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Papa Francisco: el triunfalismo no es bueno para la Iglesia

© Jeffrey Bruno ALETEIA
El Papa Francisco
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Hay que vencer la tentación de un cristianismo sin Cruz

El triunfalismo frena a la Iglesia: es la tentación del cristianismo sin Cruz, la Iglesia tiene que ser humilde. Es lo que ha afirmado el Papa esta mañana en la Misa en Santa Marta. Estaban presentes algunos dependientes de la Gobernación.
 
“El Evangelio del día nos cuenta que Jesús iba con los discípulos hacia Jerusalén, y anuncia su Pasión, muerte y resurrección. Es el camino de la fe. Los discípulos –explica el Papa en la homilía- piensan en otro proyecto, piensan en hacer solo la mitad del camino, que es mejor detenerse” y “discutían entre ellos como organizar la Iglesia, como organizar la salvación”. Así, Juan y Santiago le piden que los siente, en su gloria, uno a su derecha y el otro a su izquierda, suscitando una discusión entre los demás sobre quién era el más importante en la Iglesia. “La tentación de los discípulos –destaca el Papa- es la misma que Jesús en el desierto, cuando el diablo fue a proponerle otro camino”: “Haz todo con celeridad, haz un milagro, algo que todos vean. Vamos al templo y haz de paracaidista sin paracaídas, así todos verán el milagro y la redención se habrá cumplido”. Es la misma tentación de Pedro, cuando en un primer momento no acepta la pasión de Jesús. “Es la tentación de un cristianismo sin Cruz, un cristianismo a mitad del camino”. Hay otra tentación, “un cristianismo con la Cruz, sin Jesús”, de la que –afirmó- hablaré en otro momento. Pero la “tentación del cristianismo sin Cruz”, de ser “cristianos a mitad camino, un Iglesia a mitad de camino”, que no quiere llegar a donde el Padre quiere, “es la tentación del triunfalismo. Nosotros queremos el triunfo ahora, sin subir a la Cruz, un triunfo mundano, un triunfo razonable”.
 
“El triunfalismo en la Iglesia, frena a la Iglesia. El triunfalismo en los cristianos, frena a los cristianos. Es una Iglesia triunfalista, es una Iglesia a mitad de camino, una Iglesia que es feliz así, bien organizada –¡bien organizada!- con todas sus oficinas, todo perfecto, todo bello ¿eh? Todo eficiente. Pero una Iglesia que reniega de los mártires no sabe que los mártires son necesarios en la Iglesia para el camino de la Cruz. Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los éxitos, que no se sabe aquel método de Jesús: el método del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y esta es una tentación que tenemos todos”.
 
El Papa recordó un momento especial de su vida:
“Recuerdo una vez, estaba en un momento de oscuridad en mi vida espiritual y pedía una gracia al Señor. Después fui a hacer unos ejercicios espirituales a una religiosas donde el último día se confiesan. Vino a confesarse una monjita anciana, de más de 80 años, pero con los ojos claros, muy luminosos, era una mujer de Dios. Al final la vi tan de Dios que le dije: “Hermana, como penitencia, rece por mí, porque necesito una gracia ¿eh? Si usted se la pide al Señor, me la dará seguro”. Ella se detuvo un momento, como si rezase, y me dijo: “Seguro que el Señor e dará esta gracia pero, no se equivoque, a su modo divino”.
Esto me hizo mucho bien. Escuchar que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su modo divino. Y el modo divino es así hasta el final. El modo divino implica la Cruz, no por masoquismo: no, ¡no! Por amor. Por amor hasta el final”.
 
El Papa concluyó con una oración: “Pidamos al Señor la gracia de no ser una Iglesia a mitad de camino, una Iglesia triunfalista, de grandes éxitos, sino ser una Iglesia humilde, que camina con decisión, como Jesús. Adelante, adelante, adelante. Con el corazón abierto a la voluntad del Padre, como Jesús. Pidamos esta gracia”.
 
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