hay que recorrer con la ayuda del Evangelio, del Magisterio, y de la Doctrina Social de la Iglesia. Los escenarios y areópagos son de lo más variado. Por ejemplo, en una misma ciudad, existen varios imaginarios colectivos que conforman “diversas ciudades”. Si nos mantenemos solamente en los parámetros de “la cultura de siempre”, en el fondo una cultura de base rural, el resultado terminará anulando la fuerza del Espíritu Santo. Dios está en todas partes: hay que saber descubrirlo para poder anunciarlo en el idioma de esa cultura; y cada realidad, cada idioma, tiene un ritmo diverso.

4. Algunas tentaciones contra el discipulado misionero
La opción por la misionariedad del discípulo será tentada. Desde el obispo para abajo todos van a ser tentados. Sí, sí, es parte de la vida cristiana, porque esto te lleva a la conversión, a descubrir dónde está el Espíritu de Dios, dónde está el espíritu del mundo, el demonio. Es importante saber por dónde va el mal espíritu para ayudarnos en el discernimiento. No se trata de salir a cazar demonios, no, no es eso, sino simplemente de lucidez y astucia evangélica. Menciono sólo algunas actitudes que configuran una Iglesia “tentada”. Se trata de conocer ciertas propuestas actuales que pueden mimetizarse en la dinámica del discipulado misionero y detener, hasta hacer fracasar, el proceso de Conversión Pastoral.

1. La ideologización del mensaje evangélico. Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia. Un ejemplo: Aparecida, en un momento, sufrió esta tentación bajo la forma de asepsia. Se utilizó, y está bien, el método de “ver, juzgar, actuar” (acuérdense en el número 19). La tentación estaría en optar por un “ver” totalmente aséptico, un “ver” neutro, lo cual es inviable. Siempre el ver está afectado por la mirada. No existe una hermenéutica aséptica. La pregunta era –me estoy refiriendo a la tentación que hubo en un momento en Aparecida-, entonces: ¿con qué mirada vamos a ver la realidad para el planteamiento del ver, jugar y actuar? Aparecida respondió: Con la mirada del discípulo. Así se entienden el por qué de los números 20 al 32. Antes de empezar a hacer el análisis de la realidad. Era como un colirio, una purificación de la mirada. Hay otras maneras de ideologización del mensaje y, actualmente, aparecen en Latinoamérica y El Caribe propuestas de esta índole. Sigo con esta tentación de la ideologización y menciono yo  sólo algunas, seguro que hay más:

a)  El reduccionismo socializante. Es la ideologización más fácil de descubrir. En algunos momentos fue muy fuerte. Se trata de una pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista. Hubo épocas donde estuvo más de moda uno, más de moda otro, ideologizaciones de tipo socializante.

b)  Otra ideologización es la ideologización psicológica. Se trata de una hermenéutica elitista que, en definitiva, reduce el ”encuentro con Jesucristo” y su ulterior desarrollo a una dinámica de autoconocimiento. Suele darse principalmente en cursos de espiritualidad, retiros espirituales, etc. Termina por resultar una postura inmanente y autorreferencial. No sabe de trascendencia y, por tanto, no sabe de misionariedad. Yo no tengo nada contra el eneagrama, pero cuando vos te encontráis que en un curso de ejercicios espirituales la primera semana de los ejercicios se hace en base al eneagrama para conocerte a vos mismo, decidme dónde termina el coloquio de misericordia con Cristo resucitado. Hay una hermenéutica psicologista que termina en una cosa burda y mala. El autoconocimiento es bueno, pero no es la misionariedad que están buscando. Y ahí podemos ser tentados.

c)  Tercero: La propuesta gnóstica. Bastante ligada a la tentación anterior. También suele darse en grupos de élites en América Latina con una propuesta de espiritualidad superior, bastante desencarnada, que termina por desembarcar en posturas pastorales de “quaestiones disputatae”. Acordémonos que fue la primera desviación de la comunidad primitiva y reaparece, a lo largo de la historia de la Iglesia, en ediciones corregidas y renovadas. Vulgarmente se los denomina “católicos ilustrados” (por ser actualmente herederos de la Ilustración). Es decir, una gnosis desde la cual interpretan el evangelio y de ahí la pastoral y todo. Esto es interesante y con el inicio del pontificado uno recibe cartas, propuestas, … le hacen llegar inquietudes, este tipo de fieles, de católicos, las propuestas, los deseos que con los nuevos aires que puede haber, estas cosas, bueno: que se casen los curas, que se ordenen las monjas, que se dé la comunión a los divorciados,… no van al problema de fondo real sino a estas pequeñas posturas ilustradas que nacen precisamente de este tipo de hermenéutica.

