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El dogma de que el hombre es un animal más es falso

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El verdadero enfrentamiento se produce entre fe y ateísmo, no entre fe y ciencia, asegura científico

“El hombre estudia al chimpancé, pero el chimpancé no estudia al hombre”, afirmaba el catedrático y profesor honoriaro de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Alfonseca, durante su intervención en la Jornada “Ciencia, Fe y búsqueda de la verdad”, celebrada en la Universidad CEU-San Pablo (Madrid) la semana pasada.

Aleteia ha querido profundizar con el profesor sobre las diferencias entre el hombre y el resto de especies y sobre cuándo tuvo lugar esta diferenciación: “ese punto crítico que separó al hombre de los animales se adapta perfectamente al momento en que Dios comenzó a infundir el alma a los seres humanos, empleando la terminología clásica”, explica el profesor.

“Los biólogos ateos han conseguido establecer un «dogma» que afirma que la evolución no tiene dirección y que el hombre es un animal más”, explica el catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid: “El dogma es claramente falso, como se ve por poco que uno se fije en los datos reales.

En su intervención mostraba las diferencias entre el hombre y el chimpancé. ¿No es el hombre un animal más?

Obviamente no, si al pasar del nivel del uno al del otro se ha atravesado un punto crítico. El hombre es una especie única entre los seres vivos. Por primera vez, desde el origen de la vida, para bien o para mal, una sola especie ha sido capaz, por sí sola, de modificar profundamente el aspecto de nuestro planeta.

La superficie de las selvas tropicales se reduce; se extingue una proporción importante de las restantes especies de seres vivos; aparecen agujeros en la ozonosfera; cambia la composición de la atmósfera; parece que vamos hacia un cambio climático provocado por el hombre; el cielo nocturno se inunda de luz; y, por primera vez en su historia, la Tierra se ha convertido en emisor de ondas electromagnéticas de baja frecuencia (radio y microondas), lo que hace que nuestra existencia sea detectable por hipotéticas inteligencias extraterrestres.

Niveles anteriores de la vida provocaron cambios importantes (como la aparición de una atmósfera con oxígeno), pero lo hicieron reinos completos y tardaron cientos o miles de millones de años. Ahora, en cambio, una sola especie, la nuestra, ha conseguido todo esto en un tiempo de unos pocos miles de años, enormemente breve en relación con la historia de la Tierra.

– ¿Dónde se encuentra entonces el salto cualitativo del ser humano dentro de la especie animal?

Desde el punto de vista fenomenológico, en su capacidad de procesar información y almacenarla fuera de su cuerpo. No podemos saber en qué momento exacto se atravesó el punto crítico (tuvo que ser hace al menos 50.000 años, pero pudo ser antes), pero es evidente que ahora estamos al otro lado.

– También hablaba de tres tipos de información: la información contenida en el ADN, la información física que proporciona el sistema nervioso y la información cultural, genuinamente humana. ¿Hay similitudes y diferencias entre el ser humano y el resto de animales?

En cuanto a información genética, el hombre no domina a otras especies. Su genoma es bastante parecido al del chimpancé. Existen especies con más información genética que nosotros (el récord lo tiene un pez).

En cuanto a la información contenida en el sistema nervioso, el hombre es claramente superior a cualquier otra especie, incluido el chimpancé. Su cerebro es el más grande (en proporción al cuerpo) y el más complejo (con mucho). Parece claro que fue esto lo que nos hizo atravesar ese punto crítico.

En cuanto a la información cultural, que se almacena fuera del cuerpo, superó a las dos anteriores hace unos 3.000 años, con la invención de la escritura. Desde hace dos décadas es abrumadoramente superior, a medida que se extienden Internet y la Web mundial. Además, toda esa información está ahora (o lo estará en breve) al alcance de casi cualquier persona.

– ¿Por qué existe tanto interés en equiparar al hombre con los  animales, quitándole características fundamentales como la inquietud sobre la trascendencia?

Por razones obvias, los ateos tienen interés en ello, aunque no todos. Existen biólogos muy importantes que no están de acuerdo, y algunos no son creyentes. Pero los biólogos ateos han conseguido establecer un «dogma» que afirma que la evolución no tiene dirección y que el hombre es un animal más. El dogma es claramente falso, como se ve por poco que uno se fije en los datos reales.

– ¿Pueden unirse ciencia y fe en el conocimiento del hombre?

Por supuesto. En mis palabras durante la clausura de las Jornadas hablé precisamente de esto. No existe enfrentamiento entre ciencia y fe. Tal enfrentamiento es una construcción ficticia ideada por los ateos para apoderarse del prestigio social de la ciencia. El verdadero enfrentamiento se produce entre fe y ateísmo, lo cual es mucho más lógico. Aquí tienen un artículo mío que desarrolla esa cuestión:

http://www.religionycultura.org/2010/253-254/RyC253-254_6.pdf

Para terminar, quiero señalar que mi conferencia se mantuvo en todo momento en un plano puramente fenomenológico, sin mencionar cuestiones relacionadas con la trascendencia. En este contexto, añadiré que ese punto crítico que separó al hombre de los animales se adapta perfectamente al momento en que Dios comenzó a infundir el alma a los seres humanos, empleando la terminología clásica.

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