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¿Qué expectativas tiene el independentismo catalán?

Patricia Navas
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El objetivo de la actual legislatura, llevar a cabo una consulta soberanista, está en alta mar y en aguas turbulentas

El independentismo catalán empieza a encontrar problemas y no aumenta, si nos fiamos de las encuestas. Al socaire de la multitudinaria manifestación del pasado 11 de septiembre, Diada Nacional de Cataluña, se ha construido un discurso independentista por parte del partido gobernante, Convergència i Unió, con el apoyo de Esquerra Republicana (ERC) que todos los días está presente en los medios de comunicación.
 
La última encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) puso de relieve que el independentismo catalán es apoyado por un 33,7% de los catalanes, y que el 29,4% apoya la actual autonomía. Cayó como un jarro de agua fría: es un revés para una legislatura estrenada hace cinco meses, en la que el principal objetivo es llevar a cabo una consulta soberanista sobre el derecho a decidir de los catalanes. Los objetivos siguientes son crear una agencia tributaria propia y un banco público catalán, según figura en los acuerdos para la gobernabilidad de Cataluña firmados entre CiU y ERC.
 
El primer punto, la consulta soberanista, está en alta mar y en aguas turbulentas. Esta consulta  en principio debería celebrarse el año próximo 2014, en que se cumple el tercer centenario de la Guerra de Sucesión (1714) al trono de España, en la cual la dinastía francesa borbónica ganó a la dinastía austríaca de los Habsburgo y el 11 de septiembre claudicó Barcelona. Felipe V de Borbón impuso un centralismo parecido al francés en su época. Cataluña desde entonces ha buscado su encaje dentro de España para recuperar su autonomía, y ha anidado el nacionalismo.
 
La propuesta de consulta a realizar entre los catalanes es sobre si tienen o no derecho a decidir su futuro,  pues no se plantea directamente la independencia. Aquí las opiniones de los partidos políticos son ampliamente mayoritarias, porque se ha apuntado al carro el partido socialista catalán (PSC), aunque se declara contrario a la independencia. Sin embargo, la alcaldesa de la segunda ciudad de Cataluña, L’Hospitalet de Llobregat (300.000 habitantes), Nuria Marín, reconoció ante de la plana mayor del socialismo catalán que esta consulta cada vez más se asemeja a una consulta sobre el independentismo, y criticó que el gobierno catalán marque la prioridad soberanista por encima del empleo y la crisis económica. La consulta soberanista debe ser aprobada por el Gobierno y el Congreso de los Diputados, cosa que parece hoy casi imposible.
 
¿Qué salida tiene Artur Mas? El encaje de una Cataluña independiente dentro de Europa tampoco tiene futuro, pues ya le han dicho hoy por hoy es muy difícil. Ahora Mas ha declarado que si no hay consulta se pueden hacer unas elecciones plebiscitarias. Sin embargo, la actual composición del Parlamento de Catalunya no es mayoritariamente independentista, a pesar de lo que digan los partidarios del independentismo. Lo demostramos. El Parlamento tiene 135 diputados, distribuidos de la siguiente manera: 50 CiU, 21 ERC, 20 PSC, 19 PP, 13 IC-V, 9 Ciutadans y 3 CUP. Si se tiene en cuenta que dentro de CiU los diputados de Unió Democràtica que son 13 no son independentistas en su mayoría, los diputados independentistas suman  66 (37 de CDC, 21 de ERC, 2 de IC-V, 3 de Unió y 3 de CUP, grupo que pide la independencia de los Països Catalans). Son contrarios al independentismo 69: 20 del PSC, 19 del PP, 11 de IC-V, 9 de Ciutadans y 10 de Unió Democràtica. Es decir, 69 no independentistas y 66 independentistas. Pero aunque fuera al revés: ¿podría declararse una independencia con tan poco margen?
 
El compromiso electoral de Artur Mas es llevar a cabo la consulta sobre el derecho a decidir en 2014 o aplazarla. Los actos independentistas se suceden a lo largo de la geografía catalana con resonancia mediática especialmente en los medios públicos catalanes, de radio y TV, y en determinados medios de prensa afines. Pasados seis meses de las elecciones catalanas, una parte de la población empieza a estar cansada de las campañas por el derecho a decidir y el excesivo protagonismo que da el gobierno al tema soberanista e independentista, mientras la crisis económica hace estragos.

Y es más. La encuesta que publicó el diario El País el día 18 de mayo afirma que en unas elecciones generales, CiU perdería 6 de los 16 diputados que tiene ahora en el Congreso y se quedaría en 10 (una caída de un 38 por ciento), mientras que Esquerra Republicana ganaría 6 sobre los 3 que tiene ahora y pasaría a 9. Es decir, que la política de Artur Mas empieza a alarmar a las filas convergentes más conservadoras que ven que CiU puede perder la centralidad que ha ocupado en Cataluña durante un tercio de siglo, y pasarla a un partido como ERC que apoya en todo momento al vasco Bildu, asistiendo a sus fiestas y coreando sus eslóganes.  Lo mismo pasaría en unas elecciones autonómicas, en que CiU –que perdió 12 diputados en las pasadas elecciones—podría quedar emparejada con Esquerra Republicana, porque no aumenta el independentismo, sino que hay un trasvase de votos de CiU a ERC.

La opinión de los obispos de Catalunya

A lo largo de estos meses se han celebrado conferencias, mesas redondas y opiniones de teólogos y expertos en Doctrina Social de la Iglesia para hablar de lo que la Iglesia dice al respeto en el tema de la autodeterminación de los pueblos o de su independencia. La coincidencia general, aunque con matices diversos, es que los pueblos tienen derecho a autodeterminarse, como también lo establece la ONU, pero en el caso de la doctrina católica exige los requisitos del respeto mutuo, de la ausencia de violencia, de tomar las vías del diálogo entre todas las partes, fomentar la solidaridad entre los pueblos y actuar según justicia y veracidad.

La Conferencia Episcopal Tarraconense, que agrupa a los obispos con sede en Cataluña, hizo público un documento el pasado mes de octubre en el que recoge la doctrina sobre “la forma política concreta en la que el pueblo de Catalunya debe articularse y cómo se quiere articular con los demás pueblos de España, en el contexto europeo actual” y afirman que “no nos corresponde” a los obispos “optar por una determinada propuesta, pero defendemos la legitimidad moral de todas las opciones políticas que se basen en el respeto a la dignidad  inalienable de las personas y de los pueblos y que busquen con paciencia la paz y la justicia”. Apuestan por el diálogo para conseguir soluciones “justas y estables”. “El futuro de la sociedad catalana está íntimamente vinculado a su capacidad para integrar la diversidad que la configura”, termina el documento. No caben por tanto imposiciones ni “coacciones”, y se deben respetar las minorías de modo que haya una auténtica libertad entre los ciudadanos. Los obispos de Catalunya ya expresaron estos criterios en otro documento titulado “Al servicio de nuestro pueblo” del año anterior, el 2011. Los obispos catalanes aceptarán lo que libremente elija el pueblo, han declarado.

Los obispo de Catalunya en realidad desarrollan lo que establece el Concilio Vaticano II, en su Constitución Pastoral “Gaudium et Spes” (n. 75) que señala que “los ciudadanos fomenten fiel y generosamente el patriotismo, pero sin estrecheces mentales, es decir que tengan su espíritu orientado hacia el bien de la entera familia humana, que está unida entre sí, unida entre razas, pueblos y naciones, con variadísimos vínculos”.

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