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Tragedia en Bangladesh: El precio de la esclavitud laboral

MUNIR UZ ZAMAN / AFP
Búsqueda de aupervivientes entre los escombros de la fabrica extil en Bangladesh
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Grandes marcas europeas venden ropa producida en talleres del tercer mundo donde trabajan personas en condiciones infrahumanas

Más de 300 muertos y cientos de desaparecidos es la consecuencia del derrumbamiento de un edificio de ocho plantas en la afueras de Dacca, en Bangladesh. Un golpe terrible para la precaria industria de Bangladesh, cuyos productos llegarán luego a precios muy baratos a los mercados europeos y americanos.
 
Varias empresas ya han admitido que en ese edificio en Bangladesh se cosían muchas de sus prendas: la española El Corte Inglés, la británica Primark, la canadiense Loblaw y la danesa Group PWT. C&A, Kik y Wal-Mart, son algunas de las firmas internacionales de las que se han encontrado etiquetas entre los escombros. No se trata del primer incidente, pues solo hace cinco meses fallecían un centenar de empleados en un taller bangladeshí.
 
Muchas ONGs e instituciones sociales han comenzado a denunciar las condiciones laborales de estos mercados textiles en Bangladesh y han comenzado a mostrar algunas de las infrahumanas condiciones en las que los costureros y costureras trabajan.
 
El Papa Francisco mostraba su cercanía este domingo, en su Regina Coeli: "En este momento deseo elevar una oración por las numerosas víctimas causadas por el trágico derrumbe en una fábrica de Bangladesh", afirmó al final del rezo, en el que hizo un llamamiento por la seguridad de los trabajadores: "Expreso mi solidaridad y profunda cercanía a las familias que lloran a sus seres queridos y dirijo desde lo profundo del corazón un fuerte llamado para que sea siempre protegida la dignidad y la seguridad del trabajador".
 
La esclavitud hoy. Un problema de nuestros días
 
No es la primera vez que se realiza un llamamiento desde la comunidad católica para la defensa de los derechos de los trabajadores y para alertar de las diversas esclavitudes que se dan en el mundo. Manos Unidas lleva años intentando concienciar de este drama que no es del siglo XIX, sino que nos acompaña en nuestros días.
 
Luis Arancibia, Ángel Bustamente y Araceli Caballero, del área de Educación para el Desarrollo de Manos Unidas ya alertaban en el año 1999 sobre esta problemática: “El proceso de globalización económica, la recolocación industrial de empresas en países con costes y legislaciones laborales más permisivas, la precarización del empleo en todo el mundo, la sobreabundancia de mano de obra motivada por el desempleo de 800 millones de personas… han provocado un aumento de la explotación laboral en muchas zonas del mundo”, afirmaban.
 
Según este informe, son situaciones de verdadera explotación y ponen como ejemplo el caso de “trabajadores inmigrantes que carecen de cualquier documentación y que deben trabajar ilegalmente y en cualquier condición bajo la permanente amenaza de la repatriación”.
 
No hablan de Bangladesh, industria textil que aún no se encontraba en la situación actual de precariedad, pero sí de lugares como Birmania, donde “miles de ilegales birmanos trabajando, durmiendo y viviendo en las grandes obras de Bangkok; o el de los trabajadores nepalíes que trabajan en la India, o, sin ir mucho más lejos, el de algunos inmigrantes que cruzan el estrecho en pateras y son literalmente tratados y vendidos como esclavos”.
 
Respecto a la esclavitud y las malas condiciones en la industria textil, la cual ha propiciado la muerte de 300 personas en este derrumbe en Bangladesh, los expertos ya mostraban cómo la mayoría de las trabajadoras son “mujeres en empresas de mano de obra intensiva, especialmente en el sector textil y calzado, que trabajan en condiciones laborales semejantes a las de la revolución industrial: jornadas laborales reconocidas de 14 horas, sin descanso, con un salario que no es suficiente para pagar el transporte y la comida siquiera”.
 
Y ya alertaban de que la mayoría de estas fábricas textiles finalmente estaban subcontratadas por multinacionales europeas y marcas reconocidas: “Es el caso de muchas fábricas de empresas subcontratadas por transnacionales que están instaladas en algunos países de Extremo Oriente (Vietnam, Camboya, Filipinas) que deben ofrecer unos costes laborales extremadamente bajos para atraer inversión extranjera que, si no, irá a otros países de la zona”.
 
No existe una legislación universal
 
La Declaración de los Derechos Humanos, en sus últimos artículos recoge el derecho al trabajo y a un salario justo, pero en la práctica en los distintos estados no existen legislaciones propias acerca de las condiciones mínimas en materia laboral.
 
ONGs como Manos Unidas explican que “algunas empresas transnacionales han elaborado y comenzado a aplicar códigos de conducta en los que se recogen determinadas normas internas de obligado cumplimiento también para empresas subcontratadas”, pero reconocen que esto no garantiza “una evaluación independiente del cumplimiento de dichos código en cada una de las empresas”.
 
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