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¿Cómo ve la Iglesia católica el islam europeo?

AFP PHOTO / LOUAI BESHARA
El patriarca maronita Beshara Rai es recibido por un musulmán sunita Sheikh desde las oficinas de Siria Gand Mufti Ahmed Hassun a su llegada a la iglesia de la Santa Cruz de Damasco para asistir a la entronización del griego ortodoxo líder Yuhanna X Yazigi de Siria, durante la primera visita de un patriarca maronita desde la independencia de Siria en 1943, el 10 de febrero de 2013.
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Obispos y delegados para las relaciones con los musulmanes en Europa intercambian experiencias en Londres

La Iglesia católica se acerca con una confianza sanamente crítica a los musulmanes que viven en Europa, 44 millones en el año 2010 según Amnistía Internacional, incluyendo los de Turquía. “Confianza porque se considera que hay posibilidades para un diálogo juntos, pero también confianza crítica porque se constata a la vez que  existe un gran abanico de perfiles diversos respecto a los que hay que hacer propuestas firmes”, explica Andrea Pacini, coordinador de la red de obispos y delegados para las relaciones con los musulmanes en Europa, que ha celebrado su tercer encuentro en Londres del 1 al 3 de mayo.
 
La presencia de personas de fe islámica en Europa varía mucho según los países. En España, por ejemplo, representan el 2,3%, mientras que en Bélgica son el 6%, en Reino Unido el 4,6% y en Francia ascienden al 7,5%. La Iglesia les propone dos cosas, destaca Pacini en una entrevista a la agencia SIR: acogida (estableciendo relaciones fraternas para que las religiones juntas puedan contribuir al bien común) y la propuesta de distanciarse de toda forma de violencia, de toda interpretación contraria al respeto a la dignidad humana.
 
Pacini se refirió a algunos “valores a acoger pero también a exportar a los países musulmanes”, y citó en concreto la igualdad entre hombre y mujer y la libertad de religión para todos y la distinción entre esfera política y religiosa.
 
El encuentro de Londres centró su atención en la educación y en los jóvenes. Los asistentes – delegados de 20 conferencias episcopales acompañados por el presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal Jean-Louis Tauran, y diversos expertos- constataron la necesidad de que las personas y comunidades estén arraigadas en su fe, desde una perspectiva dialogante. Sólo así puede desarrollarse un diálogo interreligioso, señalaron.
 
Pacini diferenció tres perfiles de jóvenes musulmanes, hijos nacidos y crecidos en Europa de padres islámicos: los que viven su fe musulmana sin expresarla públicamente (la mayoría), los que quieren integrar su ciudadanía europea con una pertenencia religiosa que se expresa en el ámbito público, y finalmente los que construyen su identidad de manera antagónica a Europa con expresiones y formas de islam fundamentalistas y radicales (una minoría).
 
El desafío de la web
 
Una de las expertas que intervino en el encuentro, Brigitte Maréchal del instituto de investigación sobre religiones de la Universidad católica de Lovaina, destacó que para ellos el punto de referencia ya no es la mezquita, sino internet, con los predicadores presentes en la red.
 
Para ella, “la verdadera gran cuestión es la falta de educación en el uso de las redes sociales y para una lectura crítica e interpretativa de lo que se encuentra en la red”. Maréchal destacó la necesidad de formar un nuevo liderazgo, compuesto por “imanes-educadores” capaces de educar a los jóvenes musulmanes no sólo en la lengua árabe o el Corán, sino para que interpreten el islam en relación al contexto europeo, democrático y plural.
 
Respecto a los jóvenes cristianos, los expertos constataron una cierta fragilidad sobre todo en los países del norte de Europa. El experto en islam Christophe Roucou se refirió, por ejemplo, a casos de jóvenes católicos de barrios populares de grandes ciudades francesas que se hacen musulmanes.
 
En este sentido, el cardenal Tauran destacó que “la gran crisis europea de la que se habla tanto hoy es sobre todo una crisis de cultura, o mejor, una crisis de la transmisión cultural” y advirtió que “para entrar en diálogo primero hay que saber quién soy y en qué creo”.
 
Identidad, alteridad y pluralismo

“No se puede dialogar sobre la ambigüedad”, dijo, y añadió que el diálogo interreligioso primero requiere una amistad para que el otro se sienta acogido, escuchado y comprendido.

El cardenal Tauran advirtió que el diálogo interreligioso no debe convertirse en un producto de consumo de uso interno de las comunidades, sino ser un don de convivencia posible y de pacificación en las diversas sociedades europeas.

En su opinión, emergen tres desafíos: el de la identidad (profundizar en la propia fe), el de la alteridad (ver al otro no como un enemigo sino como un compañero en el camino de fe hacia la verdad) y el del pluralismo (aceptar que Dios actúa en cada uno).

Los representantes de las relaciones de la Iglesia católica con los musulmanes en Europa coincidieron en destacar que hay que evangelizar para dialogar, y sólo en la medida en que se logre una evangelización significativa entre los jóvenes europeos, de matriz católica, se podrá promover en el futuro el diálogo de la vida, el diálogo espiritual. 

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