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El Salario Mínimo feroz y caperucita Merkel

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Eliminar el salario básico no va a solucionar el problema del paro

La crisis actual está pasando factura en especial a las economías europeas. El aumento de la tasa de paro es una de las realidades económicas y sociales en las que se traduce este grave retroceso. Como se puede apreciar en el gráfico 1, la evolución de las tasas de paro desde que comenzó la crisis ha sido creciente para la mayoría de países europeos. No obstante este comportamiento ha sido dispar y especialmente duro en España, donde ha pasado de su tasa más baja, un 8,42%, en el tercer trimestre del año 2005 a su tasa más alta 27,16% en siete años y medio. Más del triple.

Si bien un aumento del paro comporta de por si unas graves consecuencias sociales, que además lo haya hecho en tan poco tiempo, lo hace todavía más doloroso. Aumentos promedio de 2,5 puntos anuales son insostenibles hasta para las primeras y más importantes instituciones sociales que sostienen estas mermas de renta de la población: las familias. La Encuesta de Población Activa estimaba en abril que 1.906.100 de hogares tienen a todos sus miembros desempleados.

(Ver Gráfico 1 Fuente: datosmacro.com)

Porqué la crisis implica aumentos en la tasa de paro es evidente, pero  lo que no está tan claro es porqué el comportamiento de la tasa de paro entre países es tan dispar, y en concreto, porqué en España ha aumentado de forma tan escandalosa. Muchos argumentos se han barajado y existe cierto consenso en que el modelo de crecimiento basado en el ladrillo tiene una gran responsabilidad.

Desde un punto de vista científico, para explicar este fenómeno, los economistas tratamos de construir modelos que reflejen el comportamiento de la economía y buscamos dar explicaciones mediante simulaciones y calibraciones.  A pesar de todo este trabajo científico no exento de grandes discusiones debido a las grandes implicaciones económicas y sociales que comporta el problema a analizar, hay quien suele tirar por el camino de en medio y anunciar a bombo y platillo verdades más ideológicas que científicas.  

La Canciller Angela Merkel, en su última visita a España el 25 de abril,  resolvió de forma preclara toda esta discusión y nos vino a iluminar. ¿Cómo no lo habíamos visto antes? En España, las altas tasas de paro diferenciales con Alemania se deben a la existencia de un Salario Mínimo Interprofesional.  Quitémoslo y resolveremos el asunto, implantando los minijobs.
Recientemente, el Banco de España se ha sumado con declaraciones en la misma línea. Parece que rebajar el Salario Mínimo Interprofesional se está convirtiendo en el bálsamo de fierabrás capaz de curar todos los males de la crisis sobre el mercado laboral.

La idea es simple: en un mercado bajo competencia perfecta en el que el bien que se intercambia es la mano de obra, la oferta y demanda confluyen ajustando un salario de equilibrio que maximiza el número de intercambios eficientes.  Si en este marco legislamos un salario mínimo superior al salario de equilibrio, dará lugar a un exceso de oferta que denominamos desempleo. Cuanto mayor es el salario mínimo, mayor será el desempleo inducido en equilibrio.

(Ver Gráfico 2 Equilibrio en el mercado de trabajo).
 
Como idea podríamos decir que es hasta elegante, salvo por un pequeño detalle…es rotundamente falsa porque es de aplicabilidad muy limitada.  Este análisis sería adecuado si el mercado laboral funcionara, entre otras cosas, como un mercado único, con homogeneidad, centralizado bajo competencia perfecta, con información perfecta tanto sobre las vacantes como sobre la productividad de los trabajadores, con predicción perfecta  sobre la productividad ex post y carácter exógeno de los parámetros de productividad individual del trabajador. Casi nada. En cambio, la realidad es muy diferente. Observamos dualidad, heterogeneidad, negociaciones descentralizadas con información incompleta y asimétrica, con problemas de riesgo moral y dificultades no sólo para predecir la productividad de un trabajador sino incluso para evaluarla de forma directa.

Explicar no sólo el mercado laboral con este simple instrumental sino además pretender desarrollar políticas económicas es cuanto menos ridículo y temerario.  Nos puede ser útil para entender algunos leves aspectos pero en absoluto para analizar la profundidad de un problema económico y social de tal calado. Resulta tan absurdo como concluir que es necesario poner bozal a todos los lobos para evitar que sus engañosas palabras puedan desviar a las cándidas caperucitas. El cuento de  Charles Perrault era útil porque enseñaba a no fiarse de extraños; recomendaciones sobre qué hacer con los lobos son ridículas.

Tomando las palabras de Ángela Merkel y el modelo expuesto como hipótesis de partida, uno se esperaría encontrar una relación claramente positiva entre el Salario Mínimo y las tasas de Paro. No obstante, si tomamos los datos de las economías europeas y los representamos en la gráfica 3 no podemos más que rechazar tal hipótesis.
 
(Ver Gráfico 3 Elaboración propia. Datos Eurostat).

A la luz de este gráfico, no sólo es difícil defender que una reducción o eliminación del SMI pueda inequívocamente y de forma sostenible reducir la tasa de paro, sino que resulta harto complicado explicar a cualquier español que con sólo cruzar la frontera francesa la tasa de paro se reduce a la mitad disponiendo de un salario mínimo interprofesional el doble que el español.

Tal vez, como he expuesto, el mercado laboral es demasiado complejo para el instrumento con el que se pretende analizar. Un análisis más refinado con modelos que incluyan las características mencionadas nos ayudaría a detectar aquellos factores que justifican esas diferencias.  En la economía española hay problemas de fondo como, entre otros, la dualidad del mercado laboral (contratos muy protegidos frente a contratos temporales muy precarios),  la fiscalidad agresiva entorno a la creación de puestos de trabajo, la concentración de poder de negociación en grandes oligopolios protegidos desde el ámbito político, la restricción del crédito a PyMes, que no pueden obviarse tras el telón de fondo del Salario Mínimo Interprofesional.  Señalar al Salario Mínimo Interprofesional como culpable obedece más a una razón ideológica de desprotección del trabajador que a una razón científica. Tales justificaciones son escenarios de cartón piedra que buscan la apariencia de cientificidad para esconder razones ideológicas.

Pero a su vez, entraña un  grave riesgo. El de quedarnos en esa pantomima y no profundizar en la raíz del problema del desempleo para dar una solución consistente y sostenible.  Mientras la canciller Merkel y el señor Linde del Banco de España sigan apuntando al Salario Mínimo Interprofesional, seguiremos en la absurda tesitura de preparar bozales para acallar lobos desalmados ansiosos de caperucitas rojas.

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