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¿Satanismo? ¿Provocación? ¿O sólo entran por dinero?

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Lo que hay detrás de las profanaciones de iglesias y lugares de culto

La mayoría de los robos en las iglesias, incluso de copones de sagrarios llenos de formas consagradas, tienen como finalidad el interés económico por la venta de los objetos religiosos. La finalidad satánica y de profanación del Cuerpo de Cristo es mínima ante el robo y el hurto.

No existen estadísticas completas y comparables para saber si hay un aumento o no de este tipo de situaciones en casi ninguna diócesis del mundo.

En algunas diócesis y países los datos apuntan a un descenso, si bien en otros parecen indicar un aumento, al menos en la recolección de datos y sucesos ocurridos.

Finalmente, si bien se viene dando en muchas diócesis y países una mejora en los métodos de seguridad de los espacios sagrados aún se debe seguir avanzando en ello.

¿Para qué las roban?

De vez en cuando escuchamos noticias de que ha sido robado el copón o ciborio del sagrario en un templo y las formas en él contenidas. Es decir, las formas consagradas, y por lo tanto el Cuerpo de Cristo, Cristo Eucaristía.

¿Qué decir de ello? Es decir, ¿para qué son robadas? ¿Acaso para ser profanadas en algún culto satánico, destruirlas, pisotearlas…?

¿Es un acto de hurto o bien un acto contra la Iglesia, los sacerdotes, una parroquia en concreto, un acto contra Dios? ¿Qué hay realmente en ello?

Casi siempre los hechos ocurren de la misma manera: habitualmente durante la noche, momento en el que se entra en la iglesia o parroquia forzando la puerta, o quizás por una ventana o vidriera; desde ahí se accede al sagrario, y a veces todo él, con su contenido, es robado, o forzándolo, se toma solamente el copón.

También se suele entrar en la sacristía, se revuelven los objetos litúrgicos, se buscan las custodias, cálices y patenas, incensarios… se tira el resto de objetos por el suelo, las albas, sotanas, casullas y capas, quizás algunas de más valor es también robada, se revuelven los misales y leccionarios…, se busca el dinero de las colectas…

Robo

Habitualmente, la verdad es que casi siempre se trata de un robo. Se buscan objetos de valor, y a veces objetos que por su brillo y apariencia muchas veces parecen tener un elevado valor crematístico, es decir, que se pueden vender y sacar dinero por ellos.

Se busca el dinero de las colectas, de los objetos artísticos, de los útiles de audio como micrófonos, cables, aparatos de tensión, guitarras, y demás material objeto de venta; incluido tenemos documentados casos de robo de tuberías de cobre o de los inodoros de los salones parroquiales.

Veamos algunos casos, sin entrar en demasiados pormenores:

No hay que irse al robo del Códice Calixtino en España, caso más complejo en sus motivaciones que los habituales a los que las fuerzas policiales y de seguridad del Estado se encuentra, desaparecido el 5 de julio de 2011 y recuperado el 4 de julio del siguiente año.

En España es bien conocido por los especialistas de las fuerzas de seguridad del robo de obras de arte, especialmente tallas, algunas de gran valor en iglesias de la geografía española. No pocas diócesis diferentes europeas, especialmente en Italia, Alemania, Francia o Italia cuentan los robos de arte y reliquias por centenares al año.

Más habituales son robos y hurtos menores. Así, el caso de Sucre (Bolivia), donde en el mes de junio volvía a darse un robo de elevada cuantía por la sustracción de las monedas de las ofrendas, además de un anillo de oro de la Virgen de Urkupiña.

También del mes de junio de 2013 es el caso ocurrido en Lugo (España), con robo de cáliz de plata, cruz procesional, lámpara y candelabros, incensario, crucifijos, hisopo, cirio, vinajeras, caja limosnera y escultura del Niño Jesús.

O el perpetrado en Moca (Rep. Dominicana), en abril del mismo año, donde el robo fue de una mesa de música, una decena de micrófonos, e incluso un piano.

Algunas veces el odio lleva a realizar pintadas en el exterior con frases injuriosas, simbología satanista, o bien también anarquista.

A veces, incluso en el interior, en el altar, también pisoteándolo, como en el suceso ocurrido en mayo de 2013 cerca de Rottweill (Alemania);  o bien a realizar actos de nudismo en el interior (caso de 2011 en la capilla de una universidad de Madrid).

