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¿Qué será de los Estados tras la crisis? (Primera parte)

© John THYS / AFP
La canciller Merkel habló de la cesión de soberanía de los Estados a la Unión Europea
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Soberanía y absorción: ¿la solución es que Europa controle más?

En el 2011, España, al igual que otros países de la periferia de la zona Euro, llevaba un año soportando el ataque especulativo y orientado de los mercados ante la debilidad de su deuda soberana. A pesar de tener un porcentaje de deuda pública respecto del PIB muy inferior a la media Europea, (de hecho España era de los pocos países que cumplía el criterio de Maastricht de un máximo del 60% del PIB), se dibujaba un futuro oscuro en la devolución de la deuda tras la crisis del ladrillo y las amenazas de quiebra de Grecia.
 
En agosto de ese año con “estivalidad” y alevosía, el por entonces presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, presentó una reforma constitucional exprés de la Constitución Española. La reforma introdujo la prioridad absoluta del pago de la deuda y los intereses en favor de la estabilidad presupuestaria. Pero además, tal como reza el apartado 2 del modificado artículo 135:
El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros”
se otorgaba la potestad de establecer el margen de actuación a la Unión Europea. Esta frase es de una importancia extrema puesto que deja abierta una brecha por la que se cede soberanía nacional desde el Estado hacia Europa.
 
Hoy, cuando la tasa de paro de España alcanza el 27.2% y la crisis social es palpable, uno se pregunta no sólo cuándo saldremos de la crisis sino cómo seremos cuando salgamos de la crisis y si tendremos capacidad de decisión sobre la forma ya que poco a poco nuestros márgenes de decisión como país se van reduciendo.
 
Antes, cuando un país quería salir de una crisis de forma rápida, procedía a la terapia de shock de devaluar su moneda para ser más competitivo en el exterior. La crisis de Argentina a finales del 2001 inicios del 2002, se saldó con una devaluación que rompió con los diez años de paridad con el dólar. En el 2003 reemprendió una senda de recuperación con una tasa de crecimiento del PIB real del 8,7%.
 
Hoy, los países sujetos a la disciplina del Euro no disponen del instrumento cambiario ni monetario. Es el Banco Central Europeo el que determina el tipo de interés. El único margen de actuación reservado era la política fiscal y digo era porque a tenor de la reforma constitucional queda claro que ya no es un terreno vedado.
 
Ante este panorama se suscitan varias preguntas: ¿Dónde queda la soberanía nacional que establece la Constitución Española en su artículo 1.2? Y más aún, si la dirección de los cambios políticos y económicos va en esta línea, ¿cuál será el futuro de los Estados y de la soberanía nacional tal como la conocemos ahora?
 
La soberanía se define como la cualidad de quien ejerce o posee la autoridad suprema e independiente. En la historia de Europa, la soberanía de los Estados tuvo un punto de inflexión muy importante tras la guerra de los treinta años, con la Paz de Westfalia de 1648 que consagraba el principio de no injerencia territorial como garante de la soberanía nacional de los Estados. Así se inició el orden político en Europa central basado en el concepto de soberanía nacional y se fueron consolidando los Estados actuales.
 
Hoy nos preguntamos si el desarrollo de la soberanía nacional y el sistema de relaciones internacionales a partir de esta Paz de Westfalia podrán seguir vigentes cuatro siglos después. Evidentemente las cosas han cambiado y mucho. Los marcos institucionales de ámbito nacional hoy flaquean gravemente. El territorio como límite de la soberanía sirvió en tanto que la movilidad del capital y del trabajo quedaban sujetos a estas fronteras, pero a finales del siglo XX, con el ritmo de globalización que nos lleva a la mundialización, lo económico ha desbordado a lo territorial.
Tal como destacaba Scholte[1], la globalización actual plantea la reconsideración del mismo Estado ante la evidente pérdida del concepto tradicional de soberanía. En el orden económico, el incremento de relaciones comerciales y financieras transnacionales y la necesidad de un sistema de garantías que generaran estabilidad mundial justificaron ya en su día la creación de instituciones económicas mundiales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Además, la proliferación de empresas transnacionales que se escabullen del control del Estado buscando fiscalidad más ventajosa o mercados laborales menos rígidos pone en jaque la independencia de los Estados, entre otras, en materia de política fiscal y de regulación laboral. Es curioso e inédito en la Historia que los movimientos de capital, los ataques especulativos, las multinacionales y la deslocalización ponen constantemente en jaque a los gobiernos nacionales sin ni si quiera usar armas.
Recordemos que la construcción de la Unión Europea partió de la necesidad de alcanzar economías de escala superiores al tamaño de los Estados tras la segunda guerra mundial y de paso controlar las ansias seculares y repetidas del establecimiento de imperios. Pero esa misma interdependencia de los Estados Europeos que se estimaba como oportunidad de prosperidad se ha tornado en amenaza cuando, a partir del 2007, ha servido de cauce de transmisión de la sucesión de las crisis, comenzando por la subprime y acabando por la de la deuda soberana. La globalización también globaliza las crisis no sólo el comercio, recordemos que la crisis de Argentina vino precedida dos años antes por la crisis de Brasil.
 
Por eso durante estos años, ante el temor de la transmisión de la crisis en la zona Euro, la canciller Ángela Merkel ha hecho una intensa gira por los parlamentos de media Europa entonando su hit parade “Dale a tu cuerpo austeridad, Macarena”. Y, es por lo mismo que, recientemente ante el miedo de que Alemania entre de nuevo en recesión por la caída de la demanda en Europa, Christine Largarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, entona la flexibilidad en los ajustes fiscales al ritmo de “…y un pasito p’atrás”
 
Todo esto hace presagiar un movimiento de absorción de los Estados por grandes Supraestados de tamaño Orweliano desdibujándose las fronteras y cediendo soberanía nacional hacia instituciones supranacionales. Escenario que no tardará muchas décadas en llegar. Cada futura crisis, por pequeña que sea, operará como sacudida en arenas movedizas que hundirá más a la presa en el lodo de un gran Supraestado.
 
Si bien, en el 2005, Francia y los Países Bajos, en un ejercicio de soberanía nacional, no ratificaron la Constitución Europea; el problema dentro de unos años será que no quede en pie soberanía nacional capaz de negarse al proceso de absorción. De momento, ante el fracaso de una Constitución Europea, y con ocasión de la crisis, se ha abierto un dique cambiando las diferentes Constituciones que irá drenando la soberanía nacional.
Pero el asunto no acaba aquí…
 
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[1] Aart Scholte Jan, “Globalization; a Critical Introduction”, Palgrave Publishers, New. York, 2000
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