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Urge Iglesia a acelerar proceso de paz en Colombia

© ADALBERTO ROQUE / AFP
El comandante de las FARC Iván Márquez, durante las conversaciones de paz en La Habana, 1 de julio de 2013
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Los obispos piden al Gobierno que no den la espalda al Catacumbo.

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) se encuentra reunida en el marco de su 95 Asamblea Planearía, siguiendo con atención tanto los conflictos sociales en el Catatumbo, en Norte Santander, como las conversaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que se están desarrollando en La Habana, Cuba.
 
El llamado general de los obispos colombianos ha sido para el gobierno y la guerrilla para que aceleren los diálogos en La Habana y se lleguen a acuerdos de paz que le urgen al país, así como atender las causas que han motivado las manifestaciones que por más de una semana se han dado en el Catatumbo.
 
Lentitud en el proceso
 
El presidente de la CEC y arzobispo de Bogotá, el cardenal Rubén Salazar Gómez, manifestó su “inmensa preocupación” por que las conversaciones de paz vayan tan lentas.  “Llevamos mucho tiempo y es poco lo que se ha avanzado…, queremos celeridad”; expresó el prelado colombiano.
 
Más adelante, en rueda de prensa, monseñor Salazar Gómez agregó: “Desde el primer discurso de Iván Márquez en Oslo, se notó claramente que las FARC querían volver a algo parecido a lo del Caguán, unas negociaciones en las cuales se negocia el país entero, el tipo de Estado, de economía; es decir, todo y eso no fue lo acordado. Lo acordado fue el fin del conflicto armado”.
 
Además, indicó que está seguro de que lo que espera el país es el fin definitivo del conflicto armado, y no la negociación de las políticas del Estado, como tampoco que se negocie la paz por sectores, pues compete –dijo el cardenal Salazar Gómez—a todo el pueblo colombiano.
 
Dentro de la misma Asamblea habló monseñor Leonardo Gómez, obispo emérito de Magangué (Bolívar), quien dijo ver “con buenos ojos y con esperanza los diálogos de paz” en La Habana.
 
“Lo de Cuba lo veo positivo, hay que ser realistas, creemos firmemente que lograremos superar este conflicto para llegar a acuerdos positivos”, añadió monseñor Gómez justamente cuando está a punto de finalizar el ciclo número 11 de negociaciones en La Habana.
 
Por su parte monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, resaltó que los diálogos en La Habana, Cuba, deben ser vistos como la puerta de entrada a un diálogo social y nacional conjunto.
 
“El dialogo debe estar enfocado hacia la paz para el futuro de Colombia y la reconstrucción social”, enfatizó monseñor Monsalve., mientras que monseñor Héctor Gutiérrez Pabón obispo de Engativá, dijo que, tras tantos años amargos, “será algo difícil para Colombia confiar” en la FARC.
 
Se debe mirar con justicia el Catatumbo
 
La Iglesia colombiana pidió al gobierno "mirar el Catatumbo", región fronteriza con Venezuela.  Ahí los campesinos llevan a cabo protestas desde el pasado 10 de junio, por las condiciones de pobreza que prevalecen en esa región, protestas que se han cobrado ya la vida de cuatro personas.
 
"Es claro que el gobierno tiene que mirar el Catatumbo, tiene que 'ponerse las pilas' para unos programas de largo alcance para esa zona", opinó sobre este tema candente el propio cardenal Rubén Salazar Gómez.
 
El prelado recordó que había sido administrador apostólico de aquella región y que su atraso “es infinito” y afirmó que las protestas y el paro "están haciendo muchísimo daño a la gente" que vive en una situación de emergencia.
 
Por su lado, el arzobispo de Tunja, monseñor Luis Augusto Castro, confió en que el gobierno pueda dar también "una respuesta social y no solo militar" en esa región.  Se requieren "soluciones claras y que ayuden a esta región a dar un salto de calidad", aseveró el arzobispo de Tunja.
 
Hay que recordar que los campesinos del “Catatumbo” reclaman la suspensión de la erradicación de los cultivos ilícitos y la implantación de una zona de reserva campesina, y el fin de los grandes proyectos de minería y agroindustria.
 
El gobierno colombiano, por su parte, ha ofrecido un plan de recuperación de la zona que, hasta el momento, no ha logrado detener la agitación social.

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