O a intentar quemar la iglesia, a veces a partir de la propagación del fuego desde la puerta del exterior, o con el lanzamiento de cócteles molotov desde el exterior, situaciones a veces reiteradas, como en tres iglesias quemadas a final de diciembre pasado en Austria.

O el ocurrido en Drome (Francia), donde el altar fue incendiado en el mes de mayo pasado; o el más reciente ocurrido en Castellón (España) en el mes de julio, donde los asaltantes incendiaron libros litúrgicos y quemaron parte del recinto interior del templo.

Incluso a veces son redes criminales, las cuales pueden llegar perpetrar hasta 23 robos en iglesias y ermitas, como el grupo de cinco detenidos de Murcia (España) en el pasado año 2010.

Sí es cierto que a veces, pero son las excepciones más raras, tenemos casos en los que se ha ido directamente a por las formas consagradas, y pienso en el pasado mes de mayo en Vienne (Francia) en Francia.

O el caso de Carabobo (Venezuela), en este mes de julio, donde pudiendo haberse robado objetos de valor en el recinto sagrado, sólo se sustrajeron el copón con la Formas Consagradas del sagrario.

Y luego están otros robos, muy habituales, en la casa parroquial, tantas veces anexa o ligada al templo, así como a los despachos parroquiales, casi siempre abiertos de par en par por la atención a los feligreses, la entrada y salida de catequistas y fieles que ayudan y colaboran allí y a los que muchas veces el acceso es fácil y sencillo, sin preguntarse identidades y referencias, porque tanta gente entra y es atendida, gracias a Dios.

Similar a lo expuesto sobre las parroquias, iglesias y demás templos se puede decir de las comunidades religiosas que custodian el Cuerpo de Cristo, las capillas de colegios y demás centros educativos, los hospitales, y demás capillas.

Mención también importante, sobre todo por su aislamiento y facilidad de cometer delitos de todo tipo, son los camposantos o cementerios, y estudiar con detalle los hechos que puedan ocurrir en ellos, ya sea roturas, destrozos en lápidas, robo de cruces o estatuas, profanación de cuerpos por destrozo, robo de los mismos o parte de ellos, etc., como por ejemplo, el robo de piezas dentales de oro en un camposanto de Guipúzcoa (España) en el pasado mes de marzo.

2. Algunas distinciones

Hay que distinguir los hechos ocurridos. Hay que considerar el tipo de acto y ver si el motivo es de finalidad económica o es otro.  Por otro lado no siempre es claro que el robo de un copón con las Formas en su interior signifique un uso satánico, pues quizás sólo llevaron el objeto con el contenido, que más tarde tirarán al no interesarles.

Es decir, hay que considerar con todo detalle si el interés y finalidad de los asaltantes ha sido hacia objetos de valor monetario o no. Si ha habido destrozo contra imágenes, objetos litúrgicos, el propio altar, etc., puede ser indicio de una finalidad anti-cristiana y contra la Iglesia, quizás de fondo satánico.

En los casos en que nada del recinto es destrozado más que para acceder a obras y objetos de valor económico, posiblemente ésta sea la finalidad.

Cuidado en descartar un uso profanador en un posterior ritual satánico en los casos en que además del copón con las Formas se hayan robado otros objetos, como cruces y otros objetos litúrgicos, ya que a veces se roban también estos objetos para ser usados en el propio ritual de adoración a Satanás.

Un posible caso es el ocurrido en febrero de 2013 en el robo de una iglesia de Olbia (Italia). Otras veces quizás se roben objetos del recinto junto con las formas consagradas para ocultar una profanación clara del Cuerpo de Cristo, opción por la que me decanto en el caso de Milán (Italia) del pasado abril.

No me da igual impresión el caso del pasado mayo en Pas-de-Calais (Francia) con robo de cáliz de plata y Formas, copón, y custodia, si bien corresponde a los peritos de las fuerzas de seguridad e investigación criminal determinar el esclarecimiento de cada uno de los casos.

A veces la acción es realizada por intermediarios que actúan para otros, pero no es lo normal. Casi siempre se trata de robos realizados por un pequeño grupo de personas, para su posterior venta, incluso por Internet, aunque no es lo normal, aunque sí lo más llamativo en los titulares de prensa, como el caso belga de 2010.