d)  La propuesta pelagiana. Aparece fundamentalmente bajo la forma de restauracionismo. Ante los males de la Iglesia se busca una solución sólo en la disciplina, en la restauración de conductas y formas superadas que, incluso culturalmente, no tienen capacidad significativa. En América Latina suele darse en pequeños grupos, en algunas nuevas Congregaciones Religiosas, en tendencias a la “seguridad” doctrinal o disciplinaria. Fundamentalmente es estática, si bien puede prometerse una dinámica pero hacia adentro: involuciona. Busca “recuperar” el pasado perdido. Y créame que a mí me asusta esta. “La Iglesia es un desastre,…”. El primer año del pontificado de Benedicto XVI tuve que intervenir en un caso de un fundador de un movimiento y su discurso terminaba diciendo: La Iglesia como está ahora hay que dejar que fracase sola porque ni Benedicto XVI con toda la teología que sabe la va a poder salvar y nosotros, nuestros cuadros, nuestras congregaciones, estarán renovando la Iglesia. Eso es restauracionismo. Una especie de cobertizo que va acumulando debajo este tipo de variedades.

Bueno, pienso que con esto basta, hay mucho más…

2. El funcionalismo. Su acción en la Iglesia es paralizante, es contraria a la misionariedad. Es como un engaño. El funcionalismo, más que con la ruta se entusiasma con la “hoja de ruta”. La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de “teología de la prosperidad” en lo organizativo de la pastoral. Acá hay un problema que se da en algunas conferencias episcopales. Cierto que la tentación se da en todas, pero en alguna se da como fuerza, que es la “elefantiasis” de la conferencia. Entonces abrimos, abrimos y abrimos más todo lo de la organización. Y en última instancia diluye la eficacia y nos hace ilusionar con un eficientismo que no es el de la gracia, no es el de la misión, no es ese tipo de eficiencia empresarial.

3. Tercera tentación que me preocupa es el clericalismo es también una tentación muy actual, en Latinoamérica por supuesto. Curiosamente, en la mayoría de los casos del clericalismo, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta mucho más cómodo. Es así. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en parte del laicado latinoamericano. O no crece (la mayoría), o se acurruca en cobertizos de ideologizaciones como las ya vistas, o en pertenencias parciales y limitadas. Existe en nuestras tierras una forma de libertad laical –estar atento a esto es bueno- a través de experiencias de pueblo: el católico como pueblo, formando parte del pueblo de Dios a través de la pertenencia a la Iglesia. Aquí sí se ve una mayor autonomía, sana en general, y que se expresa fundamentalmente en la piedad popular. El capítulo de Aparecida sobre piedad popular describe con profundidad esta dimensión. La propuesta de los grupos bíblicos, de las comunidades eclesiales de base y de los Consejos pastorales va en la línea de superación del clericalismo y de un crecimiento de la responsabilidad laical.

Podríamos seguir describiendo algunas otras tentaciones contra el discipulado misionero, pero creo que con éstas ya nos basta, son las más importantes que, a mi parecer, tienen más fuerza en este momento de América Latina y El Caribe. Al describirlas estoy caricaturizando, ¿eh? Pero para que se entienda un poco la cosa, dónde está la tentación. Ahí no son tan fuertes pero la caricatura a veces nos ayuda descubrir donde está el Espíritu.


5. Algunas pautas eclesiológicas

1. El discipulado-misionero que Aparecida propuso a las Iglesias de América Latina y El Caribe es el camino que Dios quiere para este “hoy”. Toda proyección utópica (hacia el futuro) o restauracionista (hacia el pasado) no es del buen espíritu. Dios es real y se manifiesta en el ”hoy”. Hacia el pasado su presencia se nos da como “memoria” de la gesta de salvación sea en su pueblo sea en cada uno de nosotros; hacia el futuro se nos da como “promesa” y esperanza. En el pasado Dios estuvo y dejó su huella: la memoria nos ayuda a encontrarlo; en el futuro sólo es promesa… y no está en los mil y un “futuribles”. El “hoy” es lo más parecido a la eternidad; más aún: el ”hoy” es la chispa de eternidad. En el “hoy” se juega la vida eterna.

El discipulado misionero es vocación: llamado e invitación. Se da en un “hoy” pero “en tensión”. No existe el discipulado misionero estático. El discípulo misionero no puede poseerse a sí mismo, su inmanencia está en tensión hacia la trascendencia del discipulado y hacia la trascendencia de la misión. No admite la autorreferencialidad: o se refiere a Jesucristo o se refiere al pueblo a quien se debe anunciar. Sujeto, el discípulo misionero es un sujeto que se trasciende. Sujeto proyectado hacia el encuentro: el encuentro con el Maestro (que nos unge discípulos) y el encuentro con los hombres que esperan el anuncio.

