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“Homoparentalidad”: La pista de las células madre

© Mirko Sobotta
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La reivindicación de una “paternidad homosexual” podría lleva a la utilización de células madre adultas para permitir la reproducción biológica entre dos hombres o dos mujeres.

Las personas homosexuales no pueden procrear entre ellas, su “relación” es por definición estéril. ¿Cómo quieren los lobbies homosexuales satisfacer el “derecho al hijo” que reivindican para sus miembros? ¿Cómo desean abstraerse de la complementariedad de los sexos y aplicar el “derecho al hijo” desconectándolo de la sexualidad?

LA RESPUESTA a estas cuestiones está básicamente en el recurso a las técnicas de procreación artificial que han multiplicado infinitamente las posibilidades de engendrar. El derecho a la fabricación artificial de hijos es la condición indispensable para hacer efectivo este derecho al hijo.

El término de una construcción 

Con la asistencia médica a la procreación, el hijo ya no es fundamentalmente un don que debe ser acogido sino la realización de un proyecto de construcción voluntarista.  ¿Por qué privar de estos medios para satisfacer ya el proyecto parental de las “parejas” del mismo sexo? Los biólogos y los médicos sólo necesitan ladrillos llamados gametos (o células sexuales) para fabricar al hijo programado.

Así como la donación de esperma es el soporte técnico suficiente para realizar el proyecto parental de dos mujeres, el recurso al óvulo y la localización de una madre de alquiler permiten concretar el deseo de un hijo de dos hombres. Los sectores que utilizan estos procedimientos están perfectamente organizados y tienen un futuro prometedor porque la ley Taubira permite ahora a las parejas casadas del mismo sexo adoptar un hijo concebido fuera de Francia.

Un solo “homopadre”

Sin embargo, el hijo surgido de esta ingeniería procreativa sólo está emparentado genéticamente con uno de los dos “homopadres”: en una “pareja” de lesbianas, será la mujer la que se hará inseminar o implementar el óvulo que es fecundado in vitro con un espermatozoide procedente de un tercer donante, y en una “pareja” de gays, el hombre que da su esperma para fecundar el óvulo vendido por una donante y que desemboca en la concepción de un embrión reimplantado en el útero de una madre portadora.
 
O, como anuncian ya algunos expertos, las nuevas tecnologías que utilizan células madre reprogramadas permitirán quizás algún día fabricar en el laboratorio hijos que sean el “fruto biológico” de dos “homopadres”, es decir, que tengan patrimonio hereditario de dos hombres o de dos mujeres con un proyecto “homoparental”.

¿Hijo biológico de dos hombres?

De hecho, la técnica de reprogramación de células adultas en células madre inducidas que le ha valido al profesor japonés Shinya Yamanaka el premio Nóbel de Medicina 2012 permite crear diferentes tipos de células especializadas… entre ellas células sexuales. En otras palabras, es muy posible –en principio-, a partir de una simple célula de piel, fabricar espermatozoides u óvulos a través de las iPS.

Aunque hoy nadie es capaz de decir si el embrión que resultaría podría desarrollarse de manera normal, algunos están considerando derivar espermatozoides a partir de una mujer para fecundar el óvulo de su “pareja” y óvulos a partir de un hombre para que sea fecundado por el esperma de su “pareja”.

Un equipo de científicos ha logrado así que un ratón naciera a partir de dos machos. Consciente de esta deriva, Japón, que es líder en la escena internacional en materia de células madre reprogramadas, ha expresado por otra parte su oposición a este tipo de aplicación en la especie humana por los considerables problemas éticos que entraña.

Dinamitar el orden biológico 

Para los lobbies homosexuales y los promotores de la ideología de género que hacen causa común para disociar cuerpo sexuado, procreación y orientación sexual, la tecnología de las células madre reprogramadas sería la oportunidad perfecta de dinamitar el “orden biológico” en el que se basa el modelo procreador clásico y de que la filiación superara toda referencia a la alteridad sexual.

Sirviéndose de la artimaña de las células iPS –que conduciría a desviar el objeto mismo de esta invención científica, que es la de curar enfermos evitando recurrir a la investigación con embriones-, la reproducción humana se convertiría en algo asexuado.  Dos mujeres o dos hombres podrían “reproducirse” genéticamente.

Fabricar artificialmente un hijo a partir de dos adultos del mismo sexo vía las iPS sólo sería finalmente el resultado lógico del proyecto constructivista del movimiento “homosexual” y de los teóricos de género cuyo objetivo último es desexualizar radicalmente la filiación e inventar una humanidad nueva liberada de “sus condicionamientos biológicos (Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, 31 de mayo de 2004).

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