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El obispo de Vigo junto a los afectados por la crisis naval

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Alvaro Real - publicado el 09/07/13
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Hay algo mucho más serio en economía que ganancias, pérdidas o préstamosEl obispo de Tui-Vigo, monseñor Luis Quinteiro ha mostrado, mediante un comunicado, su cercanía y solidaridad “con todas y cada una de las personas y las instituciones afectadas” por la crisis el sector naval.
 
Desde el año 2009 y con motivo de la crisis económica, se han perdido un total de 10.800 empleos directos, que podrían ampliarse a 27.000 si se suman los indirectos. En las últimas semanas se han multiplicado las manifestaciones ciudadanas como protesta a esta problemática y miles de personas han tomado las calles de Vigo en defensa de los 87.000 puestos de trabajo de los astilleros.
 
“La mayor parte de los ciudadanos han percibido claramente que estamos ante una situación que amenaza la estabilidad de numerosos puestos de trabajo, aumentará los recortes salariales, los expedientes de regulación de empleo y el paro”, expresa el obispo de Tui-Vigo, considerando que la dimensiones de esta crisis del sector naval se hace presente en la vida cotidiana y “no podemos esconder la cabeza ante lo que está ocurriendo”.
 
Entre las difíciles circunstancias que está sufriendo el sector naval: “la falta de contratación a la vista, las dificultades para cobrar las reparaciones ya efectuadas y los problemas de las pesquerías”, habría que añadir, “la posibilidad de que Bruselas obligue a devolver los millones de euros que ha recibido como ayuda en los últimos años”, explica monseñor Quinteiro.
 
“Vigo ha vivido siempre del mar y cara a la mar”, afirma el obispo de Tui-Vigo, preocupado por la situación en la que quedarán sus diocesanos: “empaña el presente y nubla el futuro de nuestra ciudad”.
 
En la misiva, muy crítica con el modelo económico actual, muestra que lo importante son las personas: “hay algo mucho más serio en la economía, en el mundo laboral e industrial, que el baile de cifras en términos de ganancias, pérdidas, o préstamos” y recuerda que en el centro de la economía está la persona y “todas las personas por igual”.
 
Finaliza su carta pidiendo a los cristianos, “fomentar actitudes de ojos abiertos y corazones compasivos respecto a los rostros sufrientes de la crisis” y los organismos implicados, “a buscar las soluciones más idóneas, desde los irrenunciables principios del bien común, del destino universal de los bienes y de la solidaridad”. 

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