Por eso, me gusta decir que la posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias… incluso las de la eternidad en el encuentro con Jesucristo. En el anuncio evangélico, hablar de “periferias existenciales” descentra, y habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un descentrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales.

2. La Iglesia es institución pero cuando se erige en “centro” se funcionaliza y poco a poco se transforma en una ONG. Vimos que era una de las tentaciones. Entonces, la Iglesia pretende tener luz propia –la gran tentación de la Iglesia: tener luz propia- y deja de ser ese “misterium lunae” del que nos hablaban los Santos Padres: misterio de la luna. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De “Institución” fundada por Jesucristo se transforma en “Obra”. Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en “Controladora”. Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no tanto controladora de la fe.

3. En Aparecida se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma originalidad del Evangelio y también pueden servirnos de pauta para evaluar el modo como vivimos eclesialmente el discipulado misionero. Las dos categorías son: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que conforman la manera cómo Dios se reveló en la historia. Es el “Dios cercano” a su pueblo, cercanía que llega al máximo al encarnarse. Es el Dios que sale al encuentro de su pueblo. Existen en América Latina y El Caribe pastorales “lejanas”, pastorales disciplinarias que privilegian los principios, las conductas, los procedimientos organizativos… por supuesto sin cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la “revolución de la ternura” que provocó la encarnación del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de distancia que son incapaces de lograr el encuentro: encuentro con Jesucristo, encuentro con los hermanos. Este tipo de pastorales a lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción eclesial ni pertenencia eclesial. La cercanía crea comunión y pertenencia, da lugar al encuentro. La cercanía toma forma de diálogo y crea una cultura del encuentro.

Una piedra de toque para calibrar la cercanía y la capacidad de encuentro de una pastoral es la homilía. ¿Qué tal son nuestras homilías? La pregunta que nos tenemos que hacer nosotros y se la tienen que hacer los curas y los diáconos. ¿Nos acercan al ejemplo de nuestro Señor, que “hablaba como quien tiene autoridad” o son meramente preceptivas, lejanas, abstractas? 41 3 52 Aquí Piedra de toque sobre la cercanía y el encuentro, cómo uno tiene la homilía. Y no nos olvidemos de la teología de la homilía, eso pero operantis a través de la Iglesia. O sea, no es un operator, como la tesis luterana, ni es un ex opere operantis como el agua bendita, es otra cosa que esta en el medio, ¿no es cierto? Es un opere operantis pero tirando al operato y es un opere operato pero con la autoridad de la Iglesia. Y eso refleja también mi pertenencia a la Iglesia y cómo la vivo. Una cosa que no puse acá, que se me pasó y la puse en el discurso de los obispos brasileños es que pastoral en última instancia es el ejercicio de la maternidad de la Iglesia. Hacer pastoral es que la Iglesia sea madre. Punto. Y a veces nos olvidamos de eso y la pobre madrastra…

4. Quien conduce (ya estoy terminando) la pastoral, la Misión Continental (sea programática como paradigmática), es el obispo. El obispo debe conducir, que no es lo mismo que “mandonear”, pero debe conducir. Además de señalar las grandes figuras del episcopado latinoamericano, que las tenemos y que todos conocemos, quisiera añadir aquí algunas líneas sobre el perfil del obispo, ya se lo dije los nuncios en la reunión que tuvimos en Roma, unos rasgos sobre el perfil del obispo que yo considero importantes.

Los obispos han de ser pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan “psicología de príncipes”. Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra más importante. El fenómeno de los obispos polígamos (risas). Están casados con una pero esperando a ver cuándo viene la promoción. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza de su pueblo. El obispo tiene que cuidar la esperanza de su pueblo: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo también tiene olfato para encontrar nuevos caminos.

No quisiera abundar en más detalles sobre la persona del obispo, sino simplemente añadir, incluyéndome en esta afirmación, que estamos un poquito retrasados en lo que a conversión pastoral se refiere. Conviene que nos ayudemos un poco más a dar los pasos que el Señor quiere para nosotros, los obispos, en este “hoy” de América Latina y El Caribe. Y sería bueno empezar por aquí.

Bueno, les agradezco la paciencia de escucharme. Perdonen el desorden de la charla y les pido que tomemos en serio nuestra vocación de servidores del santo pueblo fiel de Dios, porque en esto se ejercita y se muestra la autoridad: en la capacidad de servicio. Gracias.

Bueno, gracias de nuevo y estoy al servicio de ustedes para ayudar. Perdonen si por ahí había alguna cosita medio safada, pero es que tenía que hablar de obispo a obispo. Muchas gracias.

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