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“Nos vemos en tres días”, dice el Papa a los jóvenes rumbo a Río

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Millones de muchachos acudirán a la cita más festiva de los últimos años

“Muchos de ustedes, queridos jóvenes, han llegado ya a Río y otros muchos están llegando en estas horas. Nos vemos allí dentro de tres días”.

Con estas palabras saludó el Papa Francisco desde su cuenta en Twitter (@Pontifex_es) a los miles de peregrinos que se alistan para formar parte de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), la cual se realizará en Brasil del 23 al 28 de julio.

Más de millones de muchachos acudirán a la cita que promete ser de las más festivas de los últimos años, gracias a la estupenda organización del evento que hace juego con la particular simpatía y popularidad de Francisco.

Aunque las cifras son conservadoras, si se recuerda la JMJ de Manila, en Filipinas, que aún ostenta el récord de participación con más de 5 millones de jóvenes, es claro que el repunte actual de participantes es una respuesta de la juventud al llamado de la Iglesia Católica.

Se trata de la misma Iglesia a la que tildan de atrasada y obsoleta, aunque ningún evento mundial a campo abierto puede presumir de las cifras que consigue esta convocatoria internacional; al punto de que los países se pelean la ciudad sede, al mejor estilo de un mundial de fútbol o unas olimpíadas.

Sólo un par de días nos separan de la cita que rejuvenece a la única Iglesia fundada por Jesús sobre san Pedro, la roca cuyo sucesor es Su Santidad Francisco. Quién imaginaría que dos milenios después veríamos al Papa en un mismo mes como portada de las revistas Vanity Fair y Time.

Más aún, que ese mismo Pontífice saldría del “Palacio” para hablar y conectarse con los chamos tuiteando desde su Ipad, y que lo haría siguiéndole los pasos a otro abuelo despierto, el hoy Papa emérito Benedicto XVI, por aquello de que “ahí donde están los jóvenes, ahí tenemos que buscarlos”.

Estamos acudiendo a una etapa en la historia mundial cargada de anti-valores y un relativismo ético y moral que se constituyen en una trágica dictadura en nuestras naciones, pero Dios nos concede también ver el despertar de una masa que tiene sed de lo bueno y grita no sólo con oraciones sino con hechos.

Quiera Dios que también nosotros, creyentes o no, nos sumemos a este despertar de la Iglesia; porque definitivamente este planeta asfixiado de politiquería y corrupción pide a gritos ¡mucho de aliento fresco!
 

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