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Los latinos podemos aportar muchos valores a EE.UU.

Jaime Septién - publicado el 17/07/13

La Iglesia de Estados Unidos y la del Celam; un camino hacia la interdependencia (I)

La doctora Susana Nuin es secretaria ejecutiva de Comunicación y Prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).  Recientemente estuvo en Estados Unidos, dictando una serie de conferencias sobre el papel –a menudo más fecundo de lo que imaginamos—del catolicismo latino en el de Estados Unidos; papel que ha hecho que esta nación sea ya la tercera en el mundo en número total de católicos.

Así también, como testigo y actor de la V Asamblea General del Celam en Aparecida, Brasil (mayo de 2007), Susana Nuin, de origen argentino, actualmente viviendo en Colombia, responde al siguiente cuestionario, realizado por Aleteia en base a sus intervenciones en Estados Unidos.

– ¿Cuál es el aporte de los pueblos latinos en materia de cultura a Estados Unidos?

Yo siempre creo que cada pueblo tiene una chispa inspiradora, puesta por Dios. No sólo lo creo. Lo sabemos, cada cultura contiene las semillas del Verbo, dice el Vaticano II, las semillas, justamente, de la presencia de Dios en las culturas. Por lo tanto, también en los pueblos se da esta realidad.

Y cuando me preguntan cuál es el aporte que pueden dar los latinoamericanos en Estados Unidos contesto diciendo que creo que todos llevamos en nuestro corazón, como también el pueblo norteamericano, tesoros profundos y que tienen que ver justamente con la presencia de Dios en las culturas y en los pueblos.

– ¿La naturaleza de América viene impresa en nuestro corazón?

En primer lugar. Es un regalo enorme de la creación de Dios Padre creador con la naturaleza que tienen nuestros pueblos. Realmente, cada lugar es extraordinariamente bello. No es esto para ensalzar nada, sino para reconocer la riqueza geográfica que nosotros no sólo dejamos al irnos, sino que traemos en nuestras personas, integrado. O sea, nuestras personas llevan y traen donde van esa riqueza también geográfica, esa riqueza natural.

– También hay otra riqueza: la de las materias primas…

…es importante el hecho de la riqueza de su suelo y subsuelo. Riquezas que son siempre la admiración de otros países y otros pueblos. A veces, reconocidas, suficientemente, a veces, no reconocidas, pero sí utilizadas. De esto también tenemos experiencia en América Latina. Pero tenemos que ser conscientes que no sólo tenemos una riqueza geográfica, histórica, sino que tenemos una riqueza en todos los aspectos y también en los bienes materiales.

– ¿Y nuestros pueblos indígenas?

Es otro elemento que me parece muy importante: los pueblos originarios. O sea, nosotros, la mayoría, tenemos raíces de los pueblos originarios. América Latina tiene en toda la extensión de su continente, justamente, la riqueza de los pueblos originarios; que es un patrimonio, un patrimonio enorme. Que poquito a poco vamos descubriendo. Que poquito a poco vamos dando la posibilidad de que cobre su real y verdadero e indispensable espacio.

Eso por un lado. Por otro lado también me parece importante reconocer la población afro, que constituye un porcentaje altísimo de población en América Latina. Y que ha sido también un aporte muy grande, y es.

Y, al mismo tiempo, de la población afro podemos decir lo mismo que decimos de las comunidades originarias todavía son, en alguna medida, digamos, no diría desconocidas, porque sería muy injusto decir eso por el tipo de aporte que hacen a la sociedad, pero quizás el espacio que de a poco debemos dar en la sociedad o lo más aceleradamente posible. Ese espacio, debemos ser conscientes que se debe poder dar cada vez más.

– Hablar de América Latina es hablar de migraciones, ¿no es así?

En efecto, son enormes las corrientes migratorias de los últimos tiempos y de las cuales es notorio, sobre todo en el sur. Yo provengo del sur, entonces puedo decir Argentina, Uruguay, Chile, Brasil han tenido muchísimas corrientes migratorias de Europa, enormes cantidades.  Por otro lado, me parecía importante el hecho de poder reconocer juntos, lo que yo llamo el mal de amor de América Latina.

Bien, el mal de amor que yo identifico, como algo muy positivo de América Latina es su anhelo, su sentimiento muy profundo… Me ha tocado hacer investigaciones sobre el imaginario cultural, sobre lo que nosotros imaginamos y sobre lo que nosotros trabajamos culturalmente sobre el estar en relación con los otros, el estar vinculados con los otros, el querer, en alguna medida, siendo provenientes de países tan distintos, me atrevo a decir, sin duda con una base en común, fundada en lo religioso, también en el habla, en el idioma.

Pero más allá de todo esto, hay un imaginario muy potente de querer trabajar los pueblos, unos con los otros. Después nos estallamos en mil conflictos, en tentativos de conflictos con facilidad. Pero es muy, muy fuerte en América Latina esta forma de concebir.

– Aparecida lo tocó…

Los obispos en Aparecida hablan justamente de la importancia de una unidad que se expresa en fraternidad. Así titulan el punto 10.7 de Aparecida, todo el capítulo en el cual llaman a que ese imaginario, ese anhelo, ese deseo, esa semilla de vínculo, de unidad, de integración pueda crecer cada vez más. En los obispos es muy claro y, dedican, prácticamente, varias páginas en el documento a este tema.

