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En el aburrimiento no está el Espíritu Santo: clave para tender puentes

© HECTOR GUERRERO / AFP
Hay que crear puentes con la cultura postmoderna
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Una reflexión sobre el Atrio de los Gentiles de México

En días pasados se llevó a cabo el segundo encuentro fe y cultura organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano. En esta ocasión contó con la participación del Cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontifico Consejo para la Cultura. Un hombre sabio y sencillo.
 
El Atrio de los Gentiles fue creado por iniciativa de Benedicto XVI, con el fin de motivar el diálogo entre creyentes y no creyentes, para buscar honestamente la verdad. La estética de la iniciativa me fascina. En el antiguo templo de Jerusalén existía un patio especial para quienes, no siendo judíos, quisieran acercarse a Dios; pero en su extremo existía una piedra que marcaba el límite más allá del cual se perdería la vida. Cristo, explica san Pablo, al resucitar rompió esta piedra uniendo a la humanidad en un solo pueblo. Sin embargo, nos dice la historia, nuestra necia condición humana con frecuencia, en lugar de tender puentes construye muros. 

El mismo día del encuentro en México, el Papa Francisco señalaba en su homilía mañanera que “el cristiano que quiera celebrar el Evangelio debe dialogar con todos”, porque la verdad no es una posesión, sino un encuentro. Y agregó, “los cristianos que tienen miedo de hacer puentes y prefieren construir muros…no están seguros de su fe, no están seguros de Jesucristo”. Es decir, el Atrio de los Gentiles es iniciativa de la Iglesia porque de otra manera no podría llamarse Católica.
 
El tema propuesto en esta ocasión fue “laicidad y trascendencia en México”. Mejor imposible pues indica uno de nuestros graves atascos culturales. Reconozcamos que, en la materia, nos hemos movido entre la intolerancia, la exclusión y la indiferencia. Participaron el Cardenal Ravasi, Mario Ángel Flores (rector UPM), Carlos Ornelas (UAM), Guillermo Hurtado (UNAM), Eduardo González di Piero (UMSNH), Virginia Aspe (UP), Julio Hubard (poeta), Rodrigo Guerra (CISAV) y un servidor.
           
El encuentro, por demás interesante y franco, se centró en las condiciones necesarias para emprender el diálogo y solucionar este gran pendiente que lastra nuestra convivencia. En otras palabras, en identificar los materiales necesarios para construir los puentes. Cinco ideas, entre muchas, llamaron mi atención.
 
1.- El punto de partida debe ser el respeto a la identidad del otro pues sólo así se puede encontrar lo común dentro de la diferencia, sin exigir a nadie claudicar de aquello que le constituye como persona.
 
2.- La necesidad de abrirnos al pensamiento analógico como vehículo de comunicación para que, por ejemplo, cuando hablemos de libertad, justicia o caridad podamos identificar el sustrato común de lo que pretendemos, sin negar las diferencias en lo expresado, para avanzar al encuentro y la colaboración.
 
3.- Es necesario renunciar al discurso maximalista que no sólo reivindica la propia posición como la única cierta, sino que exige el aniquilamiento del otro.
 
4.- Todos somos capaces de la verdad y ésta existe con independencia de quién la pronuncie. Así, el encuentro entre religión y cultura, entre fe y razón, no sólo es deseable, es necesario.
 
5.- La belleza, por manifestar la verdad de nuestra humanidad, deja espacio a la expresión de la razón y del Espíritu Santo, por lo que es condición necesaria para el encuentro.  
 
Por mi parte, quiero proponer como infaltable en la construcción de estos puentes el buen humor. En el aburrimiento no sobrevive la razón, ni habita el Espíritu Santo.
 

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