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Vía libre a la beatificación de monseñor Oscar Romero

© Jose CABEZAS / AFP

Fieles piden la beatificación de monseñor Romero, asesinado en 1980 en San Salvador

Alvaro Real - publicado el 23/04/13

Un santo que invita a dejar las posiciones cómodas y a atreverse a correr riesgos hasta el martirio

El presidente del Consejo Pontificio para la Familia, arzobispo Vincenzo Paglia anunció, durante los actos conmemorativos del vigésimo aniversario de la muerte del obispo Tonino Bello, presidente de Pax Christi, que “ha quedado desbloqueada la causa de beatificación de monseñor Romero”.

Según explicó Monseñor Paglia, en la entrevista que tuvo con el Papa Francisco el pasado sábado se abordaron los procesos de beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y del obispo Tonino Bello. “Puedo decir de nuevo que estos dos mártires nos ayudan a vivir”, afirmó Vicenzo Paglia durante la misa que ofició el domingo en Molfetta.

Toma impulso así, el proceso de beatificación de Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, que fue asesinado de un disparo en el pecho cuando oficiaba misa en la capilla de un hospital para enfermos de cáncer de San Salvador en marzo de 1980, justo cuando estaba a punto de estallar la guerra civil que se prolongó hasta 1992.

El proceso comenzó en el año 1994 y tras superarse la parte diocesana en 1996 el proceso pasó al vaticano.

Mártir que cuestiona nuestra forma de vida

“Mi impresión es que monseñor Romero es un mártir atípico. Es un santo que no nos deja tranquilos, que cuestiona nuestra forma de vida, que nos invita a dejar las posiciones cómodas y a atrevernos a correr riesgos”, explicaba monseñor Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador a la revista Vida Nueva: “Pero, cuando se da el paso, uno se siente en muy buena compañía, como él se sintió en buena compañía en el Cristo muerto y resucitado: “En él está mi vida y mi muerte”, escribió en su cuaderno de apuntes espirituales, un mes antes de su martirio”.

Según explica su biografía oficial publicada por la oficina de su causa de canonización: “Mons. Romero se convirtió en un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; esto lo llevaba a emprender una actitud de denuncia contra la violencia, y sobre todo a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal”.

“Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo”, explican sus biógrafos, “Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror”.
“Los primeros conflictos de Monseñor Romero surgieron a raíz de las marcadas oposiciones que su pastoral encontraba en los sectores económicamente poderosos del país y unido a ellos, toda la estructura gubernamental que alimentaba esa institucionalidad de la violencia en la sociedad salvadoreña”, destacan.

Fue a raíz de su actitud de denuncia, cuando Mons. Romero comenzó a sufrir una campaña extremadamente agobiante contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, así, durante años fueron publicados en los periódicos más importante, “editoriales, campos pagados, anónimos, etc., donde se insultaba, calumniaba, y más seriamente se amenazaba la integridad física de Mons. Romero. La “Iglesia Perseguida en El Salvador” se convirtió en signo de vida y martirio en el pueblo de Dios”, analiza la página web que promueve su beatificación.

Estas amenazas no sólo quedaron en papel. En febrero de 1980 sufrió un frustrado atentado en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, el cual “hubiera acabado con la vida de Monseñor Romero y de muchos fieles que se encontraban en el recinto de dicha Basílica”.

Meses más tarde, el domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: “en nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, cese la represión”.

Un día más tarde, monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdamez fue asesinado de un certero disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, “exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús”, afirman en su biografía oficial.

La solidaridad de Pablo VI y de Juan Pablo II, junto a la convicción del Papa Francisco

Muchos han sido los reconocimientos del Vaticano y de diversos cardenales durante todo este proceso de beatificación que ahora queda “desbloqueado”.

El cardenal Roger Etchegaray, en la Introducción al libro Oscar Romero: Un obispo entre guerra fría y revolución, mostraba que el arzobispo salvadoreño "fue asesinado por haber denunciado la violencia procedente de cualquiera de las partes" enfrentadas (el Gobierno y la guerrilla). "Lo mataron en una sociedad que se precipitaba confusamente en la guerra civil, porque durante mucho tiempo se había eludido el reclamo por la justicia y al final, tanto una parte como la otra, sólo veían la solución de las armas", explicaba el cardenal de la Iglesia.

Y añade: "Después de haber dedicado toda su vida al servicio de Dios, Romero vino a ser un profeta de justicia y de paz”.
De igual manera se expresaba el diario oficial vaticano L'Osservatore Romano, a propósito del aniversario del fallecimiento de monseñor Romero: "Romero fue víctima de la polarización política, que no dejaba espacio a la caridad y a que ejerciera como pastor. Fue contrario tanto a la violencia del gobierno militar como a la de la guerrilla y vivió como pastor el drama de su rebaño".
En el mismo diario vaticano se decía: "más allá de lo que se dice, (Romero) contó con la solidaridad de dos pontífices (Pablo VI y Juan Pablo II), como lo documenta el diario del mismo Romero”.

Un apoyo que se verá confirmado por el Papa Francisco, que según afirmaba el obispo auxiliar de San Salvador, monseñor Gregorio Rosa Chávez, tras el nombramiento del pontífice, tiene "la convicción" de que Óscar Arnulfo Romero y Galdámez "es un santo": "El cardenal Bergoglio, a quien yo conozco, tiene una admiración especial por Monseñor Romero, una devoción a él y una convicción total de que es un santo y un mártir", afirmó Rosa Chávez en una rueda de prensa tras oficiar la Eucaristía en la catedral de San Salvador.

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