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Los hermanos Grimm nos engañaron sobre el amor

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Por qué el amor es a la vez el sentimiento más fuerte y más frágil que existe

De  todas las relaciones fuertes que se fraguan entre humanos no hay ninguna más frágil que la relación entre esposos. La presencia inoportuna de algunos miembros de la familia que intervienen en ella y que opinan, la presencia de ciertos amigos a quienes se les considera más importantes que la familia, la peligrosa llegada de una tercera persona que aparentemente ofrece novedades al tedio y la rutina y hasta el nacimiento de un hijo, hacen que con mucha posibilidad puedas empezar a llamar “ex” a tu pareja.
 
La familia siempre opina, siempre cree qué es lo mejor para cada uno y con sus palabras y actitudes llevan a la otra persona a no resistir más y terminar afirmando: “no me casé con tus padres”; la llegada de una tercera persona que siempre aparece como novedosa, de figura agraciada, con presencia más agradable y con un elemento atractivo como es el de darle un “toque” de aventura y adrenalina a una relación que pudo haber caído en la monotonía; la intervención de los amigos de la infancia, la adolescencia y del trabajo que con el  argumento de airear  la vida terminan alejando a los esposos entre si hasta el punto que cada domingo deja de ser día de familia para convertirse en día de los amigos y del fútbol; pero también hasta la llegada de un hijo que empieza a acaparar la atención de sus padres hasta llegar a olvidarse de si mismos y volcar sobre el recién nacido un amor que también es necesario volcar entre sí. 

Amar nunca ha sido fácil y es por eso que los cristianos creemos que el amor verdadero es un don de Dios y que siendo Él mismo “Amor” entonces sólo Él nos puede enseñar a amar. La inocente credulidad de pensar que el amor es instintivo y que por lo tanto solo basta seguir los movimientos del corazón nos ha llevado a dejar a la naturaleza algo tan sublime y perfecto como es este don que Dios nos da y por el que nuestra vida adquiere el mayor de los sentidos.

Tal vez el mayor daño  lo sufrimos por la lectura continua de los cuentos de los hermanos Grimm quienes siempre terminan sus historias diciendo que “se casaron y fueron felices”. Habría que escribir la historia a partir del matrimonio pues es allí donde empieza el auténtico camino, la verdadera lucha para cocer y dar forma al amor que se tienen. El amor esponsal es frágil eso no puede olvidarse, tiene muchos enemigos; la pasión sexual no tiene poder para mantener unidos a unos esposos, no tiene fuerza suficiente para ello, es efímera, se alimenta de los sentidos y con prontitud posa sus ojos en otras personas. Si antes los padres se mantenían unidos por el bien de sus hijos hoy esto no ha sido obstáculo para romper cualquier relación esponsal; los hijos tampoco logran mantener unidos a ninguno.

Para amar es importante ser como un agricultor: conocer los tiempos, los signos del cielo, los períodos para sembrar y recoger, conocer el estilo de planta que tenemos en casa pues ésta no es ni de sol pleno (porque la quema por ser absorbente) ni de sombra constante (pues el descuido hace que se marchite) sino que necesita espacios de sol y espacios de sombra. Esto es un arte y no todos están preparados para ello. ¿Qué es lo que encontramos hoy? Malos agricultores que al inicio de la relación el sol les pega permanentemente, la pasión los consume, los celos le acompañan, no quieren separarse un solo segundo, controlan su tiempo, sus amigos y sus espacios; pero los a los meses someten esa misma planta a la sombra total: descuido generalizado, falta de detalles, pocas palabras, poco diálogo, rutina y muerte.

A todo esto se le añade la poca capacidad para perdonar, se les olvida que el amor lo exige pues la perfección humana no existe y todos nos equivocamos. Esos equívocos son los que hacen necesario ser misericordiosos, tener paciencia, ayudarse a crecer, a madurar. Quien no quiere perdonar no se debe casar pues fracasará y saldrá corriendo ante el primer error.

Amar es un arte y sólo Dios es el Maestro por medio de Jesús, es necesario mirarlo a Él, aprender de Él para llegar a tener un amor semejante al suyo. 
 

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