Lo habitual en cuanto al tráfico de formas consagradas es hacerlo a través de redes satánicas que están en contacto entre sí, que muchas veces operan a través de webs de Internet de acceso restringido. Esto les permite saber que dichas formas están consagradas, pues el conocimiento de los grupos entre sí les permite confiar acerca de la veracidad de los hechos.

Fuera ya del ámbito satánico, es conocido y seguido con gran determinación y resultados favorables por parte de las fuerzas policiales y de seguridad, también a nivel internacional, el comercio de arte religioso y de reliquias.

3. El sacrilegio

Cualquier robo, hurto o destrucción de objetos ajenos es un delito, como también el allanamiento de morada, y como tales están sancionados por la ley en cualquier Estado de Derecho con sus diversos matices legales y jurídicos propios de cada país.

Si tratamos ahora de los objetos sagrados, es decir, aquellos objetos de procedencia profana apartados para uso religioso, ritual o litúrgico, en una religión, su robo o daño, además, es una profanación o sacrilegio, intentando volver profano, con dicho acto, lo que es sagrado.

Así, sacrilegio es todo trato injurioso de algo sagrado, lo cual ha sido declarado como tal por ritual público e institución, o bien divina -sagrados por su propia naturaleza- o eclesial -mediante un ritual de bendición o consagración (y aquí ya nos referimos expresamente a la religión cristiana).

El sacrilegio -ver santo Tomás de Aquino (S. Th II-II q. 99)- puede ser de diferentes tipos: personal, local y real (de «res, rei», en latín, cosa), según refiera contra las personas, los lugares o las cosas.

En lo que nos incumbe en este tema, trataremos de los dos últimos tipos.

El sacrilegio local se da en los casos de violación de iglesias, capillas, oratorios, ermitas y cementerios bendecidos. Y engloba tanto el robo de los objetos propios de dichos lugares, como de los que estén dentro de dicho ámbito.

También entra dentro del sacrilegio local la realización en dicho ámbito sacro de actos pecaminosos como el homicidio, el derramamiento de sangre con culpa de pecado grave, o la realización de actos contra la castidad y la pureza. Finalmente, también estarían en este tipo la realización de acciones impropias en dichos lugares, como bacanales y borracheras.

En cuanto al sacrilegio real, referido a las cosas, en los casos que estamos considerando, se daría en modo máximo con la deliberada y consciente acción irreverente contra el Cuerpo de Cristo Eucaristía.

Nada existe más sagrado que el mismo Cristo, que es Dios, y en su Cuerpo eucarístico está todo Él, presente en las especies eucarísticas sí, pero en ellas sacramentalmente presente, no simbólicamente, sino realmente presente en ellas. Este es el mayor sacrilegio.

También estarían dentro del sacrilegio relativo a las cosas todos los actos cometidos contra reliquias, objetos, enseres y ornamentos usados en la celebración de los sacramentos; o bien sobre las imágenes sagradas, ya sean destrozos, robos, o bien llevar a cabo actos patológicos como la estatuofilia, que es el mantenimiento de relaciones sexuales con alguna estatua del templo.

También entrarían aquí aquellos comportamientos que llevan a orinar o defecar, o incluso a eyacular, en el templo, especialmente en lugares significativamente sagrados como en el agua bendita, el altar, las imágenes, los libros litúrgicos, etc.

También dentro del sacrilegio real o de las cosas se engloba el uso indebido de los objetos litúrgicos, la realización de parodias de la liturgia con los ornamentos y objetos sagrados, o bien el destrozo parcial o total de dichos objetos por cualquier modo y forma posible.

El Derecho Canónico, en su canon nº 1367 dice: «Quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica».

En el caso de menores de 16 años o ignorantes en lo que realizan y hacen la penas no se eximen pero se deben atenuar (canon nº 1324).

Este tipo de excomunión es automática, sin necesidad de ser conferida en un acto propio, ya que el mismo acto sacrílego la lleva aparejada de suyo.

En todo caso, es el Papa a través de la Penitenciaría Apostólica quien levanta la excomunión. El año 2009 dicho Tribunal de la Santa Sede habló de un «aumento preocupante» en los casos de profanación de la Eucaristía; al menos, en los que son reportados y contabilizados en el Vaticano, provenientes de todas las diócesis del mundo, hecho que comentaba el entonces Penitenciario Mayor, el cardenal James Francis Stafford.

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