– ¿Qué características fuertes tenemos los latinoamericanos?

Este querer reconocernos con los otros, sin lugar a dudas. También que aún si hemos sufrido guerras de independencia, que no desconocemos, nuestros países las han vivido, en alguna medida podemos decir que nuestros pueblos han siempre tratado de buscar caminos pacíficos.

Yo vivo en este momento en Colombia y sé el sufrimiento que es para el pueblo la situación que vive Colombia, desde hace 60 años, prácticamente. Pero esto no quiere decir que los colombianos suenen panderetas por esa situación de conflicto que viven. Ahí intervienen muchísimos factores, que sería bastante más complicado ahora analizarlos.

– Pero hay demasiados conflictos internos, ¿no le parece?

No, yo creo que somos un pueblo latinoamericano pacífico, pero tenemos conflictos internos en algunas sociedades que tenemos que resolver. Y que muchas veces tienen también influencias de afuera. Y que también eso debemos tener en consideración y atención.

Algo que me parece también importante de destacar es pacíficos pero también con una concepción de familia y de sociedad-familia y de sociedad-iglesia. Es algo quizás difícil como concepto de poder captar, o poder transmitir. Pero tenemos muy fuerte, muy latente en nuestras fuerzas internas, esta concepción de familia, y de familia-iglesia y de familia-sociedad, que creo que sin duda la llevamos donde vamos, también.

– Muchos hablan del talento de nuestras manos, de las manos de nuestros indígenas, por ejemplo…

Además de ser fraternos, además de ser pacíficos, además de esta dimensión de familia, creo que algo que nos caracteriza, fuertemente, es también la creatividad, el dinamismo creativo. La creatividad quizás de los latinoamericanos es bien distinta a la creatividad de los japoneses, me parece. Sin lugar a dudas. Pero es una creatividad que siempre está latente. Es creatividad de sobrevivencia, es creatividad de las mujeres de poder salir adelante. Es creatividad de los pueblos latinoamericanos el encontrar salidas, además de la creatividad artística, cultural, política, social. Pero esa creatividad está.

Yo creo que un ejemplar interesante de analizar desde un punto de vista de creatividad dinámica es el Papa Francisco. Porque en poco tiempo, más allá de toda su gracia papal y todo lo que tiene que ver con su gracia de estado, podemos decir que su creatividad espontánea y que dinamiza, nos ha sorprendido profundamente.

– ¿Qué otra característica ve usted como importante?

Una característica central que es el hecho de la socialidad. No que seamos sociables. Somos sociables, profundamente sociables, pero más allá de eso, la socialidad como una categoría es una forma de ser en comunidad con los otros. Es una forma de vivir en relación con los otros. Y se dice que es una característica del continente latinoamericano, nuestra capacidad, nuestra forma, nuestro estilo de estar en socialidad, de construir socialidad.

– La socialidad, ¿qué quiere decir?

Quiere decir: ese poder estar en relación con los otros, concebirnos en relación con los otros, concebirnos que somos para los otros y los otros son también para nosotros. Que eso encuentra su plenitud en la unidad en la diversidad de nuestros pueblos. Nuestros pueblos no los podríamos homogeneizar, no los podríamos hacer todos iguales. Sería imposible. Cada uno tiene características únicas y extraordinarias.

Pero, a su vez, convergen. A su vez, tienen interés de estar juntos. A su vez tienen interés en compartir espacios, en tomar decisiones. Por eso se busca por aquí, por allá, por todos lados fuerzas de región, fuerzas regionales. Pero como una inquietud interna, profunda. Ninguna de las instituciones o, mejor dicho, de las organizaciones regionales que se han constituido han sido sólo partiendo de lo económico. Todas hasta el momento han querido partir de lo social, de lo político, de lo cultural y lo económico.

Esto me parece que es un cambio también en la forma de concebir que es típica latinoamericana. Aún el Mercosur, del cual conozco bastante. Aún el Mercosur, con el título Mercosur, no ha querido partir de lo económico sino de todos los elementos que constituyen, digamos, la relacionalidad.

– ¿Hacia dónde podemos caminar hoy?

Por ejemplo, la Iglesia en Estados Unidos con la Iglesia del Consejo Episcopal Latinoamericano, la interdependencia. El sentir que ese prefijo inter, quiere decir entre, nos permite crear puentes, nos permite crear interculturalidad, nos permite enriquecernos, nos permite crear proyectos, crear programas, crear trabajos en conjunto. Esa interdependencia sería hoy para nosotros como el mayor grito de gloria, desde el cristianismo, si la pudiéramos ver.

– ¿Por qué?

Porque justamente me parece una manera de estar en el mundo, asumir los conflictos y las realidades del mundo, pero no ser del mundo, en cuanto a quedarnos encerrarnos en los nacionalismos o en las batallas de los intereses de los distintos países. Esta sería para nosotros, también desde el Celam, una propuesta a desarrollar, superando la dependencia, superando la independencia y pudiendo llegar a una interdependencia. Donde ambas realidades nos necesitamos.

Todos los pueblos por más ricos o más pobres que sean, nos necesitamos unos a otros, como las personas. No podemos vivir los unos sin los otros. De la misma manera, los pueblos por más que sean poderosos no pueden vivir sin el relacionamiento, sin vincularse con los otros.

(Continúa mañana aquí, en Aleteia)

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